La caracterización del Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo como una continuidad del proyecto transexenal de Andrés Manuel López obrador no es una crítica radical sino la certificación de que justamente se trata de sexenio de doce años. Y queda también como enfoque analítico el hecho de que todas las reformas pendientes buscarán un tercer período de la 4T para el sexenio 2030-2036.
No se trata de enfoque negativo sino de percibir con realismo la dinámica política en México. En este sentido, en el largo período priista 1929-2000 se dieron ciclos internos cortos de dos periodos presidenciales para un mismo grupo y partido, un dato que por razones del desgaste de poder repitió el PAN solo con sus dos sexenios en 2000-2006 y 2006-2012.
La presidenta Sheinbaum fue muy clara en establecer su pertenencia al proyecto político de la 4T, y todas las sugerencias, consejas y recomendaciones realistas de que necesariamente tenía que distanciarse de su antecesor y darle un perfil propio de su presidencia chocaron con la realidad política de que efectivamente hay en curso un proyecto de grupo político, con altas y bajas normales, pero con una coalición dominante.
El saldo del primer año de Gobierno de once meses fue el de la continuidad que estableció casi como doctrina política el viejo PRI: personal, de proyecto y de grupo. En este contexto se debe entender que todas las críticas fuera de la 4T, por ejemplo, hacia Andy López Beltrán, Adán Augusto López Hernández, Ricardo Monreal Avila, Marcelo Ebrard Casaubón y hasta la disminuida Luisa María Alcalde Luján no modificarán los equilibrios dentro de la coalición dominante.
El primer año del sexenio de Sheinbaum ha cumplido con las tareas para las cuales fue electa dentro del grupo político dominante, y en todo caso solo ha tenido dificultades para resistir las presiones del Gobierno de Estados Unidos contra presuntos narcopolíticos mexicanos. La fuerza política del grupo AMLO-Sheinbaum se pondrá a prueba en el año dos del sexenio con la reforma electoral que vendría a cerrar el ciclo de la restauración del poder presidencialista y unipartidista. En este punto, la presidenta Sheinbaum arranca con mucha fuerza política su segundo año del sexenio de doce años.
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