Tripulación, muy buenos días. Esta semana volamos rumbo a Europa, para realizar un viaje de reconocimiento por uno de los procesos de integración económica más importantes del mundo contemporáneo: la Comunidad Económica Europea, antecedente directo de la actual Unión Europea, la cual en los últimos años logró transformar la cercanía territorial en un mercado común, bajo reglas efectivas de coordinación institucional y una creciente capacidad productiva compartida.
Nuestro itinerario nos lleva al continente europeo y desde la ventanilla es posible observar una geografía inconfundible, con ríos anchos, ciudades compactas, campos cultivados en parcelas perfectamente delimitadas y geométricas, muy pocas zonas industriales, montañas elevadas y vías ferroviarias que atraviesan todas las fronteras de este hermoso continente.
Recordemos que la idea de una integración europea nace después de una larga etapa de guerras y rivalidades. La primera apuesta fue práctica: coordinar sectores clave, facilitar el comercio y crear instituciones capaces de ordenar la cooperación entre países vecinos.
Con el tiempo, aquella Comunidad Económica Europea se convirtió en lo que hoy llamamos la Unión Europea, agrupando a 27 países y tal vez el mercado más grande del planeta. Esta integración permite entender cómo funcionan los bloques económicos actuales, ya que producen a escala, facilitan cadenas regionales de valor y fortalecen la capacidad de negociación frente a otras potencias.
Hagamos una breve escala, será Londres. Hace diez años, el Reino Unido votó salir de la Unión Europea, su salida formal ocurrió en 2020 y desde entonces, la relación británica con Europa cambió, conservando -el Reino Unido- una relación comercial intensa con su región inmediata, aunque ahora bajo reglas distantes, mayores costos administrativos y cada vez menor flujo operativa.
Iniciamos el regreso hacia América del Norte, dando una breve mirada a Canadá y Estados Unidos, porque nuestro país también forma parte de una región económica organizada por reglas compartidas: El T-MEC, que entró en vigor el 1 de julio de 2020 y sustituyó al antiguo TLCAN, tratado eminentemente comercial que organiza las decisiones de inversión, producción, logística, empleo e infraestructura entre nosotros con nuestros vecinos del norte. Un tratado que sin duda representa un hito para México pues más del 80% de nuestras exportaciones se dirigen precisamente a Estados Unidos, lo que influye en nuestra industria nacional, la inversión extranjera, la recaudación, el empleo formal e incluso contribuye a la posición de México dentro de la economía mundial.
Al respecto, es importante recordar que apenas hace un día, Estados Unidos informó que mantendrá el T-MEC vigente, aunque abrió una etapa de revisiones anuales al declinar su extensión automática en los términos actuales, prevé una revisión conjunta a los seis años y la posibilidad de extenderlo por nuevos periodos de 16 años.
Tripulación, iniciamos descenso sobre México. Este viaje express Europa ayuda a mirar el momento norteamericano con mayor perspectiva. El mundo contemporáneo se está reorganizando en regiones productivas. La Unión Europea, América del Norte y Asia muestran que la competencia global se juega cada vez más entre bloques capaces de coordinar mercados, tecnología, energía, comercio e inversión. Frente a ello, tenemos una posición geográfica privilegiada, una base manufacturera que resulta bastante relevante y una relación económica decisiva con América del Norte y América del Sur. En este contexto, cuidar el T-MEC a la luz de utilizarlo como herramienta de soberanía y mejora de nuestra capacidad productiva es parte de la ruta para que el país vuele con mayor altura en el mapa económico del siglo XXI.
Únete al canal de WHATSAPP DE EL INDEPENDIENTE, también a nuestro canal de TELEGRAM y recibe las noticias clave del día, análisis y últimas actualizaciones directamente en tu celular.

