El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dio a conocer el 24 de agosto de 2026 los resultados definitivos del Producto Interno Bruto Trimestral (PIBT) y del Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) correspondientes al segundo trimestre y a junio de 2026. Los datos confirman una recuperación respecto al inicio del año, aunque en un ritmo que permanece lejos de generar un cambio estructural en la trayectoria de crecimiento del país.
Con cifras desestacionalizadas, el PIB avanzó 1.4% en el trimestre abril-junio respecto al primer trimestre y 1.9% a tasa anual, en términos originales, el crecimiento anual fue de 2.1%, en el acumulado enero-junio, la economía se expandió 1.2% respecto al mismo periodo de 2025. El valor nominal del PIB en el segundo trimestre alcanzó 37.53 billones de pesos corrientes, un aumento de 6.3% anual, resultado de la combinación del crecimiento real y un deflactor implícito de 4.2%.
Por grandes actividades, el repunte fue generalizado: las primarias crecieron 2.4% trimestral y 4.8% anual; las secundarias, 1.6% y 0.9%; y las terciarias, 1.4% y 2.3%. En el detalle mensual del IGAE de junio, el indicador total se contrajo 0.1% respecto a mayo y avanzó 1.7% anual, las primarias cayeron con fuerza (-3.6% mensual), las terciarias se estancaron (-0.1%) y solo las secundarias registraron un avance moderado (+0.2%), abril había sido el mes más dinámico del año (+1.64% mensual), pero el momentum se diluyó en mayo y junio.
El panorama sectorial revela una recuperación de dos velocidades, construcción, minería y comercio al por mayor impulsaron el trimestre, mientras las manufacturas permanecieron débiles (-0.4% anual en el PIB y -1.2% en el IGAE de junio), los servicios de alojamiento y preparación de alimentos y bebidas también mostraron contracciones, en contraste con el dinamismo de las actividades gubernamentales y algunos servicios profesionales.
LECTURA DESDE LA PERSPECTIVA DEL CICLO ECONÓMICO
Desde la perspectiva del ciclo económico, los datos ubican a México en una fase de recuperación moderada tras un periodo de debilidad e irregularidad que se extendió desde mediados de 2025 hasta el primer trimestre de 2026. El segundo trimestre representó un punto de inflexión al alza, con el mayor avance trimestral en varios años, impulsado por un rebote en primarias y por el apoyo de construcción y servicios, sin embargo, la pérdida de momentum en mayo y junio, junto con la persistente debilidad manufacturera, sugiere que el impulso no tiene aún la fuerza ni la generalización de una expansión vigorosa.
La economía se encuentra por encima del punto más bajo del ciclo reciente, pero opera cerca o por debajo de su tasa de crecimiento potencial de largo plazo (estimada generalmente entre 1.5% y 2.0% anual). No hay indicios de sobrecalentamiento ni de presiones de demanda excesivas; al contrario, la brecha del producto permanece negativa. Banxico estimó que en el primer trimestre de 2026 la brecha se amplió a niveles cercanos a -2.4% y -2.8% del producto potencial. El crecimiento del segundo trimestre permitió un cierre parcial de esa holgura, pero no suficiente para llevarla a territorio neutral o positivo, el ciclo actual es, por tanto, de recuperación incompleta y de baja amplitud.
LA TRAMPA DE BAJA CAPACIDAD PARA CRECER
Los resultados del segundo trimestre no modifican el diagnóstico estructural que ha formulado la CEPAL: México se encuentra atrapado en una “trampa de baja capacidad para crecer”. Esta se caracteriza por una inversión insuficiente para ampliar la capacidad productiva, un crecimiento persistentemente débil de la productividad y una limitada capacidad para generar empleo formal de calidad, desde 1990 el país ha promediado apenas 2% de crecimiento anual, por debajo del 2.4% regional, aunque entre 2014 y 2023 el desempeño relativo mejoró, los últimos años marcan un nuevo deterioro: 1.5% en 2024 y 0.5% en 2025.
La trampa no es solo coyuntural. La debilidad prolongada de la inversión fija, la elevada informalidad y la dificultad para traducir la integración comercial y el nearshoring en un aumento generalizado de capacidades productivas internas limitan el potencial de crecimiento. El bajo dinamismo reduce los recursos y los incentivos para invertir y formalizar; a su vez, la baja productividad y la informalidad perpetúan el bajo crecimiento, el resultado es una economía que, incluso en fases de recuperación, avanza a un ritmo insuficiente para elevar de manera sostenida el ingreso per cápita y cerrar brechas de desarrollo.
PROYECCIÓN PARA EL CIERRE DE 2026 Y COMPARACIÓN DE CONSENSOS
Con un crecimiento acumulado de 1.2% en el primer semestre y un segundo trimestre que, si bien positivo, perdió fuerza hacia junio, el escenario más probable para el cierre de 2026 se ubica en un rango de 1.1% a 1.4%. Un segundo semestre similar al primero permitiría alcanzar alrededor de 1.2-1.3%, un deterioro adicional, asociado a la disipación de efectos temporales (como los vinculados al Mundial) o a mayor incertidumbre comercial, podría llevar el resultado más cerca de 1.0%, un escenario más favorable, con mayor dinamismo de la inversión y de las exportaciones, podría acercarse a 1.5%.
Estas estimaciones se alinean con el consenso de organismos e instituciones. La CEPAL proyecta 1.3% para 2026, el Fondo Monetario Internacional ubica su estimación en 1.2%, mientras el Banco Mundial la sitúa en 1.3%, la encuesta de expectativas de Citi muestra una mediana de 1.2% (con rango entre 0.6% y 1.5%), Grupo Financiero BASE mantiene un escenario central de 1.0%, Oxford Economics anticipa 1.0% y algunas instituciones privadas se ubican entre 1.1% y 1.3%. En contraste, la Secretaría de Hacienda ha manejado rangos más optimistas, históricamente superiores al consenso de analistas y organismos internacionales.
En conjunto, los datos del INEGI confirman una recuperación trimestral real, pero enmarcada en un ciclo de baja amplitud y en una trampa estructural de bajo crecimiento. El cierre de 2026 se perfila como otro año de expansión moderada, insuficiente para alterar de manera significativa la trayectoria de largo plazo de la economía mexicana, superar esa limitación exige no solo estabilidad macroeconómica, sino un salto sostenido en inversión, productividad y formalización productiva de calidad.
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