Quienes llevamos décadas recorriendo los caminos de México, caminando hombro con hombro con las comunidades campesinas, las organizaciones sociales y el pueblo trabajador, sabemos perfectamente que las grandes transformaciones de la patria no se construyen desde los escritorios ni a espaldas de la gente. Se hacen desde la conciencia colectiva. Por eso, cuando hoy presenciamos los embates orquestados contra el proyecto de nación que encabeza nuestra presidenta, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, nos queda claro que la disputa del presente no es únicamente económica o política: es una batalla por la verdad y por la dignidad de nuestro pueblo.
Durante años, los poderes fácticos se sirvieron de la comunicación para imponer agendas, silenciar reclamos populares y moldear conciencias. Hoy, la vieja estructura del privilegio no ha desaparecido; ha evolucionado. A los vicios tradicionales del periodismo por encargo y de los intereses corporativos se suma un fenómeno inédito y de dimensiones peligrosas: el abuso de la inteligencia artificial y la proliferación desmedida de información sintética en el espacio digital.
«No estamos ante inocentes avances tecnológicos. Asistimos a la fabricación industrial de falsedades encaminada a manipular la opinión pública y erosionar la confianza democrática.»
No nos engañemos. No estamos ante inocentes avances tecnológicos. Asistimos a la fabricación industrial de falsedades: audios clonados, videos modificados con deepfakes y textos generados masivamente para manipular la opinión pública, provocar zozobra e intentar erosionar la confianza de la ciudadanía en las instituciones democráticas y en el gobierno de la Transformación. Esta desinformación programada atenta contra el tejido social, suplanta identidades y vulnera el derecho más fundamental que tiene cualquier comunidad: el derecho a saber la verdad de manera libre, objetiva y sin manipulación.
Ante esta realidad, la postura de nuestra presidenta Claudia Sheinbaum ha sido firme, transparente e impecable. Desde la Presidencia de la República se ha puesto sobre la mesa una defensa irrestricta del derecho de las audiencias, un principio de corte profundamente popular y constitucional. La propuesta del Gobierno de México no busca, bajo ninguna circunstancia, controlar opiniones ni limitar la libertad de expresión, como han querido hacer creer con notable hipocresía quienes durante décadas lucraron con el cerco informativo.
Al contrario: la iniciativa del Ejecutivo busca defender a los ciudadanos de a pie. Plantea reglas mínimas de ética y responsabilidad para las empresas concesionarias de radio y televisión, exigiendo algo tan elemental como diferenciar con claridad entre una nota informativa y una postura de opinión, entre el contenido legítimo y la publicidad disfrazada. Exige defensores de la audiencia reales e independientes, espacios de réplica para las y los agredidos por datos falsos, y códigos de ética transparentes.
Quienes acusan censura en esta iniciativa omiten decir que la libertad de expresión es un patrimonio del pueblo, no un patente de corzo para mentir ni para encubrir la publicidad pagada como si fuera periodismo independiente. ¿A qué le temen? Le temen a un pueblo informado, a una sociedad que exige ética a los grandes concesionarios y que no se deja deslumbrar ni engañar por la manipulación digital.
Nuestra presidenta está actuando con altura de miras histórica. Garantizar la veracidad en la era de los algoritmos y la IA no es un asunto administrativo; es un pilar imprescindible para la soberanía nacional y la consolidación de la democracia republicana.
Desde el Congreso de la Unión y desde el trabajo social de base, los diputados y dirigentes de la Cuarta Transformación cerramos filas con la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo. Entendemos que la información veraz no es un privilegio de cúpulas, sino un bien común y un derecho del pueblo. Defender el derecho de las audiencias y poner freno al abuso de las tecnologías manipuladoras es defender la dignidad de la patria y asegurar que el destino de México siga en manos del pueblo soberano.
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