Desde mi óptica, la reputación de la FIFA resultó muy dañada una vez concluida la Copa del Mundo 2026 y la imagen de Gianni Infantino, presidente del máximo organismo que rige el futbol en el mundo entero, quedó por los suelos; tanto así que, hizo parecer a su antecesor Joseph Blatter como un niño de párvulo.
Mientras muchos echan las campanas al vuelo hablando de que “se trató de la mejor Copa del Mundo de la historia”, existieron muchas situaciones que motivaron mi desaprobación, empezando por lo prohibitivo que resultaron los costos de los boletos, lo que hizo que las tribunas estuvieran ocupadas por “los que nunca van al estadio”; pero que, gozaron del poder adquisitivo para ser testigos presenciales del magno evento.
La voracidad de la FIFA se hizo patente no solamente con el costo del boletaje; sino, cambiando la esencia de nuestro querido deporte introduciendo las nefastas “pausas de hidratación” las cuales bajo el conjuro de “preservar la integridad fisca de los futbolistas”, se convirtieron en “momentos de comercialización” para llevar muchos billetes verdes a sus arcas.
Las constantes inconsistencias arbitrales en donde el VAR fue aplicado de manera “selectiva” y la línea de intervención de la tecnología cambió decisiones trascedentes sin ser convincente (cuyo principal protagonista fue la albiceleste) en mi opinión terminaron por minar la credibilidad de la FIFA. Y eso que, nos habían prometido “el Mundial mejor arbitrado de la historia” ¡Sí, Chucha!
La intromisión del gobierno del país de las barras y las estrellas en el torneo resultó patética, desde el hecho de proporcionarle un trato poco igualitario y discriminatorio a la Selección de Irán (ante la complacencia de Infantino) hasta el penoso caso en que por “recomendación” (por no decir órdenes) de Trump le quitaron la suspensión a Folarin Balogun atacante de USA quien había sido expulsado, pasando porque al silbante somalí Omar Artan le impidieron el ingreso al país.
Lo peor, desde mi punto de vista, fue el mañoso y complejo manejo que le dieron para “dirigir” el rumbo del torneo con esa “pachotada” en que convirtieron la siembra de los terceros lugares. Echando a volar la sinceridad “nadie sabe nadie supo” o de perdida muy pocos entendieron cómo fue que se ajustaron las llaves para que los ocho equipos calificados en tercer lugar se distribuyeran “convenientemente” en los 16avos de final.
Ahora, nos anuncian que ya es casi un hecho que en la próxima Copa del Mundo participarán 64 Selecciones y que probablemente se dispute en seis países diferentes, hágame usted el favor. En serio que la codicia de la FIFA no tiene límites.
Y a nivel local, es decir, en el terruño querido, “tampoco cantamos mal las rancheras”; toda vez que, opino que fue una excelente idea que nuestra presidente con “A” se hiciera presente en la gran final del torneo y engalanara con su presencia (la presencia de México) la premiación; sin embargo, dicha decisión contradice; por una parte, el discurso de “austeridad republicana” y por la otra, echa por tierra los argumentos esgrimidos para ausentarse del partido inaugural lo que acrecentó (por no decir confirmo) que el verdadero motivo de la negativa para contar con su presencia fue el miedo (por no decir pánico) a recibir una histórica rechifla sobre todo si tomamos en cuenta que las tribunas estarían pobladas, en su mayoría, por puro fifi.
Igualmente pienso que fue minimizado el grave hecho de que, durante los festejos multitudinarios por los triunfos de nuestros valerosos futbolistas, desafortunadamente, cinco personas se encontraran con la muerte, haciendo evidente la “negligencia” de las autoridades (in) competentes, sinceramente … no me parece un asunto menor.
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