Para ser justos, Zaldívar tampoco hizo mucho por ocultar su afinidad a la 4T. Como Ministro Presidente defendió el proyecto del presidente López Obrador, actuando más como un Secretario de Justicia, alineado al Ejecutivo que como el titular de un poder independiente
Desde la madrugada del martes empezaron a correr los rumores, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea se reunió con el presidente López y la candidata de Morena a la presidencia, Claudia Sheinbaum, para dejarles saber su intención de renunciar a su cargo como ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Horas más tarde todo esto sería confirmado con un tweet: “Mi ciclo en la Corte ha terminado”.
Cuando me tocaba debatir en alguna mesa (o sobremesa) sobre la imparcialidad de Lorenzo Córdova como presidente del INE, disfrutaba siempre de hacer esta pregunta a mis interlocutores: “¿Por qué partido nunca votaría Lorenzo?”, la respuesta aparecía automáticamente en la cabeza de todos. No era ningún secreto, pero Lorenzo tampoco hacía mucho por disimularlo.
Al día siguiente de terminada su gestión no tuvo el menor empacho de incorporarse a la plataforma opositora Latinus, financiada por Roberto Madrazo y otros políticos/empresarios anti-AMLO. Fuera máscaras, dirían por ahí. La misma sensación me daría si las hipótesis sobre Zaldívar son ciertas. Y es que, en su carta de renuncia, el aún ministro escribió lo siguiente: “Toca ahora seguir sirviendo a mi país en la consolidación de la transformación de un México más justo y más igualitario, en el que sean prioridad quienes menos tienen y más lo necesitan. El México con el que soñamos es posible. Sigamos avanzando en su construcción”. Aquí y en China eso se traduce como que ya tiene un lugar asegurado en Morena. Las alternativas para el jurista, según los trascendidos, son dos: sumarse al gabinete de la próxima presidenta de México, muy probablemente en el área de seguridad nacional, o la segunda: la Fiscalía General de la República.
Para ser justos, Zaldívar tampoco hizo mucho por ocultar su afinidad a la 4T. Como Ministro Presidente defendió el proyecto del presidente López Obrador, actuando más como un Secretario de Justicia, alineado al Ejecutivo que como el titular de un poder independiente (mas no antagónico como lo hace ahora Norma Piña).
Queda esperar que esta renuncia, que según la Constitución solo puede ser procesada por “causas graves”, sea turnada al Senado de la República para su aprobación. Uno podría imaginar desde ahora que esas causas graves podrían ser la lucha contra la corrupción o tal vez contra el neoliberalismo, de eso nos enteraremos pronto. Sea como sea, todo apunta a que su llegada al régimen (si es que no estaba ahí antes) está planchada.
PD: La semana pasada, discutiendo con una amiga y activista de izquierda, por la molestia que causó mi crítica al gobierno por el manejo de la crisis en Acapulco, me dijo algo que me dejó pensando: “Callo, estos no son momentos para análisis políticos, son momentos de tomar bando”, y tal vez sea eso lo que personajes como Pedro Kumamoto, Lorenzo Córdova o el mismo ministro Zaldívar están haciendo, y el ingenuo de su servidor no se ha dado cuenta de ello. O tal vez el soñador que hay en mí prefiere tomar el lado de México.
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