México cerró el 2025 sumido en una preocupante ola de cierres empresariales, con más de 25 mil compañías desapareciendo del registro formal ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), lo que representa el peor retroceso en dos décadas y acelera un proceso de desindustrialización que pone en jaque la economía nacional. Este fenómeno, impulsado por la incertidumbre jurídica, la inseguridad, los altos costos operativos y las tensiones comerciales con Estados Unidos, no solo ha mermado la inversión y el consumo, sino que proyecta sombras sobre el 2026, donde expertos advierten de un posible agravamiento si no se implementan reformas urgentes para fortalecer el Estado de Derecho y atraer inversiones, en los primeros días de este año, el panorama inicial sugiere continuidad en la fragilidad, con reportes preliminares de cierres adicionales en regiones clave como Baja California, donde solo en 2025 se perdieron 9,267 empresas, sumando 39 mil desde 2022.
El sector privado, representado por organismos como la Coparmex, ha calificado el cierre de 2025 como un «escenario complejo» marcado por un crecimiento económico estancado en torno al 0.3-0.5%, con recortes en infraestructura del 14% proyectados para el Paquete Económico 2026 y una confianza empresarial en mínimos históricos. A nivel nacional, la pérdida neta de 41,764 patrones en los últimos 24 meses (incluyendo parte de 2024) supera incluso la crisis de 1998, afectando principalmente a micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs), pero también a grandes multinacionales que optan por relocalizaciones hacia mercados más estables, en estados como Aguascalientes y Coahuila, la tendencia podría intensificarse en 2026 debido a la «cuesta de enero» y la persistencia de factores como la extorsión y la burocracia, que desalientan la operación diaria de los negocios.
Pese a algunos brotes verdes, como un repunte en la manufactura exportadora hacia finales de 2025, el balance general es pesimista: el país se encamina a un 2026 con una economía dependiente de remesas y exportaciones vulnerables, sin un motor interno robusto para contrarrestar la desindustrialización.
CAUSAS PRINCIPALES DE LOS CIERRES EN 2025
Los cierres no fueron aleatorios, sino impulsados por una combinación de factores internos y externos:
- Burocracia y costos altos: Excesiva «tramititis», elevados costos de contratación y falta de incentivos fiscales desmotivaron a las empresas.
- Inseguridad y extorsión: El «cobro de piso» y acoso criminal afectaron directamente a los negocios, especialmente en regiones como el centro y norte del país.
- Incertidumbre jurídica y económica: Políticas gubernamentales, inflación persistente y tensiones comerciales (ej. aranceles de EE.UU.) generaron cautela en inversiones.
- Falta de planificación: Alrededor del 28% de las empresas no realizó planificación financiera, aumentando riesgos de deudas y liquidez.
- Contexto global: Efectos de la pandemia rezagados, estancamiento y relocalizaciones hacia otros países.

PAROS TÉCNICOS: EL FRENAZO EN EL SECTOR AUTOMOTRIZ Y SUS RAMIFICACIONES
Uno de los epicentros de esta crisis ha sido el sector automotriz, pilar de las exportaciones mexicanas, que en 2025 registró una contracción del 0.9% en producción y del 2.6% en exportaciones, agravada por paros técnicos generalizados que se extendieron por plantas en Puebla, Guanajuato, Aguascalientes y Coahuila. Empresas como General Motors, Volkswagen, Audi y Nissan recurrieron a suspensiones temporales para ajustar a la baja demanda, bloqueos logísticos y la sobreoferta global, exacerbados por los aranceles impuestos por la administración Trump y la incertidumbre en el T-MEC.
En noviembre de 2025, la producción automotriz cayó un 8.4%, con paros no programados impactando la cadena de suministro y afectando a proveedores de autopartes y acero. Un caso emblemático es el de Coahuila, donde paros técnicos afectaron a 35 mil trabajadores en diciembre, incluyendo a 5-6 mil en General Motors, lo que obligó a ajustes en plantillas y eliminación de horas extras. Aunque el sector cerró el año con ventas internas récord de 1.5 millones de unidades —el mejor registro desde 2017—, las exportaciones se contrajeron, con caídas notables en modelos como Jetta y Tiguan de Volkswagen, y amenazas de hasta 500 mil empleos en riesgo si persisten los paros en 2026.
Para 2026, analistas prevén un «reacomodo» con crecimiento moderado en ventas, pero con precios al alza y mayor competencia china, lo que podría extender los paros técnicos y forzar cierres parciales en armadoras y maquiladoras. Este frenazo no solo impacta la producción (que generó un millón de empleos directos), sino que resuena en regiones enteras dependientes de la industria, como el Bajío, donde la actividad económica se contrajo un 0.9% en 2025.
IMPACTO EN EL EMPLEO Y LOS EFECTOS SOCIALES: UNA CRISIS QUE GOLPEA A MILLONES
Los cierres y paros técnicos han dejado una huella profunda en el mercado laboral, con un crecimiento formal estancado que cierra 2025 en el peor inicio de sexenio en décadas. Aunque el IMSS reportó un récord de 22.5 millones de afiliados al cierre del año, la creación neta de 278,697 puestos (impulsada en parte por la incorporación de 206,521 trabajadores de plataformas digitales) enmascara una realidad más cruda: sin este factor, solo se generaron 72,176 plazas, la cifra más baja en cinco años. Sectores como la manufactura perdieron 127,200 empleos, seguidos por la extractiva (-4.5%) y la construcción (-2.3%), con una caída estacional de 320,692 puestos en diciembre.
En el frente social, la informalidad se mantiene por encima del 54.8%, afectando a más de 33 millones de personas y exacerbando la precariedad, especialmente entre mujeres y jóvenes, que representan el grueso de los despidos en maquiladoras. La pobreza laboral, aunque bajó a 34.3% en el tercer trimestre de 2025, creció en el segundo trimestre al 35.1%, revirtiendo avances y proyectando un retraso de al menos 57 años para erradicar la pobreza si se mantiene el ritmo actual. México lidera la reducción de pobreza en América Latina con un -0.6% en extrema pobreza, pero la desigualdad persiste como un «problema estructural», con familias destrozadas por la pérdida de ingresos, migración forzada y un fin prematuro del bono demográfico que agrava la vulnerabilidad de la Población Económicamente Activa.
Expertos coinciden en que el empleo formal es el «mejor programa social», pero sin certidumbre e inversión, el 2026 podría ver mayor polarización, con sueldos al alza, pero contrataciones selectivas y menos horas laborales, dejando a millones en la precariedad. La crisis no es solo económica: es un drama humano que exige acciones inmediatas para evitar una profundización en la desigualdad y la inestabilidad social.



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