Las represalias comerciales de Canadá contra Estados Unidos entraron en vigor con gravámenes de entre el 15 % y el 50 % a productos estadounidenses; el paquete de tarifas alcanza un valor de 27 mil 600 millones de dólares canadienses y responde directamente a las cuotas del 50 % impuestas el mes pasado por la administración de Washington.
En el marco de esta escalada tributaria, el primer ministro canadiense, Mark Carney, denunció que la Casa Blanca buscaba someter la economía de su país a una relación de dependencia; el jefe de Gobierno reveló que las exigencias estadounidenses pretendían debilitar industrias clave como la automotriz, el acero y el sector forestal, además de vulnerar la protección a la cultura francófona.
El mandatario explicó que las negociaciones bilaterales fracasaron porque el gobierno estadounidense exigió facultades de veto sobre los futuros tratados comerciales que Ottawa pretenda firmar con terceras naciones; ante estas condiciones, la representación canadiense optó por abandonar la mesa de diálogo al no encontrar un beneficio justo y equitativo.
Pese al impacto financiero que implica romper la subordinación histórica con su vecino del norte, Carney sostuvo que la estrategia nacional se enfoca en diversificar mercados para evitar chantajes económicos en el futuro; no obstante, el primer ministro aclaró que mantiene la disposición de alcanzar un pacto comercial mutually provechoso bajo los términos de una verdadera asociación.
Como seguimiento al conflicto bilateral, el ministro para el Comercio con Estados Unidos, Dominic LeBlanc, entablará comunicación directa con el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer; ambos funcionarios analizarán los alcances de estas contramedidas para definir el rumbo de la relación comercial entre ambas naciones.
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