Suele ocurrir que las personas que ostentan mucho poder, en cualquier orden de la vida, pierdan el piso, se lleguen a sentir infalibles, “superiores a cualquiera” lo que los vuelve proclives a sentirse perfectos y a la larga cometer graves errores e incluso injusticias.
Me parece que es el caso de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, órgano rector de nuestro querido deporte en el mundo entero, quien no se percató y no tuvo a “alguien” de confianza a su alrededor que le dijera que su imagen y prestigio se deterioraron mucho con las decisiones que tomó durante la última Copa del Mundo.
Bajo ese incierto panorama tuvo la feliz ocurrencia de presentar el “FIFA Forward Enterprice” que, según esto, significa “una oportunidad única y singular de financiamiento”, en donde cada una de las 211 asociaciones nacionales podría contar de inmediato con un ingreso de 40 millones de dólares para cada una, a cambio de cederle del 20 al 30 % de las acciones de la nueva empresa a capitales privados.
Lo más inteligente hubiera sido esperar unos meses, hasta marzo del 2027, fecha en que se realizará, en Marruecos, la Asamblea General del máximo organismo, en donde el personaje que hoy nos ocupa intentará reelegirse como el hombre fuerte durante los siguientes cuatro años.
De cualquier modo, le faltó “cabildear” con los líderes de opinión y con los jerarcas de la UEFA y no soltarles repentinamente su “ambicioso” plan, sin habérselos explicado, menciónarles las ventajas y las desventajas; así como, escuchar sus contrapropuestas, dudas y argumentos para oponerse a la novedosa idea.
Otro error que cometió fue “poner un ultimátum” afirmando que la fecha límite para tomar una decisión sería el proximo septiembre; digo, una decisión tan delicada debe de ser evaluada sin prisas, con la mente fría y no cuando les están dando la impresión de querer agarrarlos “con los dedos en la puerta”.
Aunque, supuestamente: “La FIFA mantendría el control exclusivo de la empresa (FIFA Forward Enterprise) y la autoridad exclusiva sobre la gobernanza del fútbol, las competiciones, el calendario de partidos y todas las decisiones regulatorias y deportivas”, como era de esperarse, la reacción inmediata de la UEFA al proyecto fue de un no rotundo después de que se reunieron (en línea) sus 55 miembros “rechazando de manera unánime e inequívoca la propuesta”, amenazando con que mientras esté vigente ninguna de sus Selecciones Nacionales ni Clubes participaría en alguna competencia organizada por FIFA.
Se podría concluir que Infantino “se puso con Sansón a las patadas”; toda vez que, aunque la UEFA votara en contra, todavía le quedaría el sufragio de otros 156 países que, en el caso de que lo hicieran en su favor, ganaría por una abrumadora mayoría; pero, esto provocaría un sismo con características de rompimiento en el orden balompédico universal.
Desde luego que la “propuesta” resulta muy atractiva para las asociaciones pequeñas que, sin dudarlo, votaría en favor de Infantino; sin embargo, imagínense una Copa del Mundo sin los países europeos ¿Qué tal si la UEFA invita a Brasil y a Argentina para organizar su propio torneo?
Pienso que no es tan “descabellada” la propuesta, porque al final de la cadena alimenticia el futbol es un negocio. Los detractores hablan de “hipotecar el futbol” lo que me parece una exageración o no me digan que actualmente “la FIFA vende piñas”.
Creo que no se dieron el tiempo suficiente para “evaluar el proyecto”, analizar los pros y los contras, sobre todo, porque de entrada con lo devaluada que está la imagen del jerarca balompédico… la propuesta nació muerta.
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