Pero si hay un suceso monumental que pondrá a temblar al mundo, son las elecciones. Y no solo me refiero a las que se llevarán a cabo en Estados Unidos a finales de este año. Me refiero a las elecciones de las que casi la mitad de la población mundial formará parte
Desde que la pandemia de Covid-19 azotó a nuestro planeta, nada ha sido igual. Los eventos que en otros años causaban furor a nivel mundial, fueron disminuyendo hasta desaparecer o volverse insignificantes.
Y no solo me refiero a las grandes premiaciones como los Oscar o los Emmy, o a los megaconciertos o los eventos deportivos, sino a cualquier tipo de cumbre o acontecimiento geopolítico.
Sin embargo, el 2024 parece ser el verdadero año en el que nuestra sociedad regresa a “la normalidad”.
Tan solo basta con ver el furor que causó ayer el Super Bowl, o la gran expectativa que están generando los Juegos Olímpicos que se llevarán a cabo este verano en París.
Pero si hay un suceso monumental que pondrá a temblar al mundo, son las elecciones. Y no solo me refiero a las que se llevarán a cabo en Estados Unidos a finales de este año. Me refiero a las elecciones de las que casi la mitad de la población mundial formará parte. Permítame ponerlo en contexto.
Cerca de 4 mil millones de seres humanos, 49% del planeta, según algunos cálculos, celebrará elecciones en 2024.
Unos cincuenta países elegirán a su gobierno, entre ellos Rusia, Estados Unidos, México, Ucrania, Pakistán, Venezuela, Indonesia, Corea, entre otros.
Y en más de veinte se prevén elecciones legislativas, como el Parlamento Europeo. En otras palabras, 2024 es el año del Super Bowl de la política mundial.
En lo que va del año ya se han celebrado algunas elecciones ampliamente difundidas.
Taiwán eligió un nuevo presidente, Lai Ching-te, pero se mantuvo con el partido en el poder; Bangladesh, donde la presidenta Sheikh Hasina fue reelegida; El Salvador, con la controversial reelección de Nayib Bukele; y apenas ayer, Finlandia anunció que su ex primer ministro conservador Alexander Stubb ganó las elecciones presidenciales en medio de las tensiones con Rusia desde la adhesión del país a la OTAN.
Pero como dirían por ahí: aún faltan minutos para el medio tiempo.
El país más poblado de la Tierra, India, celebrará elecciones parlamentarias entre abril y mayo, que pondrán a prueba la popularidad del primer ministro Narendra Modi, quien aspira a un tercer mandato o reflejarán si la oposición ha ganado terreno.
Consolidada como la quinta economía más importante del mundo, y un referente digital de acuerdo con el Banco Mundial, todos los sondeos apuntan a que Modi continuará teniendo el poder geopolítico en la región.
El mismo panorama se divisa en Rusia, donde Vladimir Putin se perfila a seguir despachando desde el Kremlin.
El mandatario, de 71 años y cuya gestión es aprobada por el 80% de los rusos, según las encuestas oficiales, debería ganar las elecciones con más votos que en 2018, cuando sumó más del 76 % del total de los sufragios.
En el Parlamento Europeo se vaticina que la derecha arrasará con la mayoría de las posiciones.
Las elecciones serán testigo de un importante viraje a la derecha en muchos países: los partidos populistas de la derecha radical obtendrán votos y escaños en toda la UE, y los partidos de centroizquierda y ecologistas perderán votos y escaños.
Es probable que los populistas antieuropeos encabecen las encuestas en nueve países miembros (Austria, Bélgica, República Checa, Francia, Hungría, Italia, Países Bajos, Polonia y Eslovaquia) y queden en segundo o tercer lugar en otros nueve (Bulgaria, Estonia, Finlandia, Alemania, Letonia, Portugal, Rumanía, España y Suecia).
Y de vuelta a Norteamérica, Estados Unidos se juega la elección más importante de su historia.
Donald Trump amenaza con regresar a la Casa Blanca y con ello, fulminar al status quo que ha gobernado desde la llegada de Joe Biden.
Por eso, ya se rumora que el Partido Demócrata, al final podría decidir retirarle su apoyo y lanzar a Michelle Obama como su candidata.
Desde luego, esto sería algo sin precedentes, y hasta hoy no es más que un rumor. Las cosas se pondrán feas. Y bueno, de nuestro país, para qué le cuento, si de eso hablamos casi todos los días.
Lo que le quiero dar a entender con esta columna de inicio de semana es que, si usted es de los que no le gusta la política, prepárese para un año sumamente cargado de polarización y debate. Como dirían los chavos: soporten.
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