Me parece que, sin temor a equivocarme, la FIFA ha perdido toda credibilidad.
La gestión de Gianni Infantino ha sido muy cuestionable, empezando por el nauseabundo momento en que tuvo la “feliz ocurrencia” de entregarle a Donald Trump, durante el sorteo para distribuir a los equipos participantes en la Copa del Mundo 2026 en los diferentes grupos, el “Trofeo de la Paz”.
Después, no solamente no le ha puesto un alto a todas las arbitrariedades cometidas por el país de las barras y las estrellas; sino que, se ha vuelto comparsa.
Miren ustedes que el trato que le dieron a la Selección de Irán rayó en la discriminación con matices de violación a los derechos humanos.
Los obligaron a entrenar y hospedarse en México, concretamente en Tijuana y solamente se les permitía ingresar a territorio “gringo” el día del partido, para obligarlos a abandonar, de inmediato, el país, cruzando la frontera, para regresar a México.
El hecho de ser sometidos a largos y constantes viajes, mermó el accionar del equipo persa; así como, el no permitirles pernoctar luego de los encuentros para una mejor recuperación física.
Igualmente le negaron la visa a gran parte de la delegación iraní, incluyendo: directivos, asesores técnicos y periodistas oficiales, argumentando seguridad migratoria ¡Una vergüenza!
Al árbitro somalí Omar Addulkadir Artan, considerado el mejor Nazareno de África, luego de ser sometido a un intenso interrogatorio de once horas le negaron la entrada a los Estados Unidos y por lo tanto su participación en el magno evento, aduciendo (una vez más) situaciones de seguridad migratoria a pesar de que contaba con todos sus papeles en regla.
La FIFA, “se lavó las manos”.
Iniciando el torneo, se le perdonó, de manera inexplicable, la tarjeta roja a Lionel Messi luego de una plancha en la pantorrilla sobre su adversario en el partido Argentina vs Argelia, la “Pulga” se debió de ir a bañar temprano, lo que hubiera implicado que no anotara dos goles más y que fuera suspendido por lo menos un encuentro.
El juez fue el polaco Marciniac quien curiosamente ha dirigido en toda su carrera 6 duelos mundialistas y en 4 de ellos les ha pitado a los pibes ¡Una cosa de locos!
Pero, lo peor estaba por venir.
En el enfrentamiento de Estados Unidos en contra de Bosnia y Herzegovina el delantero Folarin Balogun de USA resultó expulsado VAR de por medio, después de propinar una plancha a su rival que puso en riesgo su integridad física.
Donald Trump declaró públicamente que había llamado a Infantino para solicitarle que el goleador norteamericano no fuera suspendido para el siguiente partido, a lo cual la FIFA accedió, cambiando el castigo por una multa, condicionando el comportamiento del futbolista durante el próximo año, para considerar aplicarle la sanción correspondiente.
La inédita decisión provocó una carretada universal de críticas dudando de la equidad de la competencia y la indignación de que se mezclen los asuntos deportivos con los políticos, abriendo una Caja de Pandora que resultará imposible de cerrar.
Para acabarla de amolar el trabajo arbitral del silbante francés Francois Letexier en el duelo Argentina vs Egipto dejó mucho que desear, tomando una serie de decisiones cuestionables, dando la impresión de que, una vez más, el equipo de Messi había resultado beneficiado.
El manejo del VAR también ha sido sumamente criticado por la falta de unificación en los criterios y en la línea de intervención.
Todo esto, sumado a lo mal recibidas que han sido las “pausas de hidratación” han hecho que la imagen de Infantino se encuentre muy deteriorada.
Si Argentina se llega a coronar y si continúa la percepción de que reciben “ayudas” arbitrales … sería el acabose.
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