El peso de la desigualdad social ha dominado las decisiones de política económica y de modelos de desarrollo desde la reforma constitucional de diciembre de 1946 a través de la cual el presidente Miguel Alemán definió el bienestar social como política de Estado por encima de la democracia.
Pero el problema se localiza en lo que se tiene que repartir, tanto desde su origen hasta sus objetivos de equilibrio social. Se reparte el presupuesto, no los bienes y servicios; por tanto, la política de bienestar social de los últimos 80 años se ha centrado solo en los subsidios con cargo a las finanzas públicas.
Una verdadera economía de bienestar tendría que sustentarse en la creación de riqueza y el reparto de esa riqueza en términos justos: salarios, prestaciones sociales y sobre todo precios accesibles de bienes y servicios.
No hay ningún presupuesto que aguante la carga del bienestar con transferencias directas si no existe una economía que produzca riqueza y que de ahí se definen las participaciones públicas para bienes y servicios no sólo para los más pobres, sino básicamente para los mexicanos no propietarios de medios de producción que viven de sus salarios.
La carga de bienestar sobre las finanzas públicas ha sido acusadamente mayor en los años de la 4T porque en el pasado políticas de desarrollo y de producción de bienes y servicios avanzaban junto a los subsidios directos. Hoy la economía no crece más allá del 2% promedio anual –y lo ideal sería una tasa de 6%– y por lo tanto la recaudación es menor y el presupuesto social se tiene que financiar con emisión de circulante o deuda pública y no con economía productiva.
La estrategia de becas y subsidios funciona para los sectores más desprotegidos, pero aún en esas circunstancias se requiere del apoyo de la economía productiva para que el costo de las transferencias no se cargue sobre el déficit presupuestal o la deuda.
La crisis social por el número de mexicanos desprotegidos está urgida de un nuevo modelo de desarrollo más dinámico y con mayor tasa de crecimiento.
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