Al final del Segundo Informe de Gobierno, cuando el Patio de Honor ya había escuchado la enumeración de hospitales, becas, polos, barriles y detenciones, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo cerró con una frase que no es un dato: es una tesis de economía política. “Vamos mejor y tenemos rumbo —dijo—, porque ese rumbo lo marca el pueblo.” No era un adorno. En el lenguaje de la Cuarta Transformación, rumbo quiere decir que el país ya no está a la deriva del mercado, que el Estado recuperó el timón y que la dirección es la prosperidad compartida, quien discute el rumbo, en esa gramática, discute al pueblo.
Conviene tomarse la frase en serio. Un rumbo, en economía política, no es un lema ni un inventario de obras, es el sendero por el que una sociedad decide acumular, distribuir y sostener al Estado, se ve en tres sitios que no mienten: en el ritmo al que crece lo que se produce, en la forma en que se reparte lo que se gana y en la caja con la que el gobierno paga lo que promete. El Informe del 1 de septiembre de 2026 habló de los tres, lo que no hizo fue nombrarlos juntos.
EL TIMÓN Y LA VELOCIDAD
Hay rumbo, sí. El segundo trimestre el producto interno creció 1.4 por ciento respecto al anterior y 1.9 respecto al mismo lapso de 2025, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía lo certificó, después de un primer trimestre que se encogió, la economía recobró el aliento, Banco de México subió su estimación puntual del año de 1.1 a 1.5 por ciento, los analistas privados, el mismo día del Informe, la dejaron en 1.3%, el peso se sostiene cerca de diecisiete unidades por dólar, la inflación general bajó hacia 3.3 por ciento en agosto, la balanza comercial de mercancías acumula el mayor superávit para un primer semestre en décadas, quien busque señales de naufragio no las va a encontrar en esos tableros.
Quien busque, en cambio, la velocidad de un país que dice estar transformando su vida pública, tropieza con la misma cifra una y otra vez, 1.3% – 1.5%. Un intervalo que no llega a dos, ese es el paso de la economía mexicana en el segundo año del gobierno, no es recesión, no es milagro, es el ritmo de quien avanza sin apartarse del carril lento, con el tablero en verde y el motor sin abrir.
Una ama de casa de Guadalajara lo entiende sin producto interno, el año pasado el kilo de tomate le duró menos en la bolsa; este año el gobierno anuncia que veinticuatro productos de la canasta bajaron doce por ciento en términos reales y que la gasolina regular no se movió, en la esquina, el puesto sigue siendo el mismo, el muchacho que atiende sigue sin seguro y el patrón sigue cotizando (cuando cotiza) sobre un salario que apenas cubre dos canastas. Hay rumbo: el de una estabilidad que se siente en el tipo de cambio y se esfuma en la calidad del empleo.
LO QUE SE REPARTE Y LO QUE NO SE FORMALIZA
El Informe reserva su página más convincente al trabajo. El salario mínimo de 2018 a 2026 recuperó 154 por ciento en términos reales, en la frontera norte llega a trece mil cuatrocientos nueve pesos al mes, el salario medio de la economía formal tocó veinte mil doscientos doce pesos. La pobreza laboral, esa que mide si el ingreso del hogar alcanza la canasta alimentaria, está en 30.7 por ciento: el piso más bajo en dos décadas, quien viva de un salario mínimo o de una pensión de adulto mayor no necesita que le expliquen qué cambió desde el gobierno de Peña Nieto, cambió el piso, eso es rumbo.
El mismo rumbo, visto de frente y no de perfil, muestra otra geografía. En el segundo trimestre había sesenta millones de personas ocupadas y una desocupación de 2.7 por ciento, tal como se dijo en Palacio Nacional, de cada cien ocupados, cincuenta y cinco están en la informalidad, de los 599 mil empleos adicionales respecto a 2025, 495 mil nacieron fuera de la ley del trabajo. Las condiciones críticas de ocupación (pocas horas, poco ingreso) subieron a 38 por ciento, en julio la desocupación mensual ya era 2.9 y menos gente buscaba empleo, Banco de México recortó su rango de plazas del Seguro Social para todo el año a entre 220 mil y 400 mil, el Banco Interamericano, el mismo 1 de septiembre, advirtió que el mínimo ya rebasó la mediana salarial y que lo que sigue pide más cuidado.
Hay rumbo, entonces, en el piso, el techo es otra conversación. Un país puede subir el salario mínimo, becar a la secundaria entera y pensionar a casi catorce millones de adultos mayores (y hacerlo de buena fe) mientras la mitad de quienes trabajan sigue sin contrato, sin cotización y sin la jornada que la ley acaba de prometer para 2030, la primavera laboral que el Informe proclama es primavera del piso legal, el solar de la economía cotidiana sigue siendo el de siempre: el taller que no factura, la aplicación que sí, el jornal que ahora tendrá sello y el mostrador que no.
LA INVERSIÓN QUE PERMANECE Y LA QUE NO LLEGA
“Récord de inversión extranjera directa”, anunció la Presidenta: treinta y cinco mil millones de dólares en el primer semestre, doce por ciento más que en 2024. La Secretaría de Economía publicó 34 mil 968 millones, 2.1 por ciento más que en 2025, casi no hay distancia en el monto, hay un abismo en la composición. El 88.5 por ciento fue reinversión de utilidades: dinero de empresas que ya estaban y decidieron no llevárselo, las inversiones nuevas fueron 7.8 por ciento del total: 2 mil 726 millones de dólares, el segundo trimestre, además, cayó 3.5 por ciento respecto al año previo.
En economía política esa distinción no es menor, una economía que retiene utilidades es una economía en la que el capital instalado todavía encuentra razón para quedarse, una economía que no abre plantas nuevas al ritmo del discurso es una economía que administra lo que ya tiene. El Plan México (veinticinco polos, veinticinco parques en operación de una meta de cien, una ventanilla que en cuatro meses aprobó diecinueve proyectos por 3 mil 760 millones de dólares) apunta al segundo movimiento, todavía no lo consuma. Reducir trámites es una virtud administrativa, no sustituye energía firme, agua industrial ni la letra chica del tratado con Estados Unidos, de donde sale el 48 por ciento de esa inversión.
El superávit comercial de 9 mil 857 millones de dólares en el semestre cabe en la misma fotografía, es real, también es un superávit de la economía que ensambla: las exportaciones automotrices, las que reciben el arancel, apenas se mueven; las no automotrices (sobre todo equipo de cómputo que entra de Asia se arma aquí y sale al norte) cargan el número. La balanza petrolera, en cambio, sigue en déficit ancho, el Informe habla de soberanía energética y de balanza positiva como si fueran la misma frase, son dos países en un solo tablero.
LA CAJA DEL ESTADO QUE SEÑALA EL DESTINO
Todo rumbo se paga. El Informe dice que en 2025 el Gobierno Federal ingresó 6 billones 46 mil millones de pesos y que a agosto de 2026 la recaudación ya lleva 149 mil millones más que el año previo, dice, además, que el gasto corriente se recortó en 200 mil millones respecto a 2024, con esos dos pilares sostiene el billón de pesos de los programas de bienestar, las 30 mil plazas nuevas, el aumento a maestros y la obra que viene.
Las cuentas de Hacienda, leídas sin el atril, dibujan otro paso, en el primer semestre de 2026 los ingresos del sector público quedaron 141 mil millones debajo de lo programado y apenas 0.1 por ciento arriba en términos reales. El impuesto sobre la renta (el que grava utilidades y salarios formales) caía 6 por ciento real a julio, el impuesto al valor agregado, el del consumo, sostenía la recaudación.
El gasto neto creció 2.1 por ciento real, el gasto corriente estructural crecio un 9.7%. En abril se reformó la ley para sacar de esa cuenta los programas universales y la nómina de educación, salud y seguridad, con esa pluma, recortar corriente y ensanchar el bienestar pueden escribirse como dos virtudes y ser el mismo movimiento.
El saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público ronda ya 19 billones de pesos, cerca de 51 por ciento del producto, según el propio recorte de Hacienda, la deuda bruta del sector público se acerca a 20.6 billones, el costo financiero del semestre fue 693 mil millones: casi cuatro mil millones cada día. Un Estado que crece a 1.3 por ciento real y gasta como si creciera al doble no está perdido, está ocupado, ocupado en sostener pensiones, Pemex, combustibles sin aumento, trenes y el billón de la inclusión, eso también es rumbo, es el rumbo de un erario que ya eligió a quién servir primero y todavía no muestra de dónde saldrá el siguiente piso.
TRES VELOCIDADES QUE EL INFORME NO PONE EN LA MISMA PÁGINA
Lo que se celebra: la economía avanza, la cifra que lo sostiene: PIB del segundo trimestre, más 1.4 por ciento trimestral; el año, entre 1.3 y 1.5, lo que el rumbo no nombra: primer trimestre en contracción; efecto de un Mundial que no se repite.
Lo que se celebra: récord de inversión extranjera. La cifra que lo sostiene: 34 mil 968 millones de dólares en el semestre, lo que el rumbo no nombra: 88.5 por ciento es utilidad retenida; lo nuevo es 7.8 por ciento.
Lo que se celebra: primavera laboral, la cifra que lo sostiene: salario mínimo, más 154 por ciento real; pobreza laboral, 30.7 por ciento, lo que el rumbo no nombra: informalidad de 55.1 por ciento; el empleo nuevo nace fuera de la formalidad.
Lo que se celebra: balanza comercial positiva, la cifra que lo sostiene: superávit semestral de 9 mil 857 millones de dólares, lo que el rumbo no nombra: déficit petrolero; ensamble de cómputo con poco valor nacional.
Lo que se celebra: austeridad y recaudación récord, la cifra que lo sostiene: 6.046 billones en 2025; 200 mil millones menos de corriente, lo que el rumbo no nombra: ISR a la baja; gasto corriente estructural, más 9.7 por ciento real; deuda en 51 por ciento del producto.
SOBERANÍA DE DISCURSO, DEPENDENCIA DE HECHO
La Presidenta no eludió el mundo, nombró los aranceles estadounidenses, la guerra en Irán, las diecisiete muertes de paisanos en centros de detención, dijo que la soberanía no se negocia, no se entrega y no se comparte. En el mismo mensaje admitió que el 75 por ciento del gas natural se importa y que el 90 por ciento de ese gas nace de yacimientos no convencionales que un comité de expertos acaba de vedar en la cuenca Tampico-Misantla, Pemex, según el atril, produce 1.77 millones de barriles y bajó su deuda en 20 mil millones de dólares, la empresa, en su propio reporte del primer trimestre, produjo 1.65 millones —con socios y condensados— y debe cerca de 79 mil millones, la merma del pasivo ha viajado, en buena medida, por las aportaciones del Gobierno Federal.
Hay rumbo también aquí: el de un Estado que recupera empresas públicas, construye ciclo combinado, anuncia inversión mixta al 54 y 46 por ciento y, al mismo tiempo, sigue comprando el gas con el que esas plantas van a prender, no es incoherencia moral, es la restricción de una economía que decidió no abrir ciertas puertas y todavía no termina de construir las otras. Los polos del Plan México van a pedir megawatts y agua, el Informe lista los concursos, la red, el gasoducto y la presa son el rumbo que se verá —o no— cuando la planta pida voltaje un martes de septiembre.
EL PUEBLO COMO DESTINO Y COMO PRESUPUESTO
“Nadie construye una nación solo”, dijo Sheinbaum al hablar de los programas. Al cierre de 2026, 42.9 millones de derechohabientes y un billón de pesos, trece millones 788 mil adultos mayores con seis mil cuatrocientos pesos bimestrales, mujeres de sesenta a sesenta y cuatro, personas con discapacidad, becas de la primaria a la universidad, fertilizante, semilla, leche, convertir el amor en política pública, dijo, y la política pública en derechos. En el léxico de la economía moral, esa frase cierra el argumento: el rumbo es la gente.
Un derecho, sin embargo, no se sostiene con la emoción que lo nombra, se sostiene con la productividad de quienes trabajan, con la renta que el fisco puede cobrar sin secar la formalidad y con un Estado que distinga cobertura de resultado. El billón de pesos llega, la pregunta que el Informe no formula es qué produce ese billón además de llegar, si el joven becado termina, si el hospital del bienestar opera de noche, si el maíz anunciado de más se paga al productor y no se queda en el intermediario, si la vivienda contratada (668 mil, según el atril; 24 mil 500 entregadas, según el recuento de junio) se habita, el rumbo de las transferencias ya está trazado, el rumbo de los bienes públicos, menos.
Por eso la frase final del Informe es, a su manera, exacta, “Hay rumbo”. Lo marca, en efecto, una mayoría que votó redistribución, piso salarial y Estado presente, ese rumbo se puede medir, crece entre uno y dos por ciento, formaliza poco, invierte sobre todo lo que ya estaba invertido, exporta lo que arma, importa el gas con el que se ilumina, recauda el consumo y se le resiste la renta. Paga cada día casi cuatro mil millones solo de deuda y celebra, con razón estadística, que no hay naufragio.
Un país puede vivir mucho tiempo en ese sendero, puede, incluso, vivir mejor que en el sendero anterior, el de los salarios congelados y el gobierno lejano. Eso es lo que el Informe pide que se reconozca, y en varios tableros hay que reconocerlo, lo que no pide y lo que la economía política no puede dejar de anotar, es que el destino ya tiene velocidad de crucero, no es la velocidad de quien transforma la estructura productiva, es la de quien administra, con pulso y con caja cada vez más comprometida, el país que ya tenemos.
Hay rumbo, el pueblo lo marcó, las cuentas, que no aplauden, dicen a qué paso se camina.
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