El presidente Carlos Salinas de Gortari en 1992 se echó a cuestas la reforma al artículo 27 constitucional que había sido motivo y victoria de la Revolución Mexicana: la justicia al campo. Como parte del proyecto neoliberal, el mandatario privatizó el ejido y con ello inició el abandono de los campesinos y sus cosechas.
Los gobiernos neoliberales de Zedillo a Peña Nieto mantuvieron el modelo salinista de olvidarse de los campesinos, y el aumento de la migración de mexicanos del campo a Estados Unidos a atender cosechas extranjeras evitó un nuevo colapso social.
Las protestas de los campesinos en los últimos meses tienen dos escenarios: la migración Estados Unidos ya no es una salida y entonces los campesinos –los pocos que quedan– se tienen que quedar en el país pululando su pobreza y los gobiernos de la 4T no tienen presupuesto para reestructurar el campo porque todo se va en el subsidio de dinero regalado a sectores urbanos y semiurbanos que constituyen su base electoral.
El análisis de nuestro compañero Eduardo Gómez de la O es el más exhaustivo y profundo que se ha hecho sobre el colapso en que se encuentra el campo hoy por falta de presupuesto, pero arrastrando el abandono desde la reforma constitucional de Salinas de Gortari.
Los campesinos –aún como sector decreciente– siguen siendo clave en la estabilidad social de la República: trabajan en sus terrenos en condiciones precarias pero siguen haciendo producir la tierra, hoy son víctimas del crimen organizado que ha sustituido a los viejos caciques que explotaban a los campesinos y el gobierno federal no ha podido conjuntar presupuestos para las tres necesidades urgentes del campo hoy: la modernización productiva, el acceso a fertilizantes y agua y precios de garantía que impidan la dictadura de los caciques intermediarios.
Ante falta de una política agropecuaria para el desarrollo social del campo, los campesinos están invadiendo las ciudades para realizar paros de protesta que hasta la fecha no han tenido resultados, pero no por esa razón dejan de ser importantísimas llamadas de atención. No se prevé, desde luego, un alzamiento revolucionario de campesinos abandonados, pero estamos ya en un proceso de disminución de la mano de obra que produce los alimentos que debiera generar el mercado interno para evitar que sigamos importando la comida que no podemos producir.
En la época de Echeverría, un secretario tecnócrata de Agricultura declaró que “el campo mexicano estaba organizado para votar por el PRI”, pero no para producir los alimentos que requiere la población. Hoy, como ayer, los campesinos parece ser que ya no sirven ni para votar y por lo tanto se han convertido en los olvidados de los gobiernos del último medio siglo.
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