Me gustaría empezar por decirles, estimados lectores de El Independiente, que no me gustaría referirme a la FIFA como una “mafia”; porque no le quiero faltar al respeto a la mafia.

Y no estoy queriendo hablar del futbol cancha; sino, del manejo que se le está dando a la venta de boletos para la Copa del Mundo 2026.
En días recientes se abrió un sitio web en donde, luego de una larga espera, si es que se contaba con suerte, se podía uno registrar para entrar (al más puro estilo de la 4T) a una tómbola de la cual saldrán los afortunados aficionados que podrán adquirir las entradas correspondientes.
Como la FIFA “no da paso sin huarache”, no cualquier hijo de vecino podía entrarle a la rifa ¡No! Los participantes tenían forzosamente que ser cuentahabientes de una tarjeta de crédito en específico.
Lo más paradójico de todo esto es que, todavía, no se sabe ni siquiera para qué partidos se estarán adquiriendo las entradas; es decir, se desconoce quiénes serán los equipos contendientes; en virtud de que, el sorteo se realizará hasta el día 5 de diciembre del año en curso.
Todo esto sin mencionar los exorbitantes precios que alcanzan algunas de las localidades.
En el mismo tenor, se encuentra el tema de los tenedores de palcos y plateas del Coloso de Santa Úrsula. Ahora, con bombo y platillo dan a conocer la noticia de que “tendrán derecho a entrar gratis a presenciar los cinco encuentros que se disputarán en el Estadio Azteca”. Digo ¿Cómo está eso de que “tendrán derecho”? los propietarios de los palcos y plateas los compraron para usufructuarlo durante 99 años.
El estadio se inauguró en 1966 y si Cronos no miente, terminando el Mundial, todavía les quedaría otros 39 años.
Resulta que les están haciendo el gran favor de que se cumpla el estado de derecho.
Y ¿Cómo está eso de que podrán entrar “gratis” a ver los partidos? Sería como si compro mi casa o un departamento y me dicen que puedo habitarla “gratis” sin pagar renta. Ya lo dijo el gringo: “No me eche inglés”.
Actualmente, el “rebautizado” con el rimbombante nombre de “Estadio Banorte” (que, por cierto, para efectos de la Copa del Mundo se conocerá como Estadio de la Ciudad de México, debido a que los nombres comerciales están prohibidos por FIFA) cuenta con 856 palcos y 8,144 plateas, por lo que se habla de casi 17 mil boletos que no podrán ser comercializados por los modernos mercenarios balompédicos.

Para acabarla de amolar les salieron con que “dice mi mamá que siempre no” forzándolos “haciéndoles manita de puerco” a aceptar leoninas condiciones al no permitirles asistir al inmueble de la manera usual; es decir, les prohibieron hacer uso del estacionamiento que adquirieron junto con el palco.
Del mismo modo, no se les permitirá introducir ni alimentos ni bebidas, por lo que tendrán que solicitar esos servicios haciendo un pago extra, en caso de requerirlos.
Otro de los compromisos que habrán de adquirir es el de registrarse en un padrón y comprometerse al hecho de no trasferir los boletos que les “darán” para ingresar a los encuentros, lo que constituye una grave falta al derecho a la propiedad privada.
Una vez que se adquiere un bien, se puede: comercializar, rentar, ceder en comodato, prestar y hasta regalar si así se desea; de modo que, me parece que, como siempre, ellos llevan la ventaja.
Nos vendieron la noticia como: “Ganan la batalla los tenedores de palcos y plateas”. En una de esas, se trató de … una pírrica victoria.
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