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Santa Claus, Papa Noel, San Nicolás o, simplemente, Santa, es uno de los personajes más queridos en esta época navideña.

La verdadera historia de Santa Claus y la Navidad

El hombre regordete y bonachón que trae regalos a los niños es un personaje indispensable en Navidad. Aquí, diez datos sobre su origen.

MilenioJueves, 7 de Diciembre de 2017

Santa Claus, Papa Noel, San Nicolás o, simplemente, Santa, es uno de los personajes más queridos en esta época navideña. La razón es simple: el hombre de traje rojo y blanco es el encargado de premiar a los niños bien portados con juguetes y regalos que aparecen bajo el árbol en la mañana de Navidad.

Pero, ¿cómo fue que este hombre rechoncho se coló por las chimeneas de todos y cobró fama mundial? Aquí una breve historia en diez puntos.

Los antecedentes de Santa se hallan en el folklor europeo: en Inglaterra, existía el Father Christmas, que vestía de verde y era un hombre afable que disfrutaba de la buena comida y la bebida; en Francia, se habla de Père Noël —que también significa “Padre Navidad”—, y en los países germánicos y nórdicos el dios Wodan, de largas barbas, encabeza la cacería de Yule, la festividad invernal equivalente a la Navidad.

Por otro lado, está San Nicolás de Myra —también llamado San Nicolás de Bari—, un obispo que vivió en los siglos III y IV de la era cristiana y era famoso por su generosidad con los necesitados. Su fama de benefactor era tal que los niños acostumbraban dejar sus zapatos fuera de casa para que el obispo depositara algunas monedas en él. Se le representa vistiendo el color rojo de los obispos y una mitra.

El último antecedente es Sinterklaas, una figura del folclor holandés en la que, se presume, está basada en San Nicolás. De hecho, se cree que el nombre de Santa Claus es una transliteración al inglés de Sinterklaas. Su fiesta empieza el 5 de diciembre y termina al día siguiente, en la fiesta de San Nicolás y, al igual que Santa, es un personaje muy querido por los niños, pues le otorga regalos en premio a su buena conducta.

En algún momento del siglo XVIII, estas tradiciones se fundieron y dieron origen a Santa Claus. Su nombre aparece registrado por primera vez en una gaceta neoyorquina del año 1773. En 1809, el escritor estadunidense Washington Irving lo menciona en su Historia de Nueva York. Y en 1823 el periódico Sentinel publicó el poema “A Visit from St. Nicholas”, posteriormente atribuido a Clement Clarke Moore, que terminó de popularizar a Santa.

Muchos de los atributos actuales de Santa provienen del poema de Clement Clarke Moore: el trineo jalado por ocho renos con nombres propios, la entrada subrepticia por la chimenea, la risa atronadora y el costal repleto de juguetes. No obstante, el poema lo describía como una especie de duende regordete.

Fue Thomas Nast, un caricaturista estadunidense del siglo XIX, quien terminó de definir la imagen actual de Santa, con una serie de ilustraciones que aparecieron en la revista Harper’s Weekly.

En 1931, la empresa Coca-Cola comisionó al ilustrador Haddon Sundblom la creación de una imagen de Santa Claus para su publicidad. Su objetivo era promover la refrescante bebida en los fríos meses del invierno. Sundblom se basó en el poema “A Visit from St. Nicholas” para sus ilustraciones, las cuales definieron, hasta cierto punto, la imagen de Santa que tenemos hoy en día.

A raíz del redescubrimiento de las ilustraciones de Sundblom, surgió la leyenda urbana de que el traje de Santa es blanco y rojo porque estos son los colores de Coca-Cola. La verdad es que mucho antes de que esta marca apareciera, tanto San Nicolás como Sinterklaas se distinguían por usar esos dos colores en su vestimenta.

Otro personaje estrechamente relacionado con Santa es Rodolfo, el reno de la nariz roja que, con la luz que ésta emana, ilumina el camino y salva la noche. Este tierno reno es una creación de Robert L. May y apareció en 1939, en un librito publicado por la tienda departamental Montgomery Ward, y fue inmortalizado por la famosa canción interpretada por Gene Autrey, que salió al mercado en la Navidad de 1949 y se colocó en el número uno de las listas de popularidad.

A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, la presencia de Santa Claus fue cada vez más constante y poderosa: películas, canciones, anuncios publicitarios, capítulos televisivos y libros para niños lo convirtieron en el emblema navideño por excelencia y —es justo decirlo— en una poderosa herramienta mercadotécnica de la época, de modo que hoy podemos encontrar uno en cada plaza, tienda o centro comercial.