La Agencia de Protección Ambiental (EPA) retirará de forma definitiva la normativa que limita las emisiones de carbono en las centrales generadoras de electricidad; la decisión impulsada por el gobierno de Donald Trump busca despojar al organismo federal de sus facultades para fijar topes de contaminación a la industria energética.
El administrador de la dependencia, Lee Zeldin, hará oficial la propuesta el lunes durante un encuentro internacional del G20 sobre temas de energía con sede en la ciudad de Houston, Texas.
La resolución se alinea con la política desreguladora de la Casa Blanca, la cual ya abrogó previamente la postura técnica de 2009 que clasificaba a los gases de combustión como sustancias dañinas para la salud pública; el propio mandatario estadounidense ha calificado los acuerdos de transición ecológica como un fraude económico para las naciones.
Organizaciones civiles agrupadas en la Campaña de Acción Climática condenaron la desmantelación de los controles ambientales; la activista Margie Alt advirtió que la medida llega en medio de temperaturas extremas en el país y acusó a las autoridades de beneficiar a los grupos corporativos del sector petrolero.
Los defensores del medio ambiente exigieron al organismo federal dar marcha atrás a la iniciativa para garantizar la protección de la población; la ONG hizo un llamado para restituir la vigilancia sobre la calidad del aire y detener el impacto de las emisiones industriales.
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