El reporte preliminar del INEGI sobre la variación del Producto Interno Bruto en el tercer trimestre de este año –julio a septiembre– fue un recordatorio de que la realidad económica se mueve en función de la dinámica productiva y no según los deseos de los funcionarios.
Los últimos reportes oficiales hablaban de que México parecía haber eludido la recesión, aunque se había asentado en el estancamiento o bajo crecimiento económico; pero las cifras oficiales del INEGI–aun siendo preliminares– señalan ya el primer trimestre de crecimiento negativo: -0.2%, con la cifra de 0% en el segundo trimestre.
En términos desagregados, la economía mexicana en el sector industrial ha acumulado ya cuatro trimestres con cifras negativas, el cuarto de 2024 y los 3 de 2025, con lo cual ya se confirma el temor de que México entró en zona de recesión.
Los datos del PIB como referencia del ritmo productivo de la nación deben preocupar porque estamos ante la falta de una locomotora que jale el tren de la economía, toda vez que el sector público está más preocupado por recursos fiscales que financien el gasto público social y no por usar parte del presupuesto público como estímulo a la inversión privada para darle prioridad a la producción de bienes y servicios.
Las cifras productivas del tercer trimestre de este año adelantan que difícilmente podría haber una reactivación para el cuarto trimestre y entonces el PIB promedio de 9 meses de 0.2% estaría allá en la zona abajo de flotación de 0% y podría registrar niveles negativos, con la circunstancia agravante de que la política económica para el 2026 tampoco está considerando estímulos a la producción como para iniciar una recuperación.
La economía mexicana se encuentra atrapada entre los buenos deseos de los Criterios Generales de Política Económica y el Plan México y las realidades productivas de un T-MEC que también está disminuyendo su potencialidad en la promoción de la actividad económica, y las malas noticias siguen en términos de permanencia de los actuales aranceles y la amenaza como espada de Damocles de mayores aranceles como presión estadounidense por la producción mexicana de fentanilo que se contrabandea hacia Estados Unidos.
La economía mexicana tiene capacidad en su aparato de producción para tener tasas mejores de crecimiento económico, pero la política económica gubernamental está dándole más prioridad a las obras públicas que siguen arrastrando cargas deficitarias y el gasto social que no genera demanda productiva y por lo tanto la economía mexicana no tienen en el corto plazo motores que la hagan rebotar de manera inmediata.
La mala noticia del cierre de 2025 es que el 2026 no será de reactivación y podría estar contaminando inclusive al 2027 con menores elementos de actividad económica.
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