UN AÑO OPERATIVO SÓLIDO PARA LA CFE
La Comisión Federal de Electricidad (CFE) cerró el cuarto trimestre de 2024 con un desempeño operativo robusto, consolidando su papel como pilar del sistema energético mexicano. Con una cobertura del 99.64% de la población y 49 millones de clientes —un aumento del 1.7% respecto a 2023—, la empresa estatal demostró su capacidad para expandir el acceso a la electricidad en un país en constante crecimiento. La generación bruta alcanzó 257,621 GWh, soportada por una capacidad instalada de 61,719 MW distribuida en 166 centrales propias y 34 de Productores Independientes de Energía (PIE). Además, su extensa red de transmisión (111,138 km) y distribución (901,302 km) mantuvo la confiabilidad del suministro a nivel nacional.
Los ingresos operativos ascendieron a $662,436 millones de pesos (mdp), un crecimiento del 3.5% frente a 2023, impulsado por la expansión de usuarios y ajustes tarifarios moderados. Los costos operativos, por su parte, se redujeron un 2% a $523,523 mdp, gracias a la estabilización de los precios de combustibles como el gas natural, que cayó de 52 a 43 pesos por gigajoule. Esto elevó el margen operativo al 21%, un salto notable desde el 16.6% del año anterior, reflejando una mayor eficiencia en la gestión de recursos. Sin embargo, este panorama positivo se ve empañado por riesgos financieros y operativos que podrían complicar el camino de la CFE en 2025.
RIESGOS OPERATIVOS PARA 2025: DEPENDENCIA Y COMPETENCIA
A pesar de sus logros, la CFE enfrenta riesgos operativos críticos que podrían limitar su desempeño en el próximo año. El primero es su alta dependencia de combustibles fósiles, que alimentan el 64% de sus centrales (térmicas como vapor, ciclo combinado y turbogás). Aunque los precios bajos en 2024 aliviaron los costos, la volatilidad internacional —influida por conflictos geopolíticos o cambios en la oferta de gas— podría revertir esta ventaja. La lenta transición hacia energías renovables, que representan solo el 11% de sus centrales, deja a la CFE rezagada en un mundo que demanda sustentabilidad.
Otro riesgo es la competencia en la comercialización. Desde la reforma energética de 2013, los suministradores calificados han ganado terreno, y aunque la CFE mantiene una posición dominante, el crecimiento de ventas (+1%) fue menor al de usuarios (+1.7%). Esto sugiere una posible erosión de mercado o un consumo per cápita estancado, lo que podría intensificarse en 2025 si no se fortalecen las estrategias de retención y expansión. Además, el factor de planta del 47.6% indica que casi la mitad de la capacidad instalada no se aprovecha plenamente, un reto que exige optimizar la generación para atender una demanda creciente.

RESULTADOS FINANCIEROS: GANANCIAS OPERATIVAS, PÉRDIDAS CAMBIARIAS
Financieramente, el 2024 de la CFE fue un contraste de luces y sombras. La utilidad operativa implícita alcanzó $138,913 mdp, un reflejo de su fortaleza operativa. Sin embargo, esta ganancia se vio opacada por una pérdida neta por fluctuación cambiaria de $169,115 mdp, resultado de la depreciación del peso en un 19.8% ($20.268 vs. $16.922 por dólar). Esta cifra supera la utilidad operativa, sugiriendo un resultado neto negativo que podría comprometer la estabilidad financiera de la empresa.
La deuda total creció un 19% a $490,499 mdp, con $184,432 mdp en moneda extranjera (37.6% del total), amplificando el impacto del tipo de cambio. De esta deuda, $129,295 mdp vencen a corto plazo, ejerciendo presión sobre la liquidez, mientras que los intereses proyectados a largo plazo suman más de $1.5 billones de pesos. Aunque la CFE mitiga riesgos con instrumentos derivados (swaps y forwards), estas herramientas no evitaron pérdidas significativas en 2024, lo que pone en duda su eficacia frente a una volatilidad cambiaria persistente.
RETOS FINANCIEROS EN EL HORIZONTE
Para 2025, los retos financieros de la CFE son claros. El primero es la gestión de la deuda en moneda extranjera, que requiere una estrategia de cobertura más agresiva o una renegociación de plazos para reducir la exposición al tipo de cambio. El segundo es la carga de intereses, que podría limitar la capacidad de la empresa para invertir en infraestructura o renovables. Finalmente, la dependencia de un techo presupuestal del Gobierno Federal restringe su flexibilidad, especialmente si los ingresos operativos no crecen a un ritmo suficiente para compensar los pasivos. Sin una mejora en estos frentes, la CFE podría enfrentar tensiones de liquidez que afecten su operación.
IMPACTO EN 2025: CRECIMIENTO ECONÓMICO Y NEARSHORING
El desempeño de la CFE en 2025 será crucial en el contexto del crecimiento económico y el Nearshoring, fenómenos que están transformando a México en un destino clave para la inversión extranjera. El Nearshoring, impulsado por la relocalización de empresas desde Asia a América del Norte, exige una infraestructura eléctrica confiable y competitiva. Con un crecimiento económico proyectado por el Banco de México de entre 0.2% y 1.4% para 2025, la demanda de energía podría aumentar significativamente, especialmente en sectores industriales como la manufactura.
Los resultados operativos de 2024 muestran que la CFE tiene la escala para responder: una red masiva, cobertura casi universal y capacidad instalada suficiente. Sin embargo, su éxito dependerá de superar los riesgos identificados. Si la volatilidad de los combustibles eleva los costos o la competencia reduce su cuota de mercado, la empresa podría fallar en satisfacer una demanda creciente, frenando el potencial del Nearshoring. Financieramente, la presión de la deuda y las pérdidas cambiarias podrían limitar las inversiones necesarias para modernizar la red o ampliar la generación, dejando a México en desventaja frente a competidores como Estados Unidos.
Por otro lado, la reforma constitucional de octubre de 2024, que refuerza a la CFE como empresa estratégica, ofrece una oportunidad. Si se implementan leyes secundarias efectivas y se prioriza la diversificación energética, la CFE podría consolidarse como un motor del crecimiento económico, asegurando energía asequible y confiable para las nuevas inversiones. Sin estas reformas, el riesgo es que el crecimiento se estanque, afectando la atracción de empresas extranjeras.

CONCLUSIÓN: UN EQUILIBRIO PRECARIO
La CFE termina 2024 con una operación sólida pero financieramente vulnerable. Su capacidad para mantener el suministro eléctrico a 49 millones de clientes es innegable, pero los riesgos operativos (dependencia fósil, competencia) y financieros (deuda, tipo de cambio) plantean un 2025 desafiante. En el marco del Nearshoring y el crecimiento económico, la empresa debe optimizar su generación, controlar costos y fortalecer su posición financiera para aprovechar esta oportunidad histórica. De lo contrario, México podría perder terreno en la carrera por convertirse en un Hub Industrial Global, dejando a la CFE como un gigante con pies de barro frente a las demandas del futuro.
*Presidente de la Asociación Mexicana de Gasto Público AC.
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