La salida de la crisis de comercio exterior por los aranceles trumpistas se encuentra, en efecto, en el mercado interno. Sin embargo, la gran paradoja del neoliberalismo del TCL 1994-2025 radica en el hecho de que la opción globalizadora solo pudo lograrse con la destrucción de las estructuras productivas del mercado interno.
Después de más de 40 años de haber olvidado el apoyo y la dinámica del mercado interno, ahora los funcionarios sacan el conejo de la chistera y dicen que la solución está justamente en el mercado interno.
El tratado interrumpió el modelo de sustitución de importaciones que ayudó a configurar una planta industrial productiva en los años cincuenta, sesenta y setenta, Promoviendo la centralidad del Tratado para el comercio exterior con la apertura de fronteras a la libre importación y a la destrucción interna de cadenas productivas completas nacionales que perfilaron el ciclo que se conoce como desindustrialización.
Volver a construir cadenas productivas para el mercado interno no es solo poner el comal para calentar tortillas, sino comenzar desde el rescate del campo que está quebrado, reestructurar organizaciones sindicales para apoyar a las empresas de productos locales y sobre todo convencer ahora a los empresarios de que el comercio exterior ya no sirve y que hay que regresar a los tiempos anteriores al Tratado salinista.
La estrategia globalizadora comenzó con el ingreso de México al GATT, continuó con la disminución de aranceles proteccionistas que tuvo México para impedir la avalancha de importaciones de bienes de consumo cotidiana y alcanzó su punto culminante con la apertura total que disparó el ingreso de productos extranjeros que México dejó de producir.
Los escépticos del Tratado siempre clamaron por dejar abierta la ventana del mercado interno, pero todos los gobiernos de 1994 a 2025 mantuvieron el Tratado a costa de reprimir, desincentivar y desmantelar el mercado interno productivo.
Reactivar el mercado interno es una de las soluciones más inteligentes de corto plazo, pero no es una decisión que se tome de un momento a otro, no hay estructura productiva interna, hay que crearla y requerirá, sobre todo, de una gran bolsa de estímulos gubernamentales que no existen parar comenzar de cero en planta productiva interna.
El punto de partida tampoco es la atención burocrática, sino que debe ser la creación de una estructura de decisiones públicas orientadas al mercado interno, comenzando con la creación de una súper Secretaría de Desarrollo Industrial y Agropecuario que sustituya a la enclenque Secretaría de Economía en función solo de control de precios.
El mercado interno necesita de tiempo, dinero y decisiones de Estado.
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