La inequidad de género es un hecho palpable, pero la invisibilidad de la mujer rural es aún mayor a nivel mundial, por lo que, considerando que una cuarta parte de las mujeres en el mundo pertenecen a esta comunidad y ellas son fundamentales en la contribución alimentaria y cambio climático, la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas estableció el 15 de octubre como el Día Internacional de las Mujeres Rurales con el objetivo de incentivar programas que impulsen su reconocimiento e igualdad tanto de género como de oportunidades en su desarrollo social y económico.
La mujer rural, sin embargo, enfrenta otros desafíos que o son desconocidos o ignorados por las comunidades urbanas y los gobiernos, y van más allá de la violencia de género, pues son afectadas por el narcotráfico y hasta por las guerras, lo que puede verse como una de las raíces de la crisis migratoria.
Hay que considerar que, de acuerdo a organismos económicos y censales, no todas las mujeres rurales reciben ingresos monetarios por las actividades que realizan y gran parte de estos trabajos son considerados únicamente como un “apoyo familiar”, por lo que la labor diaria de las mujeres rurales, tanto fuera y dentro del hogar, en muchos de los casos es invisible.
Las mujeres rurales, quienes representan la cuarta parte de la población mundial, trabajan como agricultoras, asalariadas y empresarias. Labran la tierra y plantan las semillas que alimentan naciones enteras, lo que garantiza la seguridad alimentaria de sus comunidades y ayudan a preparar a su población frente al cambio climático, a través de programas autodidactas que previene la erosión de sus tierras, por mencionar algunos.

Cultivo narcogénico y migración
En las zonas de cultivo de drogas, tanto mujeres como hombres trabajan en los campos: ambos siembran, riegan y cosechan las plantas. Sin embargo, sus realidades son diferentes. Hasta ahora, las mujeres apenas se han tomado en cuenta en los programas de desarrollo rural y ante la marginación político-económica, el cultivo de tierra se ha destinado a la producción ilícita de drogas como fuente principal de ingresos y a menudo son no solo familias sino comunidades enteras son las que participan en tal actividad.
“La intención de integrar estas regiones a la nación mediante la modernización agrícola o política tuvo efectos importantes, pero quizá demasiado tardíos, pues el narcotráfico ya había penetrado la vida económica y política de las comunidades a través de los grupos que habían quedado al margen. Gran parte de los proyectos estatales se resignificó para ampliar las redes de cultivo, procesamiento y tráfico de drogas. Así, se construyeron y ampliaron espacios de poder local y regional donde los narcotraficantes y políticos convivían delicadamente”, reconoció el antropólogo Salvador Maldonado Arand en un artículo publicado en la Revista Mexicana de Sociología, vol. 74 no. 1 en del 2012.
Paralelamente algunas mujeres asumen funciones sociales o políticas en sus comunidades con el fin de hacerlas progresar, pero a causa de los estereotipos de género tradicionales que no contemplan la participación activa de las mujeres en la vida social, rara vez cuentan con apoyo en dichas funciones, llegando incluso a ser rechazadas, sin contar que los proyectos de desarrollo rural benefician más con créditos a hombres.
Ante la invisibilidad de esta comunidad y el olvido de políticas públicas e inseguridad en el campo, lleva a las mujeres rurales y sus familias a optar por la migración, ya se a las ciudades urbanas cercanas o bien, recorriendo miles de kilometros a países que ofrezcan mejores oportunidades, no solo en América, sino en todo el mundo. Derivando en una severa crisis migratoria.

Resiliencia y empoderamiento
Las mujeres rurales son responsables de más de la mitad de la producción de alimentos a nivel mundial según datos de la ONU y desempeñan un papel importante en la preservación de la biodiversidad a través de la conservación de las semillas con bancos de semillas de los que dependen la producción de alimentos, en la recuperación de prácticas agroecológicas y aportan a la soberanía y seguridad alimentaria a través de la producción de alimentos saludables y participación en mercados locales.
En el caso de México, el Programa Producción para el Bienestar tiene registrados apoyos directos orientados a la inversión en las labores del campo, que benefician a 676 mil 963 mujeres, esto es, 33.8 por ciento del padrón total del programa, datos de la Subsecretaria de Autosuficiencia Alimentaria de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural.
Con cuyas acciones, han generado que grupos de mujeres se agrupen en cooperativas o asociaciones que las consolide como productoras y hasta exportadoras no solo a nivel nacional, sino mundial.

Acciones pro igualdad en México
El Programa Nacional para la Igualdad entre Mujeres y Hombres (Pro igualdad 2020-2024) busca impulsar a las mujeres rurales e indígenas, generando mecanismos que promuevan los derechos de propiedad y titularidad de la tierra, así como la participación en las organizaciones agrarias a fin de promover el desarrollo territorial sustentable e integral, pues ellas son el eslabón más sólido del sector primario en todas las cadenas productivas.
Así, en el marco del Día Internacional de la Mujer Rural, las mujeres rurales hacen un llamado a respetar y proteger sus derechos, pues si bien, en los últimos años se han diseñado programas de apoyo, aún falta mjucho por hacer en la consolidación de la igualdad de oportunidades y desarrollo social, cultural, económico y de salud para lograr progresos contra la pobreza y la violencia de género.

No olvides mantenerte informado en El Independiente MX

