Opinadores como Leonardo Zuckermann y Joaquín López Dóriga, por mencionar a los más estridentes y a los que usaron las categorías de análisis menos sofisticadas, llamaron a Marko Cortés “pendejo”. Esto es, no le reprocharon que se repartiera el pillaje, sino que lo confesara
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Sobre Agatocles: ” …no puede aprobarse ciertamente lo que él hizo … La matanza de sus conciudadanos, la traición de sus amigos, su absoluta falta de fe, de humanidad y religión, son ciertamente medios con los que uno puede adquirir el imperio; pero no adquiere nunca con ellos ninguna gloria…”
El Príncipe.
La respuesta no tiene mayores complicaciones. Nos lo demostraron ambos en el “affaire” Coahuila. Como ayuda de memoria recordemos que el dirigente nacional del Partido Acción Nacional, Marko Cortés, hizo público su reclamo por incumplimiento del PRI del acuerdo electoral suscrito por la representación local y nacional de ambas fuerzas políticas.
Para contender unidos por la gubernatura en un estado en el que Morena comenzaba a emerger con traspiés divisorios, el PRI y el PAN, que siempre habían sido grandes rivales, no acordaron repartirse responsabilidades y hacer un gobierno de coalición, con un programa de gobierno y un conjunto de políticas públicas que impulsar, no suscribieron un modelo de gobierno para abatir la violencia y la inseguridad, no establecieron propuestas legislativas locales para, en conjunto, dar un impulso al desarrollo de la entidad, no. Lo que hicieron fue poner por escrito y firmado un reparto de un botín con básicamente dos componentes: posiciones políticas (como las candidaturas a las presidencias municipales que fueron el factor de incumplimiento) y posiciones públicas de las cuales extraer renta como las Notarías Públicas y las magistraturas.
Más allá de la desfachatez y pasmosa torpeza del dirigente blanquiazul quien, a la fecha, no alcanza a darse cuenta dónde estuvo su error, el “affaire” Coahuila nos muestra algunas señales preocupantes en el escenario político nacional:
1. El PRI gestionó razonablemente bien para sus intereses la crisis del encueramiento de Marko: no negó el acuerdo, desvió la atención hacia el número de votos aportados por el PAN, armó cierto repudio de los panistas locales contra su dirección nacional, consiguió que los opinadores cuestionaron sólo al dirigente panista y prepara la defensa de la investigación abierta en el INE por la denuncia al respecto presentada por Morena.
2. Es increíble, la fechoría la cometieron ambos en igualdad de circunstancias. Los dirigentes de los dos partidos políticos consideran que un triunfo electoral, la llegada al gobierno de una entidad, les da acceso y derecho a cometer pillajes y aceptaron por adelantado, por escrito y firmado con sus nombres y cargos, su reparto.
3. Una vez que ganan la gubernatura, uno de los malhechores decide no cumplir su parte del trato, el pirata que obtiene el liderazgo de la entidad, Manolo Jiménez, decide faltar a su palabra, la que había dado por escrito cuando necesitaba de sus efímeros aliados.
4. Manolo Jiménez manipula al PAN local, menosprecia al PAN nacional y presiona a su líder nacional para que lo apoye, quien para ello ofrece otras posesiones, esta vez federales.
5, Opinadores como Leonardo Zuckermann y Joaquín López Dóriga, por mencionar a los más estridentes y a los que usaron las categorías de análisis menos sofisticadas, llamaron a Marko Cortés “pendejo”. Esto es, no le reprocharon que se repartiera el pillaje, sino que lo confesara al reclamar su parte. Esto, más allá de su escasez de argumentos y su recurso al insulto, sumados a muchos otros opinadores y analistas, decidieron ponerse del lado del PRI en su desaguisado. La operación del control de daños por parte de los priistas fue rápida y eficaz, puso en evidencia que las autollamadas “voces críticas”, los heroicos defensores de la libertad de expresión y opositores a López Obrador consideran que se vale todo con tal de ganarle espacios a la 4T.
6. Una coalición de partidos diversos implica que quienes se alían pongan en común las partes de sus plataformas en las que pueden hacerlo, renuncien a los postulados extremos que los haría confrontarse, de tal suerte que el electorado pudiera ver una oferta en común más amplia y centrada, aumentando la competencia. La alianza del PRI, el PAN y otro partido pequeño cuyo nombre no recordamos…(ah, sí, el PRD) no se ha planteado ni por asomo la posibilidad de construir así. Sólo se reparten candidaturas, engañan a las organizaciones de la sociedad civil que apoyan al frente opositor y buscan quedar como el grupo parlamentario necesario para construir mayoría constitucional. La “intelligentsia” mexicana no se ha dado cuenta del peligro que significa que Alejandro Moreno, alias Alito, y Marko Cortés sean quienes puedan negociar con la 4T las mayorías. Tendremos la democracia de los malhechores para negociar sus fechorías.
¿Dónde estuvo Guadalupe Acosta Naranjo, ahora prócer de la sociedad civil, para reprochar el pacto de Coahuila? ¿Dónde estuvo María Amparo Casar, de Mexicanos contra la Corrupción, para denunciar el convenio de Coahuila e investigar acuerdos similares en otras entidades y en la candidatura presidencial?
Los socios de Xóchitl son casi iguales. Alito se roba la vaca completa, mientras Marko le detiene la pata y, por cierto, resbala sobre las heces del mismo cuadrúpedo.
UN LIBRO, UNA SERIE, UN PODCAST:
Libro: Las nuevas oposiciones en New Left Review 98 (Traficantes de sueños). Susan Watkins. Cómo se enfrentan partidos de derecha, centro e izquierda radical en diversos países occidentales. De Tsipras a Corbyn, de Sanders a Mélenchon y de Grillo a Iglesias.
Serie: Balenciaga (Star +) Un vistazo a la historia europea con el pretexto de la biografía del famoso diseñador de modas español.
Podcast: The weekend intelligence (The Economist). La red de periodistas y corresponsales de The Economist presentan historias que, desde su perspectiva, impactarán en el mundo.
@KoldoHerria
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