Andrés Manuel López Obrador ha utilizado en su discurso la palabra neoliberalismo como sinónimo de corrupción, lo ha convertido en el término ideal para culpar los errores del pasado y sus fracasos del presente
El neoliberalismo es definido como una teoría política y económica que pretende reducir al mínimo la intervención del Estado buscando así, un libre mercado y un estado de libertades plenas.
Así, esa corriente político-económica ha sido el enemigo ideal de los gobiernos populistas que consideran que el socialismo es la vía para llegar al crecimiento y desarrollo de las naciones.
Nada más abominable para un gobierno autoritario que el pensamiento de que los individuos deben tener plena libertad y que el Estado debe reducirse a su máxima expresión.
De esta forma, en México el Presidente Andrés Manuel López Obrador ha utilizado en su discurso la palabra neoliberalismo como sinónimo de corrupción, lo ha convertido en el término ideal para culpar los errores del pasado y sus fracasos del presente.
Si sus hijos trafican influencias, culpa a los neoliberales que tiene cooptada a la prensa, si el tren maya no funciona, es culpa de los neoliberales corruptos que hacen mera politiquería, si hay masacres, es culpa de la prensa conservadora y neoliberal que perdió privilegios. Siempre el neoliberalismo le pone el pie a la 4T.
Pero vayamos al fondo, ¿en realidad es tan malo el neoliberalismo?, para responder, usemos como ejemplos, los resultados del gobierno actual.
Para el Presidente AMLO construir una carretera, desarrollar un aeropuerto cumpliendo lo que, a su entender, son normas neoliberales de aeronáutica, implementar un modelo de educación de calidad (basta recordar que el encargado de diseñar el contenido de los libros de texto considera que leer por gusto o por mero entretenimiento, es un acto neoliberal) entró muchas cosas más, no requiere de mayor ciencia.
Incluso para los más radicales de la 4T, la ciencia no es más que un instrumento neoliberal que pretende adoctrinar a las personas.
Así, el actual régimen, caracterizado por ser autócrata, ha establecido que los expertos en cada tema son innecesarios, optando más por la lealtad al movimiento que por el conocimiento o la experiencia.
Por ello podemos entender que hoy en México tenemos un aeropuerto internacional con vuelos escasos y en algunos casos, con un solo pasajero.
Contamos con una refinería que no ha logrado refinar ni un solo barril de combustible, tenemos un tren que, por fallas y falta de pruebas, tuvo que parar operaciones días después de ser inaugurado por el propio Presidente.
Tenemos también una empresa llamada LitoMex que no logra sustraer litio, una mega farmacia que surte 67 recetas cada quince días, de un rezago de 7 millones.
Durante la pandemia por COVID 19, vimos un sistema de vacunación paralizado después de ser uno de los mejores del mundo
Y los ejemplos siguen, pero la pregunta es ¿qué ha fallado?
Simple: la teoría del régimen es que más vale tener al frente de esos proyectos a gente leal que preparada, contrario a lo que fomento el neoliberalismo, que, con todo y sus defectos, exigía preparación para los puestos que necesitan máxima especialización.
La ciencia que ha sido despreciada, la experiencia y capacidades de las personas que hoy es devaluada y vencida por la lealtad ciega e incondicional trae como resultado que los megaproyectos del sexenio se vengan cayendo a pedazos impidiendo así, que el desarrollo y crecimiento anhelado solo sigan siendo un sueño.
Se podrá utilizar en el discurso populista el término neoliberalismo como sinónimo de corrupción, siempre habrá quien, desde su desconocimiento o ignorancia, lo crea y lo compre, pero lo que ha quedado evidenciado es que los países que anteponen la ciencia, experiencia y conocimiento por encima de cualquier ideología de partido o la lealtad ciega del líder político, logran hacer que sus proyectos avancen.
Los megaproyectos del Presidente AMLO eran, sin duda grandes proyectos que permitirían un desarrollo en cada industria, pero al colocar al frente de ellos a aplaudidores sin preparación ni experiencia, creyendo que el discurso se transformaría en resultados, el Presidente tiró por la borda lo que podría haber sido un sexenio de resultados, si tan solo AMLO hubiera optado por el estilo neoliberal en la ejecución de sus obras, vaya Presidente que México hubiera tenido. Bendito neoliberalismo, cuanta falta nos haces.
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