Lic. Jesús Eduardo Sánchez López
Especialista en Derecho Administrativo por la UNAM y
Maestro en Derecho Constitucional por el Centro Universitario de Estudios Jurídicos, México.
"...Quede establecido así y dicho que a todos los ciudadanos que ignoran eso (el bien del mal) no debe confiárseles nada relacionado con el gobierno y que hay que censurarlos por ignorantes, aunque sea eventualmente muy buenos en hacer cuentas y hayan realizado todos los estudios de asuntos muy estimados (…)"
Platón,Las Leyes.A estas alturas resulta innegable sostener que la elección judicial fue una simulación cuidadosamente orquestada desde Palacio Nacional, concretamente, desde el sexenio anterior.
No obstante, el domingo 1 de junio de 2025, 87 de los casi 100 millones de mexicanos con derecho al voto, se abstuvieron de votar, lo que en la revela una desaprobación dilapidaria al discurso de popularidad y de respaldo ciudadano, tan es así, que si tomamos en cuenta que en el 2024, el régimen obradorista-morenista obtuvo 36 millones de votos, en esta ocasión hubo menos de 10 millones de votos válidos, eso significa que teóricamente en un año, han perdido 26 millones de votantes.
De tal suerte, es evidente en términos generales que la participación ciudadana fue la más baja en las últimas décadas. De cada 10 mexicanos, 9 no acudieron a las urnas. Este abstencionismo no tiene precedentes, ya que según los datos históricos del propio Instituto Nacional Electoral, las elecciones intermedias de 2003 habían sido las de más baja participación, donde sólo el 41.6 por ciento de la población fue a ejercer su voto.
Esta fallida elección judicial costó 7 mil millones de pesos a los mexicanos, esto es, cada voto válido costó más de 700 pesos, en la instalación de cada casilla se erogaron más de 83 mil pesos, yéndose a la basura 522 millones de boletas sin usar. ¡Menudo dispendio de recursos públicos que contravienen la narrativa de austeridad republicana del régimen obradorista-morenista, una contradicción más que retrata perfectamente de cuerpo completo a la entelequia que abandera todavía las acciones del grupo político en el poder supremo mexicano!
Más aún, resulta irónico que para cerca de más o menos 10 millones de personas, las elecciones judiciales del domingo 1 de junio a nivel federal y local en este país, son una insignia mexicana democrática exportable, sosteniéndolo con vehemencia absolutamente convencida, que destruye cualquier argumento lógico y matemático que pretende evidenciar el grado de fracaso de estas elecciones.
En la óptica del que escribe estas líneas, las pasadas elecciones judiciales fueron una auténtica manipulación. No hubo legalidad, hubo sometimiento del árbitro. No hubo libertad de decisión, hubo acordeones impresos por el régimen para controlar el voto, cuyo resultado ineluctable es la terminación de la división de poderes, misma que tiene sus raíces en la teoría de la división de poderes desarrollada por John Locke y Montesquieu que busca separar el poder del gobierno en diferentes ramas para evitar la concentración de poder y su abuso por parte del grupo político en turno al poder supremo de un Estado Nación.
De tal suerte, los operadores políticos más decantados del actual régimen gobernante, tienen mucho por celebrar, entre ello, el comienzo de una presidencia más autoritaria, autócrata, ciega y sorda a los reclamos más profundos de la sociedad mexicana, pese a que ellos mismos afirmen reiteradamente que la intención de esta coyuntura democrática arrojará una excepcional cercanía a las causas y reclamos profundos de justicia en el pueblo de México.
Millones decidimos no acudir a las urnas, no por apatía, sino por desobediencia civil. Un acto consciente de dignidad frente a una farsa maniquea. En cambio, los fanáticos y convencidos de la trampa que colapsará con el tiempo sus propias libertades, hoy llamados derechos humanos, acudieron gustosos a convalidar su propia sumisión. Se comportaron igual que la gallinita de Stalin: aceptaron ser desplumados mientras los siguieran maiceando.
Más temprano que tarde afrontarán las consecuencias de su servilismo, pues los más ignorantes y ciegos por voluntad propia serán los más vulnerables.
Hoy no solo inicia un sexenio más, inicia un régimen concentrador, sin contrapesos, sin límites. El proyecto es claro: borrar la República y someterlo todo al poder de una sola voz, de un grupo político, algo así como un viejo “PRI” pero remasterizado; algo así como el Partido Comunista de Cuba, fundado en 1965 por Fidel Castro, que en modo alguno busca una verdadera justicia cercana a la ciudadanía como aun muchos crédulamente lo estiman y lo políticos en el poder lo pregonan mitómanamente, sino apropiarse de los Poderes Judiciales locales y federal, destruyendo de esta manera los contrapesos.
Lo que hoy ha hecho el régimen es politizar la justicia, romper con la división de poderes y controlar al Poder Judicial con perfiles que el propio Poder Ejecutivo propuso. La raíz de esta elección es la materialización de la venganza del régimen contra la Suprema Corte de Justicia de la Nación y los magistrados y jueces que le pusieron límites a las arbitrariedades del Estado mexicano, cuyas personas físicas que actúan en su nombre -llamados servidores públicos-, son los verdaderos responsables de la emisión por acción o por omisión, de hechos y actos ilícitos.
¡Vaya tiempos! Tiempos de socialismo populista a la mexicana, en los que las cualidades de la ingenuidad, la necesidad de esperanza la credulidad, la candidez, serán imperiosas para sostener lo insostenible desde el uso de la lógica y razón. Tiempos de mentes no sólo trastornadas y perpetradas por la ilógica y el sinsentido, sino por el virus ideológico entrampado por la cerrazón; ese virus generador de cataratas y atisbos mentales que reiteran la evidencia de lo evidente: falsa percepción de la realidad y una conversión de una realidad a la realidad creada desde el inconsistente y el deseo de las emociones.
Quizá esos millones de electores que ejercieron su derecho a votar, no han renunciado a la percepción de la realidad social mexicana; quizá ven otro México al que realmente es.
Sin embargo, lo que resulta insoslayable es que las pasadas elecciones judiciales fueron una auténtica manipulación con ingentes trampas mentales en su diseño y para su realización, entre ellas, las trampas de la esclavitud y el servilismo de las almas, en las que las ideologías cumplen su cometido: atraparte, seducir tu mente y el alma para no identificar y distinguir entre la luz y la oscuridad, entre la racionalidad de la institucionalidad y la cerrazón de la deconstrucción institucional del Estado de Derecho en este país.
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