El caso de la cancelación de la visa al ciudadano –hoy sin cargo político ni público– Andrés Manuel López Beltrán debe ser analizado con el método Sheinbaum Pardo –al parecer olvidado– de “cabeza fría”.
En términos políticos, no se debe –aunque se pueda– movilizar a una República y su política exterior de Estado a favor de un ciudadano, y menos cuando se desconocen las razones del retiro del permiso migratorio turístico.
En el comal existen agendas bilaterales delicadas: seguridad nacional, terrorismo, narcotráfico, migración, tratado comercial y violencia en México que ha sido advertida a turistas extranjeros.
Ondear ahora el tema de la “injerencia” –que no fue– o la soberanía –que acredita el derecho de un país a otorgar visa a visitantes– no ayuda a racionalizar la dimensión de la crisis. Calentarles la cabeza a dirigentes lopezobradoristas y “al pueblo” en nada contribuyen a entender –primero– las razones reales de la decisión del visado y –después– a buscarle una salida.
De entrada se debe entender que el caso de la visa está lejísimos de ser algo parecido al desafuero de 2005. Y pelearse con el presidente de EU y su sucesor designado -cuando menos como precandidato– tampoco abre caminos de allanamiento del conflicto o cuando menos de control de daños.
El gobierno de Sheinbaum no ha logrado entender que las crisis en las relaciones con EU no son de soberanía, ni siquiera de comercio, sino de narcotráfico. Y defender aquí a narcopolíticos exigidos por Washington ha encarecido la factura por pagar.
En policía se ganan las guerras, no se celebran las victorias pírricas.
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