Las verdaderas negociaciones sobre el Tratado de Comercio Libre no se están dando en las reuniones bilaterales que dice el secretario Marcelo Ebrard Casaubón que se están realizando, sino que el acuerdo se lo está rediseñando Estados Unidos de manera unilateral y basado en las declaraciones del presidente Trump y del comisionado de Comercio de la Casa Blanca.
La propuesta mexicana se está agotando en el documento nombrado como Plan México, pero sin explicar que se trata de una propuesta exclusivamente del Poder Ejecutivo Federal y que no ha sido negociada con los sectores empresariales y laborales a los que sólo se les pide el aval a ciegas y sin aceptar ninguna recomendación adicional.
La destrucción total del Tratado trilateral con el regreso de Trump a la política de aranceles –considerado de suyo como un anti T-MEC– está obligando a México a diseñar de manera urgente un verdadero Programa México de Desarrollo Industrial, Agropecuario y de Servicios a través de un hoy inexistente acuerdo entre todos los sectores productivos.
De no replantear la posición de México, desde ahora se puede adelantar que el Tratado quedará a la medida exclusiva de los intereses de Trump –ni siquiera de los de Estados Unidos– y que la parte mexicana seguirá estando a la cola de las necesidades productivas y de consumo del mercado estadounidense.
A pesar de que existe un programa de modernización de la planta productiva mexicana desde 1990, es la hora en que las fábricas intermedias de México sigan cerrando sus puertas porque nadie las ha encarrilado hacia las necesidades de aportación de piezas intermedias en los productos de exportación.
El Plan México debe dejar de ser el Plan de Palacio Nacional y convertirse en una verdadera propuesta de nuevo modelo de desarrollo industrial, agropecuario de servicios.
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