La igualdad entre mujeres y hombres no se alcanza sólo modificando leyes. También se construye desde el presupuesto.
Cada año, cuando la Cámara de Diputados analiza y aprueba el Presupuesto de Egresos de la Federación, toma decisiones que se reflejan en la vida cotidiana de millones de mexicanas. Ahí se define qué políticas tendrán recursos y cuáles podrán traducirse en resultados.
Por eso, presupuestar con perspectiva de género no significa únicamente asignar dinero. Significa preguntarnos qué cambia realmente con esos recursos.
México cuenta con el Anexo 13, Erogaciones para la Igualdad entre Mujeres y Hombres, que identifica recursos para avanzar hacia la igualdad. Es una herramienta importante, pero insuficiente si sólo miramos cuánto crece la cifra.
El verdadero reto es revisar hacia dónde va el presupuesto, quiénes se benefician y si ayuda a cerrar las brechas que todavía existen.
Eso implica preguntarnos si una mujer tiene mejores condiciones para incorporarse al mercado laboral, conciliar trabajo y cuidados, acceder a salud y educación, vivir con mayor seguridad y fortalecer su autonomía económica.
También implica hablar de movilidad.
Las desigualdades se sienten cuando una mujer destina buena parte de su ingreso y de su tiempo para llegar al trabajo; cuando debe realizar varios trayectos por responsabilidades de cuidado o cuando trasladarse por el espacio público implica enfrentar inseguridad.
Presenté una iniciativa para armonizar la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia con la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial, para incorporar la perspectiva de género en la movilidad y fortalecer la protección de las mujeres en espacios públicos.
También propuse incorporar la ayuda para el transporte público como prestación social para las personas trabajadoras, porque el traslado entre el hogar y el trabajo impacta directamente en el ingreso familiar.
Y planteamos atender otra desigualdad: la territorial. Presentamos un punto de acuerdo para impulsar los estudios que permitan ampliar la Línea 4 del Metro desde Santa Anita hacia Xochimilco y Milpa Alta, y solicitar que el Presupuesto de Egresos de la Federación 2027 considere recursos para avanzar en ese proyecto.
Estas propuestas parten de una misma idea: la igualdad también depende de dónde vivimos, cuánto tardamos en trasladarnos, cuánto nos cuesta y bajo qué condiciones de seguridad lo hacemos.
Por eso, un presupuesto con perspectiva de género no debe limitarse a programas que lleven la palabra “mujer” en su nombre. Debe ser transversal y estar presente en seguridad, salud, educación, empleo, cuidados, vivienda, infraestructura y movilidad.
De cara al Presupuesto de Egresos de la Federación 2027, la Cámara de Diputados puede profundizar esta visión y lograr que la igualdad sustantiva se refleje en la distribución y ejercicio de los recursos públicos.
Desde el Poder Legislativo tenemos una doble responsabilidad: aprobar los recursos y vigilar sus resultados.
Una política pública no transforma una realidad por aparecer en un anexo presupuestario. La transforma cuando el recurso llega a donde debe llegar y se convierte en oportunidades y mejores condiciones de vida.
Ese debe ser el sentido del presupuesto con perspectiva de género: que cada peso destinado a la igualdad se convierta en un resultado medible y en una diferencia concreta en la vida cotidiana de las mujeres.
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