¿Estamos frente al agotamiento de la mañanera como mecanismo para manejar la opinión pública, sin repercusiones a la figura presidencial? Cuando el 3 de diciembre de 2018 iniciaron lo que hoy conocemos como las conferencias “Mañaneras” del presidente
Ocupada ha mantenido la agenda pública la más reciente afrenta del presidente Andrés Manuel López Obrador en contra de la prensa extranjera, después de que, en la Mañanera del 22 de febrero, el jefe del Ejecutivo hiciera público el número telefónico de la periodista Natalie Kitroeff, corresponsal del New York Times en nuestro país. Dicho acto, supone una severa agresión contra el marco nacional, y el de los Estados Unidos, país de que es ciudadana la afectada, de la protección de la privacidad y datos personales.
No debemos olvidar que el presidente no duda en violentar estos derechos de privacidad de la información cuándo la prensa hace alusión en algún reportaje a su familia, en especial a sus hijos, que han estado involucrados en temas de corrupción durante su gobierno. El primer referente de esto se dio cuándo el 26 de abril López Obrador presentó información sensible del periodista Carlos Loret de Mola, como un acto de revanchismo que tenía como fin desacreditar su reportaje de “La Casa Gris” en la que vivió su hijo José Ramón López Beltrán Houston, Texas.
Sin embargo, a pesar de que en naturaleza son semejantes ambos eventos, distan de los efectos emanados en la opinión pública nacional. Del mismo modo, el momento histórico y el desarrollo del sexenio del presidente no es semejante. Y vale la pena reflexionar en analizar por qué ha afectado tanto la acción de la semana pasada del jefe nacional de ejecutivo, frente a un 2022 dónde un periodista nacional fue afectado de forma semejante. Comencemos en la edición de esta semana de Día Cero para desentrañar esta trama.
Comencemos este análisis con la siguiente pregunta: ¿estamos frente al agotamiento de la mañanera como mecanismo para manejar la opinión pública, sin repercusiones a la figura presidencial? Cuando el 3 de diciembre de 2018 iniciaron lo que hoy conocemos como las conferencias “Mañaneras” del presidente, pocos contemplábamos el efecto aglutinador y direccionador de los medios de comunicación y la agenda pública que iban a tener estos ejercicios de comunicación social durante su gobierno.
Durante más de cinco años, el presidente ha impuesto la agenda de los medios, y en el nicho de su voto duro y más leal a su causa política, la conferencia es considerada un ejercicio de transparencia y comunicación con el gobierno que es altamente valorado para conocer las “acciones” de su gobierno.
A pesar de esto, la Mañanera no ha estado exenta de controversia, desde las iniciales contradicciones entre las cifras de organismos internacionales con las cifras del presidente, que llevaron a la famosa frase “tengo otros datos”. Hasta las afrentas cotidianas con periodistas como Jorge Ramos. Pasando por el circo mediático de la venta del avión presidencial, o la más reciente y brillante intervención de la periodista Jessica Zermeño de Univisión, que literalmente, desequilibró y sacó de sus casillas al presidente López Obrador, la Mañanera ha tenido mucho show y arena de confrontación para imponer más el “cómo” el presidente comunica su política de gobierno, que el “fondo”.
Sin embargo, detengámonos en el síntoma que Jessica Zermeño materializó el pasado viernes 23 de febrero. Por primera vez, en casi cinco años, vimos a un presidente López Obrador desequilibrado, llegando a un nivel de exasperación por la confrontación que realizó una periodista no tan conocida, que jamás habíamos visualizado en el púlpito de Palacio Nacional.
Dicha situación rompió la norma y la regla del presidente en su espacio de comunicación social: la de sentirse empoderado, ser el que guía la discusión y el que impone agenda. Ni siquiera cuándo personajes como Jorge Ramos, Pedro Ferriz o Denise Dresser lo confrontaron en su espacio de comunicación, se sintió vulnerable, por más larga y controversial que fuera la rivalidad con este tipo de personajes.

No obstante, Jessica Zermeño a través de sus preguntas guió al presidente a dar declaraciones polémicas, cuándo citó que “es mayor la calidad moral del presidente, por el pueblo al que representa, que las leyes”, haciendo alusión al marco jurídico nacional de protección de datos. Estas palabras le causaron más controversias en su ejercicio de comunicación social que ventajas de posicionamiento en la agenda pública nacional. Más severo se vuelven las declaraciones consecuentes del presidente de que lo volvería hacer, si se presentará la ocasión.
La condena de la opinión pública tanto nacional, cómo internacional no ha sido menor. Desde los reclamos de los medios de comunicación, los periodistas, etc. Hasta los actos de revanchismo, relacionados con la filtración de números de su familia y la candidata a la presidencia de la república, Claudia Sheinbaum, que parecen tener la pretensión de ser un acto de reclamo que traten de hacer el presidente reflexionar sobre la importancia de la protección de datos y la privacidad. Podemos estar frente a un síntoma que inevitablemente se iba a materializar, el fin de la mañanera como recurso para guiar la opinión pública nacional.
Del mismo modo, es probable que en los últimos días de su gobierno el presidente lleve a límites no antes alcanzados sus acciones en la Mañanera. ¿Qué repercusiones tendrán este tipo de eventos en el ánimo nacional e internacional? Una duda que nos atañe y probablemente observaremos en los meses consecuentes.
*X: @Travelerjm
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