Medio siglo después, la preocupación del gobierno federal y de la gobernadora Evelyn Salgado, es sin duda la escalada de violencia que se observa en el estado, la cual, parece, nada más parece, no saben cómo resolverla.
Durante los años del viejo PRI, la mayor preocupación del gobierno federal y de los gobernadores de Guerrero fueron los movimientos guerrilleros de Genaro Vázquez Roja y Lucio Cabañas quienes en la década de los años 70 del siglo pasado tuvieron la idea de hacer otra revolución desde las montañas de la Sierra Madre. Muertos ambos “se acabó la rabia”, presumieron varios mandatarios estatales, pero después surgieron los grupos de autodefensas y algunas organizaciones clandestinas que se resistían a dejar las armas, a las que también lograron aplacar mediante la “técnica” de Rubén Figueroa: convertirlos en pescadores.
Medio siglo después, la preocupación del gobierno federal y de la gobernadora Evelyn Salgado, es sin duda la escalada de violencia que se observa en el estado, la cual, parece, nada más parece, no saben cómo resolverla. Hay quienes afirman que la única manera eficaz de enfrentar el problema es que las autoridades echen mano, además de la estrategia para combatir al crimen organizado y desorganizado, del oficio político. Pero si no existen ninguna de las dos cositas, pues está cabrón, dicen algunos malhablados.
El oficio político se ejerce y se pone a prueba —al menos así lo hacía el “viejo” PRI— en lo oscurito, en privado, lejos de los reflectores, a buena distancia de cámaras y micrófonos. Pero si, como piensan algunos, la señora no lo tiene, los guerrerenses tendrán que acostumbrarse a vivir en un “polvorín”. La estrategia requiere acciones contundentes, bien planeadas, efectivas… no sólo anuncios espectaculares.
El discurso hueco con el que pretende la gobernadora justificar su ineptitud, su inexperiencia, su falta de oficio no convence a sus gobernados. Decir que «Como la primera mujer en gobernar este noble estado hago frente a diversas voces, algunas desde la oscuridad y sin sustento, que, con perversión, calumnias y ofensas buscan engañar a un pueblo informado», confirman que no sabe cómo hacerle para resolver la grave situación de violencia que sufre Guerrero y que padecen sus gobernados. Argumentar que «voces desde la clandestinidad intentan desvirtuar nuestros esfuerzos con especial nostalgia por los privilegios ostentados en el pasado», es muestra de su ineptitud. Denunciar que “en las últimas semanas hemos visto intentos por descarrilar los avances de la transformación en Guerrero…” es mentirle a la gente, que exclama: ¡Cuál transformación, si estamos más jodidos que nunca!
Afirmar que «Ni medios cuestionables ni personajes oscuros cobijados en investiduras ni figuras políticas con pasados plagados de corrupción van a detener el avance de la Cuarta Transformación», es cobijarse en el discurso trillado de ya saben quién.
Pedirle la “ayuda a “Papi” para que apague el “fuego político” que amenaza con quemarle algo más que las pestañas a la gobernadora, es inadmisible. Y que Félix diga que «esas voces que surgen del anonimato no van a minar la voluntad de un pueblo; porque es cobarde hablar mal de una mujer, uno debe de respetar a las mujeres», cuando él ha sido acusado de cosas horribles, horribles contra las mujeres, solo tiene un par de Adjetivos: Cínico, sinvergüenza.
¡Pobres guerrerenses!
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