El gobierno entregó cuentas más honestas que en abril y menos austeras de lo que prometió. En la casa grande del país se pagó el depósito de los mayores y se volvió a anotar la impermeabilización para otro año
Hay casas que no se caen de un día para otro, se van humedeciendo, el recibo de la luz se paga en tiempo, el apoyo a los abuelos llega el día primero, la tarjeta no se deja vencer y el techo, que ya gotea en la recámara de atrás, se apunta otra vez en una libreta: “el año que entra”. Esa es, en pequeño, la historia que esta tarde quedó escrita en cinco documentos oficiales, el gobierno de Claudia Sheinbaum no decretó un paquetazo, tampoco hizo el ajuste que las calificadoras pedían con la regla en la mano, eligió la meseta: parecer responsable en Nueva York y generoso en la colonia, a diez meses de las elecciones intermedias.
El secretario Édgar Amador llegó a San Lázaro con la voz de las finanzas sanas, dijo que el Estado orienta e impulsa, que la pobreza bajó y que la transformación se sostiene en el tiempo, todo eso puede ser cierto y, aun así, no alcanza para describir lo que los papeles dicen. Los Criterios, la Ley de Ingresos, el Presupuesto, los Derechos y el Informe de aranceles cuentan una casa más estrecha que la de abril, el país ya no crece, en el papel, hasta 2.9 por ciento, crece, si acaso, entre 1.5% y 2.5%, el hueco amplio de las finanzas (lo que Hacienda llama requerimientos financieros) ya no es 3.5 por ciento del producto, es 3.9 y el superávit primario, esa sobra que queda cuando se pagan los intereses y que sirve para no seguir empujando la deuda, quedó en 0.6%, en abril prometían 1.1%, la diferencia no se oye en tribuna, se oye, más tarde, en la mensualidad.
Conviene bajar esas cifras a la cocina, un hueco de 3.9 por ciento sobre una economía de 39.42 billones de pesos son 1 billón 556 mil millones que el gobierno tendrá que volver a pedir prestados, el costo de la deuda ya contratada suma 1.575 billones: más de cuatro mil millones de pesos cada día del año, solo en intereses. Es como una familia que destina casi lo mismo a la tarjeta de lo que gasta en la despensa fuerte, puede seguir viviendo, lo que no puede, es decir, con seriedad, que el techo está resuelto, la deuda amplia se sienta en 55 por ciento del producto y, en 2027, todavía sube un punto, quien diga que se estabilizó está leyendo el título y no la libreta.
La pregunta que cualquier lector se hace frente a un gobierno que gasta más de lo que cobra es sencilla: ¿de dónde va a salir la diferencia sin subirle el IVA a la tortilla? la respuesta oficial tiene dos partes, y las dos caben en la misma analogía, la primera es que no hay impuestos nuevos ni alza de tasas generales, eso es verdad y es, además, el pacto político del año, la segunda es que el Impuesto sobre la Renta de las empresas y de quienes ya están en la formalidad deberá crecer 7.2 por ciento en términos reales, y que el impuesto a las gasolinas deberá crecer 16.2, en cristiano: el SAT tiene que cobrarle mejor a quien ya está en el padrón, porque al pozo ya no le alcanza, los ingresos petroleros caen 14.4 por ciento, el crudo dejó de ser el padre de familia que llegaba con el sobre el viernes, ahora el sobre tiene que salir de la oficina de cobranzas.
El problema de ese relato es que la oficina de cobranzas no tuvo un buen primer semestre, en 2026 el ISR se contrajo, pedirle un rebote de 7.2 por ciento en 2027, sin tocar tasas, es pedirle a un cobrador que en doce meses recupere lo que no recuperó cuando la economía ya venía despacio, si lo logra, el gobierno podrá presumir un récord tributario de 15.9 por ciento del producto y decir, con razón, que no metió la mano en el bolsillo del mercado, si no lo logra, el 3.9% de esta tarde se parecerá al 4.3% del año siguiente, y la familia habrá descubierto que el milagro no era de la casa, sino del discurso.
Hay otra manera, más discreta, de llenar la alcancía sin pronunciar la palabra impuesto, se llama Ley Federal de Derechos, el Estado cobra más por usar el cielo, el riel, el agua, el trámite sanitario, el permiso de migración o la vigilancia de la Comisión Bancaria, no le sube el IVA a quien compra jabón, le cobra más a la aerolínea, al ferrocarril, al importador que certifica un embarque, en la vida diaria se parece a la administración del edificio que, en lugar de una cuota extraordinaria a todos los vecinos, sube el precio del estacionamiento y de la mudanza, quien no usa esos servicios apenas lo nota, quien los usa, lo nota en marzo.
Lo mismo ocurre en la aduana, el Informe de aranceles cuenta que el gobierno protegió 185 fracciones industriales (acero, textiles, químicos, autopartes, muebles) y dejó el azúcar en aranceles de 156 y 210 por ciento, al mismo tiempo prorrogó exenciones de la canasta y sacó de esa lista carnes, arroz, aceites, frijol y lácteos para empujar el producto nacional, quiere la tortilla barata y el acero caro, quiere alivio en la mesa y resguardo en la planta, esa tensión no se vota en noviembre, se pesa en el mercado de la esquina, cuando el empaque sube y el discurso sigue hablando de inflación de 3 por ciento al cierre de 2027.
En el fondo del patio está Pemex, el pariente al que la casa no deja de sacarle las castañas, el Paquete le anota un superávit de 95.1 mil millones, sin la transferencia del gobierno, sobrarían solo 14 mmdp. Los 81.1 mil millones que salen de Hacienda sirven para pagar deudas viejas de la empresa, en el manual eso no agranda el déficit consolidado, porque amortizar no es gastar, en la economía de cualquier familia, sí es dinero que no fue al hospital ni al bache de la calle. La Comisión Federal de Electricidad recibe otros 90.4 mil millones, el gobierno federal se queda con un hueco de 4 por ciento del producto; las empresas y los institutos de salud “sobran” medio punto y dejan la cuenta en 3.4%, es el truco del consolidado: el padre se endeuda y los hijos aparecen con saldo a favor, mientras Pemex no llame otra vez en marzo, el álbum familiar se ve ordenado.
El gasto de la casa, el que sí se ve, quedó en 10.636 billones de pesos, de ese total, lo programable (salud, escuela, pensión, obra) suma 7.311 billones y apenas crece 1.1 por ciento real, ahí tienen que caber el depósito de los 43 millones de personas de la red de bienestar y la pala de la obra pública que el secretario cifró en 2.6 por ciento del producto.
En el primer semestre de este año lo social avanzó 9.7 por ciento y la inversión física cayó 7.9, el Decreto no desmiente esa costumbre: la esconde en tomos, hasta no ver ramos, el 2.6% de la tribuna es una simetría de discurso, dos veces 2.6% suena a equilibrio, en la libreta de la obra pública, el equilibrio se demuestra con cemento, no con eco.
Por eso la Federación Mexicana de Economistas Colegiados, que en agosto pidió un hueco claramente bajo 3.5%, una base más ancha de ISR, un piso de obra pública y reglas de mediano plazo no puede firmar este Paquete como corrección, puede firmarlo como administración de una humedad. Hacienda publicó una gráfica hasta 2032 en la que el hueco baja a 3.1% y el país crece siempre entre 1.5% y 2.5%, como si no hubiera trato comercial en disputa, ni Pemex extra, ni recesión del vecino, una gráfica no impermeabiliza el techo de la casa, Banamex ya veía el ajuste de verdad hacia 2030, S&P dejó la perspectiva negativa y un reloj de veinticuatro meses, esta tarde nadie degrada a México, esta tarde nadie, tampoco, puede decir que la viga se secó.
En el Congreso la votación no es el misterio. Morena y sus aliados tienen los votos y reciben el texto que pedían: sin impuestos generales, con factureras en el relato, con el bienestar intacto, el PAN y el PRI votarán en contra y hablarán de bolsillo y de deudas viejas, tienen razón en el diagnóstico y no tienen aritmética, Coparmex pidió que no hubiera impuestos nuevos y que no se recortara la obra pública, ganó lo primero y recibió una promesa de lo segundo, el lector que no entra a San Lázaro paga de otro modo, no ve el ISR de las empresas, sí puede ver el trámite más caro, el vuelo, el empaque o, si el milagro del SAT no llega, un 2028 con menos obra y la misma frase de las finanzas sanas.
El Paquete se aprueba antes del 15 de noviembre, el juicio no está en esa fecha, está en tres preguntas que cualquier vecino puede hacer el 31 de diciembre de 2027, sin saber de siglas, Primera: ¿les cobró el gobierno a las empresas lo que dijo que les iba a cobrar, o el milagro del ISR se quedó en el sermón? Segunda: ¿se taparon baches y se tendieron vías cerca de lo prometido, o la obra pública volvió a ser lo primero que se apaga cuando falta dinero? Tercera: ¿Pemex se quedó con los 81 mil millones o volvió a tocar la puerta? si las tres respuestas son sí, esta tarde habrá sido una meseta responsable: ni paquetazo ni ajuste, una pausa de año electoral, si dos son no, la casa habrá celebrado otra vez el depósito y habrá dejado el techo para el cuaderno del año siguiente, la gotea no espera a las intermedias
Únete al canal de WHATSAPP DE EL INDEPENDIENTE, también a nuestro canal de TELEGRAM y recibe las noticias clave del día, análisis y últimas actualizaciones directamente en tu celular.

