Por Oliver Santín PeñaLa mesa quedó vacía. Después de meses de tensiones, Canadá decidió abandonar las negociaciones con Estados Unidos y retirar a su delegación de Washington. El primer ministro canadiense Mark Carney ordenó el regreso de sus representantes y anunció la suspensión de las conversaciones destinadas a encontrar una salida a los aranceles impuestos por Donald Trump. El gesto no es sólo una decisión comercial, encierra algo mucho mayor, una batalla en la que Carney pretende redefinir la relación de Canadá con Estados Unidos, y con ella, el lugar que Ottawa pretende ocupar en el nuevo orden internacional.
El 22 de agosto, unas pocas horas después de la retirada de los negociadores canadienses de la capital estadounidense, y en medio de la conmoción de las redes productivas norteamericanas, Mark Carney emitió un discurso televisado en Ottawa. De frente a la cámara, detrás de un podio tallado con una hoja de arce y flanqueado por ocho banderas canadienses, el primer ministro se dispuso a señalar quienes para él eran los responsables, y con el mismo tono flemático que lo caracteriza afirmó: “Durante más de un año, Canadá ha trabajado intensamente y de buena fe con Estados Unidos para negociar un nuevo acuerdo comercial integral… Desde el principio reconocimos que Estados Unidos había cambiado. A principios del año pasado, en esta misma sala, observé que el proceso de décadas de integración progresiva entre nuestras economías había terminado. Nuestro gobierno comprendió, antes que muchos, que Estados Unidos transformaría todas sus relaciones comerciales, que impondría una serie de aranceles a sus aliados más cercanos y que utilizaría la integración económica como arma”.[1]
De esta forma, con el escenario armado, Carney el tecnócrata, retomó su discurso de soberanía, resiliencia y salvaguarda de las potencias medias para afianzar la primera línea de defensa y preservar una arquitectura de poder financiero internacional, que, hoy más que nunca, se encuentra debilitada por las prácticas del nacionalismo populista trumpista.
Así, Mark Carney se presenta como el profeta de un nuevo orden internacional basado en la soberanía de las potencias medias. Pero su verdadera doctrina no consiste en liberar a esas naciones de la estructura del globalismo, sino en reconstruir tales estructuras alrededor del poder financiero trasnacional utilizando ahora al Estado nacional como escudo para permitirle construir esa transformación. Pero, vale la pena reflexionar que, si bien Carney ha descrito la transformación en el sistema internacional con bastante precisión, podríamos preguntarnos ¿quién le confirió el derecho de presentarse como el arquitecto moral de la resistencia? Y de qué manera dos discursos; el de Davos en enero y el de Ottawa en agosto del mismo año 2026, se convierten en dos estaciones de la misma concepción de poder. Aquí, quizá lo más interesante, será concebir de qué manera Carney no solamente es la antítesis de Donald Trump en el escenario internacional, sino que también podemos inferir que en la actualidad vivimos una era de metamorfosis que está fragmentando la geopolítica actual, y al mismo tiempo, orillando a que el globalismo financiero utilice a la soberanía nacional como el elemento de ocasión para perdurar y defenderse.
Y ahí es precisamente en donde se abre una pequeña fisura en el decálogo “Carneysiano”, porque precisamente en los años dorados del neoliberalismo, la soberanía nacional era el elemento que debía debilitarse y desacreditar para permitir la entrada de capitales financieros multinacionales que invadieran los mercados. Por ello, la misión de Carney de defender a Canadá frente a Washington, no debe entenderse como un ejercicio soberano nacionalista, sino como un recurso financiero y trasnacional con aspiraciones globales.
De tal modo, analizar con detenimiento su discurso en Ottawa del 22 de agosto, es un buen ejercicio para conocer sus verdaderos alcances y dirección. En su decálogo de Ottawa, el primer ministro de una forma cuidadosa intenta colocar en primer lugar de sus prioridades al trabajador canadiense y a sus familias, pero les aclara que la relación comercial con Estados Unidos no se va a dar a cualquier precio, desestimando así cualquier reclamo en contra del líder, so pena de ser considerado antinacionalista. En este sentido, Carney remató sentenciando: “No podemos aceptar lo que nos han ofrecido, y no daremos lo que han pedido”. No puede negarse que la contundencia de sus palabras no deja espacio para reclamos, solamente se pasa por alto que las verdaderas razones para negar un acuerdo con EE. UU. siguen siendo poco claras ante la opinión pública.
Quizá, uno de los momentos más vulnerables del discurso de Carney en Ottawa, fue cuando señaló que había ciertas cosas que no estaba dispuesto a comprometer, como era la soberanía de Canadá, y remató: “No estábamos dispuestos a ceder en lo que respecta a nuestra soberanía, la protección del idioma francés y nuestra cultura. A nuestros colegas estadounidenses, seamos claros: para mi gobierno y para Canadá, estos temas nunca estuvieron sobre la mesa, aunque Estados Unidos lo intentó hasta el último momento”[2]. El problema es que cuando se le preguntó al jefe y encargado principal de las negociaciones comerciales y arancelarias estadounidenses –Jameson Greer– su opinión sobre las aseveraciones de Carney, éste respondió que eran una historia ridícula y falsa; que las protecciones al idioma francés en Canadá nunca estuvieron a debate durante las negociaciones, y que lo que en realidad había sucedido, era que a los gigantes del streaming de EEUU no les gustaba que bajo las dinámicas vigentes se les obligara a destinar parte de sus ganancias a financiar el contenido canadiense local. Greer remató señalando que él entendía que los quebequenses quisieran contendido en francés[3].
Ahora, más allá de que alguna de las dos partes está mintiendo o diciendo verdades a medias, lo cierto es que con esta postura el primer ministro canadiense buscó ganarse el favor electoral de los quebequenses, que son, por mucho, el sector social más nacionalista y anti trumpista del país. Incluso la primera ministra de Quebec Christine Fréchette, respaldó la decisión de Carney de abandonar las negociaciones con EE. UU., pues las conversaciones parecían cruzar una línea roja para los francófonos. Al respecto dijo: “Nuestra cultura y nuestro idioma son fundamentales para nuestra identidad, y es importante excluirlos de la mesa de negociación. Es algo crucial para nosotros y no cambiará, aunque nos amenacen con diferentes aranceles. Seguiremos siendo como somos”[4].
Esta estructura nacionalista que construyó con habilidad el primer ministro Carney, animó a que el político soberanista quebequense Paul St-Pierre Plamondon, quien tiene altas probabilidades de ser premier en Quebec, anunciara que, de llegar al poder, su partido pospondría un posible referéndum sobre la secesión de Canadá hasta que Trump dejara el cargo. De hecho, en las elecciones especiales del 31 de agosto de 2026, el Partido Liberal le arrebató un asiento en Quebec a los conservadores en el distrito de Chicoutimi-Le Fjord que había mantenido desde 2018[5]. Este resultado, junto con los otros dos en distritos de las provincias de Ontario y Columbia Británica, le dieron a Carney 173 de los 343 asientos en la Cámara de los Comunes, número suficiente para seguir envolviéndose en la bandera del nacionalismo canadiense frente a Trump y sus estridencias.
Otro pasaje particularmente revelador del discurso de Ottawa es aquel en el que Carney sostiene que Estados Unidos exigió mucho y ofreció poco. Las nuevas condiciones, afirmó, eran antieconómicas, injustas y terminaban por menoscabar los beneficios que Canadá había obtenido durante décadas de integración económica con su vecino del sur. La respuesta, por tanto, sería contundente: Ottawa igualaría los aranceles estadounidenses dólar por dólar. Pero Carney no dejó pasar la oportunidad de incluir la medida en el lenguaje de la protección social; los nuevos gravámenes, aseguró, no buscaban castigar a nadie, sino proteger a los trabajadores, agricultores, familias y, sobre todo, a las empresas canadienses. Una curiosa forma de presentar una guerra comercial como un acto de defensa nacional. Las contramedidas entrarían en vigor, además, de manera tan simbólica como calculada, el martes siguiente al Dia del Trabajo; el 8 de septiembre. Así, lo que técnicamente era una represalia arancelaria, fue presentada ante los canadienses como una cruzada por la patria y la soberanía.
En el siguiente párrafo, Carney afirmó que diversificar el comercio del país nunca fue el Plan B, sino que siempre fue su plan A. También añadió que su gobierno estaba destinando millones de dólares a la construcción de viviendas asequibles, promesa que los gobiernos liberales vienen haciendo desde los años de Justin Trudeau sin que se solucione en realidad esta grave crisis. Los números pueden parecer esperanzadores cuando en su discurso Carney anunció que se estarían invirtiendo 51 mil millones de dólares canadienses para tal fin. Sin embargo, es oportuno conocer que su gobierno anunció en marzo del mismo año 2026, una inversión en defensa y seguridad de aproximadamente 500 mil millones de dólares canadienses para los siguientes 10 años, a un ritmo de alrededor de 50 mil millones por año[6]. Tales datos nos pueden dar una idea de las prioridades del primer ministro.
Dentro de esta vorágine de mensajes del 22 de agosto de 2026 en Ottawa, Carney sentenció que los aranceles estadounidenses estaban dirigidos a perjudicar a los canadienses y a dividirlos, pero que Washington estaba equivocado porque los canadienses siempre se unían porque saben que juntos son más fuertes. Los conminó a seguir afrontando estos momentos difíciles con aplomo, determinación y fortaleza. Es decir, con este párrafo le pidió al pueblo soportar las adversidades venideras buscando extender su resistencia, pues es consciente que los costos los pagara, desde luego, la clase trabajadora canadiense.
Incluso, pidió solidaridad, y llamó a los canadienses a repetir estos actos “miles de veces” para continuar siendo “dueños de su destino”. Aseguró que su gobierno respondía precisamente a este espíritu y anunció que destinaría 25 mil millones de dólares para proteger a los trabajadores canadienses a través de sus empresas. Pero es justamente aquí donde el discurso comienza a revelar una paradoja difícil de ignorar. Carney necesitó ocho cuartillas para llegar hasta la séptima y explicar que buena parte de ese esfuerzo estaría destinado a financiar a “las grandes empresas para que sigan operando”[7]. Es decir, el llamado a la solidaridad nacional terminaba desembocando en una formula bastante conocida: socializar las pérdidas mientras se privatizan las ganancias. Una práctica recurrente de la tecnocracia global, aunque ahora revestida de un nuevo lenguaje de solidaridad, trabajo duro, sacrificio, y, sobre todo, aceptación de las consecuencias en nombre del interés nacional.
Para justificar esta postura, Carney planteó que Canadá cuenta con la posición más sólida del G-7, que la inversión extranjera directa se encontraba en el nivel más alto en casi dos décadas: que el país se encontraba mejor que nunca, justo cuando Estados Unidos quería controlarlos, pero que él no lo permitiría y estaba cumpliendo esa promesa. Lo que no prometió y se veía venir desde Davos, era el sacrificio que significaría esta postura para el consumidor y la clase trabajadora canadiense que no logra salir de sus crisis de salud, vivienda e inflación.
Mark Carney cerró su alocución con el modo más melodramático posible al señalar: “Los canadienses no nos sometemos al clima; prosperamos en él. No esperamos a ver hacia dónde sopla el viento ni nos dejamos llevar por las olas para ser zarandeados por la tormenta. Marcamos nuestro propio rumbo. Creamos nuestro propio clima. En Canadá, somos dueños de nuestro propio hogar, de costa a costa”[8]. Y, para muestra del efecto emocional que este tipo de discursos suelen tener entre sus allegados ideológicos, basta con leer la prensa internacional que se desvive por alagar a Carney e incluso en ejercicios extraños –por decir lo menos– se empeña en afirmar que las palabras del primer ministro no sólo son precisas defendiendo el sistema financiero global, sino que en esta última alegoría del clima Carney había elevado su discurso haciendo sus “palabras hermosas, aunque trágicas”[9]
Bien, entonces habría que preguntar, qué puede encontrarse detrás de este discurso plagado de analogías nacionalistas, peticiones de sacrificio a la población, y su aceptación para avalar rescates multimillonarios a grandes empresas privadas para poder “resistir” al Estados Unidos de Trump, como si Trump fuera un joven dictador con décadas por delante.
Bueno, en primer lugar, debe quedar claro que Carney llegó al poder en Ottawa con la encomienda de defender a Canadá frente al gobierno de Washington, pero su concepción de poder no debe entenderse como nacionalista, sino que es financiera, trasnacional y global. Es decir, con Carney estamos siendo testigos de cómo un tecnócrata globalista se disfraza de nacionalista y patriota con el fin de colocar la soberanía canadiense al servicio del globalismo financiero. Y es que precisamente el primer ministro está definiendo el interés canadiense desde una arquitectura de poder que trasciende al Estado nacional, y ese es precisamente el problema; ¿qué puede ocurrir cuando un representante de la élite financiera global llega a dirigir un Estado-nación que enfrenta una crisis? En México y en América Latina hay muchos ejemplos de lo qué ha sucedido.
En segundo lugar, hay que considerar qué, la Doctrina Carney no busca regresar al nacionalismo económico, sino construir una nueva forma de soberanía compatible con la globalización financiera: un Estado nacional políticamente soberano pero insertado en redes económicas, financieras y regulatorias trasnacionales. Por ello es posible considerar que el globalismo está mutando su forma original para adaptarse al nacionalismo populista emergente y que tanta fuerza está tomando en esta tercera década del siglo XXI. Es decir, los actores que construyeron durante décadas aquel orden no necesariamente están dispuestos a desaparecer con él, sino a mutarse ideológicamente para mantenerse vigentes.
Por lo tanto, Mark Carney puede entenderse como una de las formas más sofisticadas mediante las cuales la elite globalista –respaldada por el capital financiero internacional– está aprendiendo a sobrevivir sin la hegemonía y dirección de EE. UU. Desde esta perspectiva, el discurso de Davos del 20 de enero de 2026 no fue una reflexión abstracta ni improvisada, es decir, fue el marco intelectual desde el cual Carney comenzó a formular el rechazo a Washington y que, meses después, encontraría su expresión política y acción en el discurso de Ottawa del 22 de agosto.
Pero aquí salta la pregunta más incómoda: ¿quién pagará la transición canadiense? Las represalias arancelarias de EE. UU. elevarán los costos, reducirán opciones para los consumidores y presionarán una economía que ya enfrentaba dificultades. Carney lo sabe, lo reconoce, y, aun así, ha decidido avanzar. Entonces, la verdadera discusión no es solamente cuánto puede resistir Canadá frente a Trump, sino qué concepción del interés nacional permite considerar esos costos como aceptables.
Un tecnócrata tiende a pensar en estabilidad, resiliencia económica, competitividad, flujos de capital, productividad, cadenas de suministro, inversión y posición internacional. El ciudadano, en cambio, piensa en precios, empleo, vivienda, salarios, consumo, comunidad, seguridad económica. El problema surge cuando las primeras variables terminan definiendo el bienestar de las segundas y, en el proceso, ocultan quién paga realmente el costo de la transición.
Y aquí aparece el verdadero problema de la soberanía. Porque una cosa es la soberanía política; la capacidad del Estado para decidir sus acciones de gobierno. Y otra, la soberanía económica y financiera. ¿Quién decide qué se produce, qué se consume, dónde se invierte, quién controla el capital y bajo qué reglas opera el mercado? Entonces viene otra inquietud difícil de esquivar. ¿Puede hablarse de soberanía nacional plena cuando la estrategia de desarrollo depende cada vez más de atraer capital global, integrarse a los mercados internacionales y competir por inversión internacional? En ese sentido, la Doctrina Carney no propone abandonar la globalización, sino sobrevivir a ella mediante la nación. Las potencias medias, según esta lógica, no necesitan competir militarmente con las grandes potencias (Estados Unidos, China y Rusia), pero si pueden convertirse en nodos financieros, tecnológicos, energéticos, regulatorios y comerciales indispensables.
Canadá apuesta precisamente a eso, utilizar sus recursos energéticos y minerales, su capacidad alimentaria y tecnológica financiera para volverse indispensable dentro del sistema global. Pero ser indispensable para el sistema global no es necesariamente lo mismo que ser soberano frente a él, y ahí se encuentra la paradoja del proyecto de Carney. Un Estado puede recuperar capacidad de negociación frente a Washington sin recuperar necesariamente el control sobre las estructuras financieras y económicas que condicionan sus decisiones.
Al final, Trump y Carney parecen recorrer caminos opuestos hacia un mismo escenario. Trump quiere renegociar la globalización desde la nación. Carney quiere sobrevivir a la globalización actual mediante la nación. Trump Desmontar las reglas que limitaron el poder estadounidense, Carney busca construir nuevas reglas capaces de limitar ese poder sin abandonar la arquitectura global. Y quizá, esa sea la verdadera batalla que hoy se libra en Canadá, no solamente la disputa entre Ottawa y Washington, ni siquiera la confrontación entre Trump y Carney. Sino la lucha por decidir qué significará la soberanía en el mundo que está naciendo de las ruinas de la globalización que conocimos.
Porque, al final, la pregunta no es si Canadá logrará resistir a Trump, la pregunta es otra, ¿para quién, o para quiénes estará construyendo Carney esa nueva soberanía?
Referencias bibliográficas
- Mark Carney´s full speech after trade talks with the U. S. collapsed, en: https://www.cbc.ca/news/politics/carney-full-remarks-us-trade-talks-suspended-9.7317033
- Mark Carney says Canada can´t accept US trade deal that would weaken French language, en: https://www.theguardian.com/us-news/2026/aug/24/canada-trade-deal-trump-mark-carney-french-language?CMP=share_btn_url
- Canada´s ruling Liberals sweep Byelections in boost to Mark Carney, en: https://www.theguardian.com/world/2026/sep/01/canada-liberals-special-elections-mark-carney?CMP=share_btn_url
- The Carney Mandate: Navigating Canada´s New 500B Defense Industrial Strategy, en: https://www.rampupgrowthadvisors.com/blogs/the-carney-mandate-navigating-canadas-new-500b-defence-industrial-strategy/
- How Mark Carney´s speeches have become political earthquakes, en: https://www.theguardian.com/commentisfree/2026/aug/26/mark-carney-speeches-trump?CMP=share_btn_url
[1] Read Mark Carney´s full speech after trade talks with the U. S. collapsed, en: https://www.cbc.ca/news/politics/carney-full-remarks-us-trade-talks-suspended-9.7317033
[2] Read Mark Carney´s full speech after trade talks with the U. S. collapsed, en: https://www.cbc.ca/news/politics/carney-full-remarks-us-trade-talks-suspended-9.7317033
[3] Mark Carney says Canada can´t accept US trade deal that would weaken French language, en: https://www.theguardian.com/us-news/2026/aug/24/canada-trade-deal-trump-mark-carney-french-language?CMP=share_btn_url
[4] Mark Carney says Canada can´t accept…
[5] Canada´s ruling Liberals sweep Byelections in boost to Mark Carney, en: https://www.theguardian.com/world/2026/sep/01/canada-liberals-special-elections-mark-carney?CMP=share_btn_url
[6]The Carney Mandate: Navigating Canada´s New 500B Defense Industrial Strategy, en: https://www.rampupgrowthadvisors.com/blogs/the-carney-mandate-navigating-canadas-new-500b-defence-industrial-strategy/
[7] Read Mark Carney´s full speech after trade talks with the U. S. collapsed, en: https://www.cbc.ca/news/politics/carney-full-remarks-us-trade-talks-suspended-9.7317033
[8] Read Mark Carney´s full speech after trade talks with the U. S. collapsed, en: https://www.cbc.ca/news/politics/carney-full-remarks-us-trade-talks-suspended-9.7317033
[9] How Mark Carney´s speeches have become political earthquakes, en: https://www.theguardian.com/commentisfree/2026/aug/26/mark-carney-speeches-trump?CMP=share_btn_url
[1] Investigador titular B de tiempo completo, Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN), UNAM correo electrónico: [email protected]
[2] Read Mark Carney´s full speech after trade talks with the U. S. collapsed, en: https://www.cbc.ca/news/politics/carney-full-remarks-us-trade-talks-suspended-9.7317033
[3] Read Mark Carney´s full speech after trade talks with the U. S. collapsed, en: https://www.cbc.ca/news/politics/carney-full-remarks-us-trade-talks-suspended-9.7317033
[4] Mark Carney says Canada can´t accept US trade deal that would weaken French language, en: https://www.theguardian.com/us-news/2026/aug/24/canada-trade-deal-trump-mark-carney-french-language?CMP=share_btn_url
[5] Mark Carney says Canada can´t accept… [6] Canada´s ruling Liberals sweep Byelections in boost to Mark Carney, en: https://www.theguardian.com/world/2026/sep/01/canada-liberals-special-elections-mark-carney?CMP=share_btn_url
[6]The Carney Mandate: Navigating Canada´s New 500B Defense Industrial Strategy, en: https://www.rampupgrowthadvisors.com/blogs/the-carney-mandate-navigating-canadas-new-500b-defence-industrial-strategy/
[1] Read Mark Carney´s full speech after trade talks with the U. S. collapsed, en: https://www.cbc.ca/news/politics/carney-full-remarks-us-trade-talks-suspended-9.7317033
[7] Read Mark Carney´s full speech after trade talks with the U. S. collapsed, en: https://www.cbc.ca/news/politics/carney-full-remarks-us-trade-talks-suspended-9.7317033 [8] How Mark Carney´s speeches have become political earthquakes, en: https://www.theguardian.com/commentisfree/2026/aug/26/mark-carney-speeches-trump?CMP=share_btn_url

