Este texto es un extracto de Enshittification: Why Everything Suddenly Got Worse and What To Do About It [Mierdificación: Por qué todo empeoró de repente y qué hacer al respecto], de Cory Doctorow.
Cuando Twitter comenzó, su característica más evidente era la brevedad. Los usuarios estaban limitados a enviar mensajes de no más de 140 caracteres, lo suficientemente cortos como para caber en el sistema de mensajes cortos (SMS, por sus siglas en inglés), el sistema estándar de mensajería de texto usado por los teléfonos móviles en todo el mundo señala Cory Doctorow en su colaboración para JacobinLat, y con la traducción de Pedro Perucca.
Pero para los clientes empresariales —los desarrolladores que buscaban integrarse con Twitter—, la restricción de longitud de los mensajes era secundaria. Lo más interesante de Twitter era su API (o, más bien, el hecho de que Twitter era una API).

API es una de esas siglas de la industria informática que, en realidad, no significa mucho. Originalmente correspondía a application programming interface [interfaz de programación de aplicaciones] y luego a advanced programming interface [interfaz de programación avanzada], pero en realidad «API» simplemente significa «API»: una forma sutil y única de hablar sobre una característica de los sistemas digitales que no tiene un equivalente adecuado en el mundo no digital.
En términos generales, una API es cualquier forma en que un programa puede intercambiar datos con otro programa y/o recibir datos y/o instrucciones de otro programa.
[…] Sinceramente, no importa si las estridentes declaraciones de Musk sobre política de género, la «cultura woke» y otros temas reflejan sus verdaderos sentimientos, son arrebatos pasajeros o actos calculados de construcción de imagen.
UNA MONTAÑA GIGANTE DE MIERDA
En lugar de practicar kremlinología tuitera, veamos cómo el manejo de Twitter por parte de Musk después de la adquisición ejemplifica cómo una «carrera acelerada hacia la mierdificación» puede volverse en contra del propio mierdificador y cómo esas malas decisiones pueden, así y todo, infligirle daños serios a los usuarios.
El período de Musk al frente de Twitter se entiende mejor como una rápida, indiscriminada y torpe serie de transferencias de valor desde los usuarios finales hacia Twitter (es decir, hacia Musk, sus inversores y sus acreedores).
[…] Por eso la gente sigue en Twitter. No es que les guste el servicio, es que se gustan los unos a los otros. Y dejar a los demás es especialmente difícil en momentos en que las cosas son especialmente terribles (digamos, cuando Elon Musk y Donald Trump están desmantelando partes enteras del gobierno de EE. UU. de una manera flagrantemente antidemocrática). Esos momentos de terror existencial son exactamente aquellos en los que más necesitas a tu comunidad.
El deterioro —empeorar deliberadamente un servicio— solo es posible cuando la gente valora ese servicio, para empezar. El deterioro es un juego para buscar un equilibrio entre cuánto le gusta a la gente lo que la mantiene en el servicio (a menudo son otras personas) y cuánto odian la gestión de ese servicio.
Twitter es la historia de una advertencia. Nos dice que las «fuerzas del mercado» que esperaríamos que acabaran con los servicios que se convierten en un montón de mierda fueron neutralizadas. Estamos viviendo en una era de plataformas zombis: plataformas que continúan arrastrándose mucho más allá del momento en que deberían haber recibido un tiro de gracia, para luego ser enterradas en una tumba poco profunda.
La fuerza que anima a esos zombis es la desesperación: no la desesperación de los dueños de las plataformas, sino más bien la desesperación de los usuarios y clientes comerciales de las plataformas, que no pueden vivir los unos sin los otros y que no saben cómo irse sin perderse los unos a los otros.Texto completo en: Cómo Elon Musk arruinó Twitter – Jacobin Revista
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