Dr. Miguel Angel Granados Atlaco
Miembro de la barra latinoamericana de juristas
Catedrático de la UNAM
Director de Posgrado del Centro de Estudios UniversitariosEl clima de opinión que vivimos en México está altamente contaminado.
Lo alarmante es la polarización de la visión política que campea en todos los contextos sociales, la familia, el trabajo, los clubes deportivos, eventos culturales. Esta situación nos evoca un tema de piramidal importancia en el estudio de la opinión pública: la espiral del silencio.
Elisabeth Noelle-Nuemann es la autora de la teoría de la espiral del silencio, a través de ella pretende explicar lo relativo a cómo el clima de opinión depende de los que externan su forma de pensar y de los que guardan silencio en cuanto al tema de que se trate. Conforme a los estudios hechos por Noelle-Nuemann, los convencidos con sus ideas políticas consideran que deben ser aceptadas y se expresan abiertamente en su defensa, mientras que sus opositores se sienten marginados y callan. Este silencio se hace cómplice de la preeminencia que cobran las ideas de los que hablan y proclaman sus opiniones, a grado tal que dominan la escena pública, con la consecuente desaparición de las ideas que no son defendidas. Este proceso es la llamada “espiral del silencio”.
Dicho fenómeno es factible de explicarse a través de aspectos tales como la inalteración de las intenciones, la posibilidad de que los que tengan menos confianza en sí mismos y menos interés por la política cambien su voto en el último minuto, la baja autoestima que lleva a estar del lado de los ganadores, el miedo al aislamiento como motor de la espiral del silencio, un silencio que puede ser interpretado como una señal de conformidad. Esto nos recuerda el aforismo latino: qui tacet cum loquit potuit et deboit, consentire dibetur (el que calla pudiendo y debiendo hablar, parece consentir).
En este sentido, se genera una premisa para el planteamiento de la hipótesis: los sujetos observan su medio, se fijan en lo que piensan los demás sobre ellos y están conscientes de los cambios, de las opiniones que ganan terreno y que habrán de dominar a la postre. El clima de opinión es conocido por los miembros de una sociedad, a través de intuiciones y de vivencias, no de un auténtico razonamiento o con base en una cultura política real.
A esto debemos aunar la existencia de factores psicológicos importantes para la valoración de la influencia ejercida, como el caso del miedo al aislamiento ya mencionado o la tendencia a refugiarse en una imitación extra lógica.
Desde la perspectiva planteada, callar nos hace copartícipes del posicionamiento social que logran determinadas ideas y aunque no se apeguen a la forma de pensar auténtica del grueso de la población, su presencia constante y protagónica produce ese efecto de espiral que hace crecer la visión minoritaria.
Todo lo anterior viene a colación porque en México se ha generado un clima de opinión distorsionado en gran parte de la sociedad, a partir de los más recientes procesos electorales y de la aviesa intención de dividir a la población en función de condiciones económicas.
Las voces que más se escuchan no son necesariamente las emparentadas con la verdad. Lo objetivo es que los actores políticos parecen no estar a la altura del proceso; lo evidente es la presencia de elementos que generan suspicacias en el seno del comportamiento de todos los bandos.
Lo inquietante es la imposibilidad de conocer el verdadero color de la piel social, ante una espiral del silencio encarnada en la evidente falsedad de nuestra cotidianeidad
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