El sector empresarial mexicano entró al último cuatrimestre de 2026 con el freno puesto. Dirigentes de organismos patronales, industriales y comerciales advierten que, pese a algunos indicadores positivos registrados durante el segundo trimestre, persisten señales que hacen prever un cierre de año complicado para la inversión, la generación de empleo y la expansión de los negocios.
La principal alarma está en la confianza. De acuerdo con la más reciente medición de Data Coparmex, apenas 23 por ciento de los empresarios consultados considera que existen condiciones favorables para realizar nuevas inversiones, una caída de 16.5 puntos porcentuales frente al registro anterior. Los planes de expansión de las empresas también retrocedieron: pasaron de 62.8 a 50.3 por ciento en un año.
El diagnóstico llevó a Coparmex a resumir el comportamiento actual de una buena parte del sector privado en una frase: las empresas han pasado de expandirse a resistir. Entre los principales obstáculos aparecen la incertidumbre económica, la inseguridad, la incertidumbre política y el encarecimiento de los insumos.
A ello se agrega el costo creciente de la delincuencia. La organización patronal reportó que 45.6 por ciento de sus socios sufrió algún delito y que la extorsión se mantiene entre las principales amenazas. Cerca de seis de cada diez empresas tuvieron que aumentar sus gastos en seguridad, dinero que, de otra manera, podría destinarse a contratación de personal, adquisición de maquinaria o ampliación de operaciones.
La cautela empresarial no aparece únicamente en encuestas privadas. El INEGI informó que durante agosto el Indicador Global de Opinión Empresarial de Confianza se mantuvo en 48.2 puntos y acumuló 18 meses consecutivos por debajo de la barrera de 50 puntos, nivel que separa una percepción optimista de una desfavorable.
Para el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), el panorama tampoco permite echar las campanas al vuelo. Sus indicadores de agosto mostraron que la recuperación observada meses atrás perdió fuerza y que reaparecieron señales de estancamiento. El indicador manufacturero permaneció en 49.7 puntos, todavía en zona de contracción, mientras el no manufacturero retrocedió a 48.7 unidades. El organismo considera que la economía permanece cerca de un escenario de bajo crecimiento y todavía no presenta señales firmes de una expansión sostenida.
La industria tiene otra preocupación para septiembre-diciembre: la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. Alejandro Malagón, presidente de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), ha señalado que cerrar el mayor número posible de acuerdos antes de diciembre será indispensable para proporcionar certidumbre.
El dirigente industrial recordó que empresarios calculan en más de 100 mil millones de dólares las inversiones que podrían mantenerse a la espera de definiciones relacionadas con el T-MEC. Para el sector industrial, prolongar la incertidumbre significa retrasar plantas, ampliaciones, compras de equipo y decisiones de producción.
Desde el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), su presidente, José Medina Mora, ha colocado entre los desafíos económicos mantener el grado de inversión del país, resolver la delicada situación financiera de Pemex, garantizar suficiente energía para los nuevos proyectos y enfrentar el creciente costo del sistema de pensiones.
El dirigente empresarial ha insistido también en la importancia de conservar certidumbre jurídica, Estado de Derecho y condiciones que permitan movilizar capital privado. En el caso de Pemex, señaló que la empresa debe recuperar rentabilidad y capacidad para pagar a proveedores; en energía eléctrica, advirtió que el suministro suficiente será indispensable para atraer nuevas inversiones.
En el comercio tampoco todo son números negativos, pero prevalece la cautela. La Concanaco Servytur reconoció que las actividades terciarias han mantenido dinamismo y que el comercio al mayoreo mostró avances; sin embargo, puso el acento en un dato que preocupa al sector privado: de los 34 mil 968 millones de dólares de inversión extranjera directa reportados, 88.5 por ciento correspondió a reinversión de utilidades y apenas 7.8 por ciento a nuevas inversiones.
Su presidente, Octavio de la Torre de Stéffano, ha planteado que la estabilidad económica debe convertirse ahora en crecimiento efectivo para comercios, empresas familiares y pequeñas unidades productivas, mediante menor carga regulatoria, financiamiento, seguridad y reglas claras para invertir.
No todos los indicadores apuntan hacia una caída. La inversión fija bruta aumentó 5.9 por ciento anual en junio y los pedidos manufactureros mejoraron en agosto, señales que muestran capacidad de recuperación. Sin embargo, para los empresarios la interrogante es si esos avances serán suficientes para sostenerse durante septiembre, octubre, noviembre y diciembre.
El último tramo de 2026 se perfila así, como un periodo de definiciones. Los empresarios no hablan de una economía paralizada, pero sí de un crecimiento insuficiente, inversión cautelosa y negocios que difícilmente abrirán la llave del gasto mientras no encuentren mayor seguridad y certidumbre.
Para el sector privado, el problema ya no es sólo mantener estabilidad. El desafío es recuperar confianza para que las empresas vuelvan a invertir, contratar trabajadores y crecer antes de que el bajo dinamismo termine por convertirse en el sello del cierre de 2026.
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