A Irma la violentaron en su oficina. A Ana la violaron cuando tenía cinco años, dentro de su escuela. Verónica busca justicia para Jenny, su hija, asesinada mientras regresaba a casa. Sus historias se cuentan en plural porque en México ya no son excepciones.
Los casos se repiten por miles y comparten la misma herida: la violencia. Pero también una misma indignación frente al abandono institucional y la lucha para evitar el olvido. Son voces que se multiplican y que este 8 de marzo volvieron a resonar en las calles.
Sobrevivientes de violencia, madres buscadoras, hermanas de víctimas de feminicidio, estudiantes, trabajadoras, médicas, enfermeras, obreras, psicólogas, maestras e ingenieras se sumaron a la marea morada que recorrió las principales avenidas de la Ciudad de México. Entre ellas también caminaron niñas tomadas de la mano de sus madres, exigiendo justicia.
En México, siete de cada diez mujeres han vivido algún tipo de violencia a lo largo de su vida y, en promedio, alrededor de diez son asesinadas cada día. Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, entre enero de 2019 y enero de 2026 se registraron 6 mil 440 feminicidios en el país. Organizaciones como Impunidad Cero estiman que más del 90 % de los delitos quedan sin castigo.
Mientras la ciudad continúa con su ritmo cotidiano, las jacarandas anuncian cada año la llegada de marzo. Su floración coincide con la movilización de miles de mujeres que toman las calles para exigir justicia.
Los primeros pétalos caían sobre el pavimento mientras los contingentes avanzaban hacia el Zócalo. El viento arrastraba flores entre consignas. En cada cartel había un nombre; en cada nombre, una historia detenida en una carpeta de investigación.
La movilización recorrió Paseo de la Reforma, avenida Juárez y varias calles del Centro Histórico hasta llegar a la Plaza de la Constitución. Como en años recientes, monumentos y edificios públicos fueron resguardados con vallas metálicas instaladas por autoridades capitalinas, entre ellos el Palacio Nacional.
En el asta bandera del Zócalo, algunas manifestantes colocaron fotografías de presuntos agresores, feminicidas y deudores alimentarios. Los rostros quedaron pegados al metal y al concreto como una denuncia pública.
La impunidad fue una de las principales consignas de la jornada.
“No es solo el crimen, es que muchas veces el crimen parece tener permiso para seguir cometiéndose”, afirma Carmen, quien perdió a su hermana, asesinada por una expareja.
El Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio ha señalado que numerosos asesinatos de mujeres ni siquiera se investigan inicialmente como feminicidio, lo que retrasa los procesos judiciales y dificulta el acceso a la justicia para las familias.
Feminicidios y búsquedas sin respuesta
Entre los nombres que aparecieron en pancartas este 8 de marzo estuvo el de Amairani. Tenía 27 años cuando fue asesinada frente a sus hijas: una bebé de meses y una niña de ocho años. El presunto agresor, su expareja Iván “N”, se encuentra detenido y el próximo 17 de marzo se realizará la primera audiencia judicial. Dos niñas quedaron huérfanas y un nombre más se sumó a la lista.
También marchó María del Carmen Volante, madre de Pamela Gallardo Volante, desaparecida en 2019 en la zona del Ajusco. Como muchas otras madres buscadoras, lleva consigo la fotografía de su hija.
“Las mujeres no pueden ni salir por el pan”, resume.
Durante la movilización también se denunciaron otras formas de violencia: acoso laboral, violencia sexual, violencia institucional, violencia vicaria y violencia obstétrica. Las manifestantes recordaron que la violencia contra las mujeres ocurre en distintos espacios: en la casa, en la calle, en el trabajo, en hospitales o tribunales.
Al caer la tarde, algunas participantes permanecieron en el Zócalo. En el asta bandera seguían visibles los rostros impresos que denunciaban agresiones y delitos. En un altar también se colocó una fotografía de Ximena Guzmán Cuevas, excolaboradora de la jefa de Gobierno que fue asesinada.
Aunque un pequeño grupo intentó derribar las vallas colocadas frente a la Catedral Metropolitana, policías lograron dispersarlas sin que se registraran incidentes mayores.
Cuando la noche comenzó a cubrir la plaza, muchas mujeres se retiraron en grupos rumbo al metro o al transporte público. Antes de separarse, se repetía una frase común entre amigas y desconocidas: “avisa cuando llegues”.
La consigna refleja una realidad que se repitió durante toda la marcha: el temor de no regresar a casa sigue siendo parte de la vida cotidiana para muchas mujeres.
El Zócalo, punto final de la movilización
Los distintos contingentes llegaron al Zócalo capitalino, donde colectivas feministas, familiares de víctimas y organizaciones sociales se concentraron para visibilizar diversas demandas: justicia para víctimas de feminicidio, el fin de la violencia de género, la defensa de los derechos de niñas y adolescentes, así como atención para mujeres con discapacidad y otros grupos históricamente vulnerados.
La marcha partió desde la Glorieta de las Mujeres que Luchan rumbo al Zócalo, acompañada por consignas, pancartas y testimonios que reflejan la diversidad de causas dentro del movimiento feminista.
Cada 8 de marzo, la Ciudad de México se convierte en escenario de una de las movilizaciones feministas más importantes del país. La marcha conmemora el Día Internacional de la Mujer y busca visibilizar la lucha histórica por los derechos laborales, sociales y humanos de las mujeres.
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