La decisión del presidente Donald Trump de usar los aranceles comerciales como mecanismo de presión de seguridad contra México y Canadá por la producción de drogas que consumen los adictos estadunidenses rompió la esencia del acuerdo firmado en 1993 porque la decisión llevó implícita la determinación de EU de regresar a su territorio la producción que había desperdigado el Tratado y usar tarifas para asuntos políticos.
En términos concretos, los aranceles de castigo destruyeron los mecanismos muy estrictos del acuerdo que creó el mercado comercial de Norteamérica.
El T-MEC, en los hechos, está dejando de funcionar. Como reacción inmediata, México va a tratar de reconstruir su planta de producción interna y regresar al modelo fallido de sustitución de importaciones, con la circunstancia complicada de que la planta industria y agropecuaria del pasado anterior al Tratado dejó de funcionar y entonces habría que comenzar de cero.
Lo que urge saber exige respuestas de corto plazo: cómo desmantelar la estructura de complicidades del narcotráfico en México que sólo ha podido consolidarse por la cooperación de funcionarios con los delincuentes y cuál sería el modelo de desarrollo industrial y agropecuario mexicano que sustituiría al Tratado trilateral.
El problema más serio radica en el hecho de que Tratado de Salinas a Peña Nieto fracasó en la construcción de un mercado productivo trilateral y México se redujo a una economía maquiladora, en tanto que la propuesta de modelo económico de la 4T se agota en un populismo de distribución presupuestal de dinero y no en la construcción de nuevas plantas productivas industriales y agropecuarias, con el hecho real de que el modelo de sustitución de importaciones fracasó en los sesenta y el modelo de Hecho en México se cambió por el de Hecho en Taiwán.
Trump tendrá cuatro años para reconcentrar en EU su planta productiva y dependerá del próximo presidente americano en 2028 saber si habrá continuidad del modelo de reconcentración industrial y podría darse el caso de un sucesor que retornara a la globalización iniciada en 1989 con el Consenso de Washington.
El gobierno mexicano ha reaccionado con retórica populista y nacionalista a los dos problemas graves en las relaciones bilaterales: la producción de droga que se consume en EU y la incapacidad para construir una planta nacional con capacidad de autonomía tecnológica.
Lo paradójico es que la 4T de López Obrador y Sheinbaum quieren seguir en el Tratado neoliberal de Carlos Salinas de Gortari, pero con gasto populista. Y el T-MEC ya no da para esos dos objetivos.
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