El uso de tecnología armamentística de última generación en la franja limítrofe entre Estados Unidos y México, permitió al Comando Norte de las fuerzas armadas estadounidenses inutilizar más de 300 aeronaves no tripuladas pertenecientes a carteles del narcotráfico durante los primeros ocho meses del año.
El informe militar reveló que estas aeronaves no tripuladas son desplegadas por el crimen organizado con tres objetivos principales: supervisar los movimientos del personal militar y fronterizo estadounidense, coordinar el cruce ilegal de migrantes y facilitar la logística del contrabando transfronterizo.
Frente a esta amenaza aérea, el Equipo de Tarea Conjunto de la Frontera Sur (JTFSB) y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) incorporaron el Sistema de Láser de Alta Energía Multipropósito del Ejército (AMP-HEL), un dispositivo de energía dirigida que en sus primeros diez días de operación derribó 11 de estos artefactos.
La intensificación de las operaciones defensivas tuvo su punto más alto durante el mes de agosto, periodo en el que se concentró la neutralización de cien unidades aéreas mediante la combinación de este nuevo armamento láser y diversos sistemas mecánicos automatizados de interceptación.
Para respaldar el bloqueo tecnológico y terrestre a lo largo de casi dos mil millas de territorio limítrofe, el gobierno estadounidense mantiene un contingente de 8 mil soldados, infraestructura física reforzada con alambre de púas y un esquema de monitoreo permanente ejecutado en colaboración con mandos mexicanos.
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