El gobierno federal anunció un nuevo plan para fortalecer la producción de gas natural en México, una estrategia que, además de buscar blindar al país frente a crisis internacionales, marca un giro relevante respecto a la política energética impulsada en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, donde se priorizó el petróleo y se mantuvo una alta dependencia de importaciones de gas.
Durante la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum, la secretaria de Energía, Luz Elena González, presentó los ejes de esta nueva estrategia, cuyo objetivo central es garantizar el abasto y evitar impactos en los precios de la energía ante escenarios externos adversos, como conflictos geopolíticos o interrupciones en las cadenas de suministro.
La funcionaria explicó que el plan forma parte de la política de soberanía energética del actual gobierno, pero con un enfoque distinto al del pasado reciente, al reconocer la vulnerabilidad estructural del país en materia de gas natural.
Actualmente, México consume alrededor de 9 mil millones de pies cúbicos diarios de este energético, de los cuales apenas 2 mil millones son producidos por Petróleos Mexicanos (Pemex), mientras que 6 mil 800 millones provienen del extranjero, principalmente de Estados Unidos.
“Es decir, México presenta una alta dependencia de gas natural proveniente del extranjero… al día de hoy estamos importando el 75% del gas natural que consumimos en el país”, subrayó González, al detallar que esta tendencia se arrastra desde 2010 y que, aunque se logró frenar la caída en la producción a partir de 2018, no se ha revertido de fondo.
SE CONTEMPLA LA CREACIÓN DE UN COMITÉ ESPECIALIZADO
En este contexto, el nuevo plan propone incrementar la producción nacional mediante la exploración y eventual explotación de nuevos yacimientos, incluyendo aquellos que anteriormente no habían sido prioridad en la política energética.
Para ello, se contempla la creación de un comité especializado que analizará la viabilidad de los proyectos, garantizando que se desarrollen bajo criterios de sustentabilidad y con el uso de tecnologías avanzadas.
Este punto resulta particularmente significativo, ya que implica reabrir el debate sobre métodos de extracción que en el pasado fueron descartados o limitados, en línea con la postura del expresidente López Obrador, quien mantuvo una política restrictiva frente a ciertas técnicas como el fracking.
Sin mencionarlo de forma directa, el nuevo enfoque reconoce que la negativa a explorar estas alternativas contribuyó a mantener la dependencia externa.

ESTRATEGIA CON VISIÓN DE LARGO PLAZO
Por su parte, la presidenta Claudia Sheinbaum respaldó la estrategia y explicó que el objetivo no es solo aumentar la producción, sino hacerlo de manera responsable y con visión de largo plazo.
Señaló que el fortalecimiento del sector gasífero es clave para garantizar la estabilidad del sistema eléctrico nacional, dado que el gas natural es el principal insumo para la generación de electricidad en el país.
Sheinbaum enfatizó que el plan busca equilibrar la soberanía energética con la transición hacia energías limpias, evitando contradicciones entre ambos objetivos.
“Se trata de asegurar que México tenga los recursos energéticos que necesita, pero al mismo tiempo avanzar en la ruta de la sustentabilidad”, indicó.
La mandataria también adelantó que el comité que se creará tendrá la tarea de evaluar no solo la viabilidad técnica y económica de los proyectos, sino también su impacto ambiental y social, con el fin de evitar prácticas que comprometan el entorno o generen conflictos en las comunidades.
FORTALECER CAPACIDAD DE RESPUESTA ANTE CRISIS
El anuncio del nuevo plan de gas natural ocurre en un contexto internacional marcado por tensiones energéticas y volatilidad en los mercados, lo que ha puesto en evidencia los riesgos de depender en exceso de importaciones.
En este sentido, el gobierno federal busca reducir su exposición a factores externos y fortalecer su capacidad de respuesta ante eventuales crisis.
Sin embargo, el cambio de enfoque también abre cuestionamientos sobre la consistencia de la política energética de la llamada Cuarta Transformación.
Mientras que en el sexenio anterior se defendió una visión centrada en el petróleo y se limitaron ciertas formas de explotación de gas, la nueva estrategia reconoce la necesidad de diversificar y ampliar las opciones, incluso si ello implica replantear decisiones previas.
Así, el plan presentado no solo representa una apuesta técnica para incrementar la producción de gas natural, sino también un viraje político que redefine las prioridades energéticas del país frente a un entorno global cada vez más incierto.
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