Imagínese que la economía mundial es como un automóvil que, después de esquivar varios baches en el camino, sigue avanzando, pero con el motor cada vez más ruidoso y menos eficiente. Eso es, en esencia, lo que describe el Informe 2026 del Fondo Monetario Internacional sobre el crecimiento fuerte, sostenible, equilibrado e inclusivo del G20. El grupo de las veinte economías más importantes del planeta ha mostrado una resiliencia notable frente a shocks recientes (la guerra en Medio Oriente, el proteccionismo comercial y la incertidumbre política), pero sus perspectivas de mediano plazo se mantienen cerca de los niveles más débiles desde que se lanzó este marco de análisis en 2009.
El crecimiento del G20 se ubica apenas alrededor del 3 por ciento en el mediano plazo, no es un colapso, pero tampoco es el ritmo necesario para que los países emergentes cierren la brecha de ingreso con las economías avanzadas, solo China, India, Indonesia, Corea y Türkiye han logrado reducir de manera significativa esa distancia respecto a Estados Unidos desde 2009, para el resto, la convergencia se ha estancado o incluso se ha ampliado, es como si la mayoría de los corredores del pelotón hubieran dejado de ganar terreno al líder.
LOS FRENOS ESTRUCTURALES: CUANDO LAS REGLAS DEL JUEGO PESAN MÁS DE LA CUENTA
El informe del FMI no se queda en el diagnóstico superficial, identifica con claridad los impedimentos que están limitando el potencial de crecimiento, el más extendido es el de las regulaciones excesivas o mal diseñadas, las reglas existen para corregir fallas del mercado (proteger al consumidor, evitar monopolios o cuidar el medio ambiente), pero cuando se vuelven demasiado pesadas generan costos que terminan afectando a todos.
Piense en el dueño de un pequeño taller de reparación de celulares o de un puesto de comida, si para abrir o expandir su negocio necesita atravesar un laberinto de permisos, licencias y trámites que cambian de un municipio a otro, o si las normas laborales hacen muy costoso contratar o despedir personal, es probable que prefiera quedarse pequeño o incluso informal, eso es exactamente lo que ocurre a escala nacional e internacional, en las economías avanzadas del G20, las regulaciones de mercados de productos y laborales se perciben como un lastre en aproximadamente la mitad de los casos, en las emergentes, la proporción sube a casi tres cuartas partes, en países como China y Sudáfrica, el FMI las califica incluso como impedimentos mayores.
Otro freno importante es el de las barreras dentro de un mismo territorio, en la Unión Europea, las diferencias de regulaciones entre países miembros dificultan que una empresa productiva se expanda fácilmente o que un trabajador se mueva a donde hay mejores oportunidades, es como si dentro de una misma casa cada habitación tuviera sus propias reglas de circulación, en varias economías emergentes, las barreras a la movilidad laboral o a la expansión de empresas también pesan, el caso extremo es el sistema hukou en China, que limita la migración hacia las ciudades más productivas.
La inversión también enfrenta obstáculos, en las emergentes, los mercados de capital poco desarrollados, la débil gestión de la inversión pública y las deficiencias de gobernanza aparecen una y otra vez. Cuando un gobierno pierde hasta 27 por ciento del valor de sus proyectos de infraestructura por mala planeación o corrupción (como estima el FMI para los mercados emergentes), el dinero de los contribuyentes no se traduce en carreteras, hospitales o escuelas de calidad, en las economías avanzadas, las restricciones de zonificación y vivienda también limitan la movilidad laboral: si vivir cerca de un centro productivo es demasiado caro, la gente se queda dónde está, aunque haya mejores empleos a pocas horas de distancia.
A todo esto, se suma el envejecimiento de la población, más de la mitad de las economías avanzadas del G20 no tienen políticas adecuadas para enfrentar el aumento de la dependencia de adultos mayores, es como tener una familia cada vez más grande de abuelos que necesitan cuidado, sin haber ajustado a tiempo el presupuesto ni las oportunidades de trabajo para quienes aún están en edad productiva.
LA DIFICULTAD DE CAMBIAR EL RUMBO
El informe es honesto sobre un punto incómodo: implementar reformas es políticamente difícil, los factores de economía política (los ganadores y perdedores de cada cambio, las fricciones entre niveles de gobierno) aparecen como el principal obstáculo en la mayoría de los países del G20. En varias economías emergentes, el desafío se califica como mayor, además, la secuenciación importa, hacer primero reformas de gobernanza y de regulación de negocios suele potenciar los beneficios de las que vienen después, como las laborales o de educación.
La evidencia empírica que presenta el FMI es alentadora, pero condicionada, cuando se reducen regulaciones excesivas, especialmente en países que partían de niveles altos de restricción, la inversión y el producto por habitante tienden a subir, en el sector de telecomunicaciones, por ejemplo, las regulaciones más amigables con la competencia se asociaron con mayor inversión en tecnología de la información, más penetración de internet y, eventualmente, mejor preparación para adoptar inteligencia artificial, es como abrir el camino para que llegue la fibra óptica: primero se facilita la inversión, después llega la conectividad y, más tarde, las oportunidades de usar herramientas digitales que elevan la productividad.
QUÉ SIGNIFICA TODO ESTO PARA MÉXICO
México aparece en el informe como parte del grupo de economías emergentes del G20, sus perspectivas de crecimiento son modestas: 1.2 por ciento en 2026, 1.9 por ciento en 2027 y alrededor de 2.1 por ciento en el mediano plazo, estas tasas están por debajo de lo que el país ha mostrado en periodos de mayor dinamismo y reflejan el estancamiento en la convergencia de ingresos respecto a Estados Unidos.
El diagnóstico de impedimentos toca puntos sensibles, el FMI identifica deficiencias moderadas a mayores en gobernanza e instituciones, que coinciden con debilidades en la gestión de la inversión pública, México se agrupa aquí con Argentina, Brasil, China y Sudáfrica, cuando la calidad institucional es insuficiente, los proyectos de infraestructura pierden valor, la inversión privada se retrae y las empresas productivas enfrentan costos adicionales de incertidumbre.
Las prioridades de reforma que se desprenden del informe son claras, la gobernanza aparece como de alta prioridad, junto con Argentina y Sudáfrica, la política fiscal también es prioritaria en todas las emergentes: se necesita fortalecer la política tributaria y la administración de ingresos para movilizar recursos domésticos, reconstruir buffers y estabilizar la deuda. En regulación de negocios, el patrón general apunta a reducir burocracia y requisitos administrativos, en el mercado laboral, la informalidad sigue siendo un lastre que limita el acceso al crédito y la capacidad de crecer de las empresas y en educación y habilidades, las políticas de capacitación y recapacitación son esenciales para reducir los desajustes entre lo que se enseña y lo que demanda el mercado, especialmente en un entorno de adopción de inteligencia artificial.
México se ubica en la categoría de “algún espacio fiscal”, lo que significa que tiene margen limitado, pero no nulo, el mensaje es que la consolidación debe ser gradual y preservar la inversión pública productiva, en la balanza corriente, el FMI lo clasifica entre las economías con superávit excesivo, lo que sugiere que, según su evaluación, el resultado actual está por encima de lo justificado por los fundamentos.
Las simulaciones del propio FMI indican que las mejoras en gobernanza y en regulación de negocios generarían ganancias de producto particularmente significativas en países como México, no se trata de un ajuste cosmético, se trata de elevar el crecimiento potencial, es decir, la capacidad de la economía para generar más riqueza de manera sostenida sin generar presiones inflacionarias o de deuda.
UN CAMINO POSIBLE
El informe no ofrece recetas mágicas, pero sí un mapa. El G20 enfrenta un problema de crecimiento potencial limitado por fricciones estructurales y regulatorias de larga data, la resiliencia de corto plazo no debe generar complacencia, para México, el mensaje es especialmente relevante en un momento en que el nearshoring y la posible reconfiguración del T-MEC abren oportunidades de atracción de inversión, esas oportunidades se capitalizan mejor cuando las reglas del juego son claras, predecibles y no excesivamente costosas, cuando la inversión pública se ejecuta con eficiencia y cuando las instituciones generan confianza.
Volvamos a la metáfora del automóvil, el G20 no necesita un motor completamente nuevo, necesita ajustar las piezas que están generando fricción, calibrar mejor las regulaciones, mejorar la calidad de la inversión pública y enfrentar con realismo los desafíos demográficos y de gobernanza. Para México, ese ajuste no es opcional si se quiere un crecimiento más fuerte, más sostenible y más capaz de cerrar brechas de ingreso, el informe del FMI pone los datos sobre la mesa. La decisión de actuar, como siempre, queda en manos de cada país.
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