Hasta el momento de escribir estas líneas para ustedes, no me he enterado de que la directora de la Liga Mexicana de Futbol Femenil, Mariana Gutiérrez se haya pronunciado al respecto, lo que me parece una seria omisión
Hace un buen día, estimados lectores de El Independiente, para referirnos al tristemente célebre caso de la futbolista del Club León Femenil, Ana Campa.
Resulta que la defensora, México-Norteamericana de 25 años de edad, el pasado mes de septiembre, durante un entrenamiento recibió un fuerte balonazo en el rostro.
Siete meses después, la jugadora abrió la caja de pandora al denunciar en redes sociales el mal trato recibido por parte del club.
Las versiones de los hechos posteriores al golpe en la cara son contradictorias y diametralmente opuestas. Mientras que Ana afirma que no le proporcionaron atención médica inmediata, la directiva de “las panzas verdes” afirman que sí; bueno, si el hecho de haberle puesto hielo y prescribirle ibuprofeno (antinflamatorio no esteroidal) es una atención médica apropiada.
La cuestión es que, a los quince días del fatal percance Campa perdió la visión del ojo golpeado y acudió con un especialista, incluso afirma que se trasladó a Texas, en el vecino país del norte para recibir la noticia de que la ceguera sería permanente lo que la obligaría a retirase del futbol.
Además, acusa que la mandaron al IMSS (ya ven que ya se cuenta con una atención mejor que la que proporcionan en Dinamarca) para que gestionara su incapacidad; pero, los trámites burocráticos y el papeleo han sido abrumadores.
Por su parte, en conferencia de prensa, el director deportivo del club Rodrigo Fernández, afirma, sin mostrar: una receta, un recibo de honorarios, un certificado médico o mencionar el nombre del galeno (lo que me parecería mandatorio) que en los primeros días fue auscultada por un especialista (lo que niega la futbolista).
Le echan la bolita al IMSS pretextando que es la única institución que puede tramitar y decir sobre la incapacidad permanente del paciente. Aparte, sostienen que “siempre le han acompañado al Seguro Social, mientras que Ana los contradice diciendo que solamente le acompañaron en una sola ocasión.
Esta situación es muy lamentable y ha puesto en entredicho el trato poco igualitario que recibe el balompié femenil en comparación con el varonil. Muchos colegas han lanzado al aire la pregunta retórica ¿Si se hubiera lesionado así Andrés Guardado lo hubieran mandado al IMSS a gestionar su incapacidad? ¿Solamente le hubieran puesto hielo y sus tabletitas de Ibuprofeno?, ¿Lo hubieran dejado morir solo?
“Haiga sido como haiga sido”, la versión de ella parece más sólida y creíble que la de ellos, sin mencionar que su respuesta ha sido tardía y muy desafortunada.
Dejaron escapar una gran oportunidad de demostrar de qué están hechos. En dar una muestra de solidaridad y de humanidad al brindarle todo el apoyo necesario: médico, moral y económico. Luego entonces ¿Cómo respondieron? Haciendo evidente que la habían mandado al IMSS, a su suerte.
Bien podrían haberle ofrecido una beca, un puesto de trabajo como directiva de la instrucción, haber estado al pendiente de su evolución, proporcionarle palabras de consuelo, hacer evidente su genuina preocupación, mostrando un poco de calidad humana y compasión.
Hasta el momento de escribir estas líneas para ustedes, no me he enterado de que la directora de la Liga Mexicana de Futbol Femenil Mariana Gutiérrez se haya pronunciado al respecto, lo que me parece una seria omisión.
Lo más grave de todo esto es que hace apenas unas semanas en la FMF cacaraqueaban el crecimiento y el apoyo que se le estaba brindando al futbol femenil en México, cuando para muestra basta un botón para ver con claridad que la senda que separa a mujeres de hombres todavía es muy amplia.
Repruebo el manejo que le han dado a este caso en la cueva de la fiera. Otra mancha al tigre, o mejor dicho … “otra mancha al León”.
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