- La mayoría de Morena le dio a la coalición opositora una última oportunidad el martes pasado al presentar al pleno las reformas al Instituto Nacional Electoral en modo de Plan A, pero al encontrar la cerrazón entre los legisladores del PRI, el PAN y el Partido de los Chuchos, Morena pasó al Plan B de modificar leyes secundarias y en los hechos prácticamente traducir las reformas consideradas en el Plan A: quitarle el INE no solo a la casta académica de Woldenberg–Córdova, sino aplastar los intereses de la Coparmex y Claudio X. González detrás de la negativa opositora a negociar reformas.
- La lectura estratégica de lo ocurrido en la Cámara de Diputados con las propuestas de reforma a la estructura electoral debe centrarse no en la relación Morena-oposición, sino en el hecho político inocultable de que la alianza opositora representaba los intereses estratégicos de la Coparmex y el Señor X, es decir, que los tres partidos de oposición en la Cámara eran la punta de lanza de los intereses conservadores. En este sentido, lo que parecía ser una iniciativa de reforma integral del aparato electoral se convirtió en una disputa por el poder entre Morena y los intereses de la Coparmex y el Señor X representados por los tres partidos de oposición.
- Las reformas planteadas en el Plan B sí van a modificar la estructura de funcionamiento de los organismos electorales en las elecciones presidenciales del 2024 y se convertirán en una ventaja más a favor de Morena que de la oposición. La estrategia opositora basada en el apotegma #ElINENoSeToca fue mediática y superficial, porque ignoró la capacidad de Morena como primera minoría con votos suficientes para modificar leyes secundarias.
