El Tercer Congreso Bienal de Estudios Norteamericanos, organizado por el Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN) de la UNAM, ha sido un espacio privilegiado para la reflexión sobre los desafíos compartidos que enfrentan México, Estados Unidos y Canadá en un mundo marcado por el avance acelerado de la tecnología, las tensiones geopolíticas y las amenazas emergentes en el ciberespacio.
Dentro de este marco, la Mesa 10: Ciberseguridad y Geopolítica en América del Norte se erigió como un foro indispensable para analizar no solo los riesgos y vulnerabilidades que afectan a la región, sino también las oportunidades que la cooperación y el desarrollo normativo pueden generar.
Desde el inicio de la sesión, fue evidente que la ciberseguridad no es solo un tema técnico, sino una pieza clave de la gobernanza global, con implicaciones en la seguridad nacional, la protección de derechos y la estabilidad de las democracias.
Aprovecharé este espacio de Día Cero para compartirles los hallazgos de este panel.
CIBERSEGURIDAD Y COOPERACIÓN INTERNACIONAL: UN IMPERATIVO REGIONAL
La sesión dio inicio con la brillante intervención de Noradilda Calderón Lara (PPCPyS, UNAM), quien abordó la ciberseguridad desde una perspectiva de cooperación internacional.
Su análisis dejó claro que la seguridad digital en América del Norte no puede concebirse como un esfuerzo aislado de cada país, sino como una labor conjunta que demanda mecanismos de diálogo, coordinación y asistencia mutua.
Calderón resaltó el papel fundamental que han jugado organismos como la ENISA en la Unión Europea, que ha logrado estructurar un marco de estrategias nacionales de ciberseguridad en todos los Estados miembros.
En contraste, América del Norte enfrenta desafíos de interoperabilidad, pues mientras Estados Unidos ha desarrollado capacidades avanzadas de ciberdefensa e inteligencia, México y Canadá han apostado más por enfoques de regulación y resiliencia.
Sin embargo, como bien apuntó la ponente, la cooperación no equivale a armonía, sino a un equilibrio entre intereses nacionales y estrategias colectivas, donde cada nación debe definir sus prioridades sin perder de vista la colaboración regional.
El panorama planteado por Calderón es clave en un contexto donde los ciberataques ya no distinguen fronteras.
La creciente sofisticación de actores malintencionados, tanto estatales como no estatales, ha puesto en jaque infraestructuras críticas, sistemas financieros y hasta procesos electorales.
En este sentido, la ponente subrayó la importancia de avanzar en mecanismos de gobernanza digital, donde México tenga un papel más activo en foros multilaterales y no solo adopte políticas dictadas por otras potencias.
REGULACIÓN Y CIBERSEGURIDAD EN MÉXICO: UNA TAREA PENDIENTE
La segunda ponencia, presentada por Kate Quechol Maciel (Universidad de las Américas de Puebla), se enfocó en un tema crucial: los desafíos regulatorios de la ciberseguridad en México entre 2019 y 2023.
Su intervención fue un recorrido preciso y bien documentado sobre los avances, retrocesos y vacíos que han marcado el marco legal del país en esta materia.
Uno de los puntos más relevantes de su análisis fue el retraso legislativo en la adopción de estándares internacionales.
Mientras que en otros países ya se han implementado marcos como el NIST Cybersecurity Framework en Estados Unidos o el Convenio de Budapest en Europa, México sigue sin una estrategia nacional integral que garantice una protección eficaz frente a las amenazas digitales.
Quechol Maciel hizo hincapié en un aspecto que no puede pasarse por alto: la ciberseguridad no es solo un tema de defensa nacional, sino también de derechos humanos y acceso a la justicia.
Su exposición resaltó cómo la ausencia de una regulación clara ha dejado lagunas en la protección de datos personales, ha dificultado la persecución de delitos cibernéticos y ha generado incertidumbre sobre la responsabilidad de empresas y plataformas digitales en la prevención del cibercrimen.
En este sentido, la ponente propuso la adopción de una legislación más robusta, alineada con modelos exitosos en otras regiones, y subrayó la importancia de que México no solo siga las tendencias internacionales, sino que construya su propia agenda en materia de ciberseguridad.
EL LADO OSCURO DEL METAVERSO: RIESGOS Y DESAFÍOS
Una de las ponencias más impactantes de la sesión fue la de Mirna Zárate Hernández (IACA), quien abordó con gran claridad y profundidad un tema que suele quedar relegado en los debates sobre tecnología: los peligros latentes del metaverso.
Zárate presentó un análisis detallado de cómo esta nueva dimensión digital, que promete revolucionar la forma en que interactuamos y nos relacionamos, también está dando lugar a una serie de riesgos sin precedentes.
Desde la proliferación de «metacrímenes», como el acoso y la explotación de menores, hasta la creciente sofisticación de fraudes, estafas y robos digitales, su intervención puso en evidencia las fallas estructurales en la seguridad de los entornos virtuales.
Un punto crucial de su exposición fue la ausencia de regulaciones claras que permitan prevenir y sancionar los delitos cometidos en el metaverso.
En un mundo donde la identidad digital cobra cada vez más relevancia, la falta de normativas que protejan a los usuarios de abusos, violaciones de privacidad y violencia de género en plataformas virtuales es una deuda pendiente que, como bien apuntó la ponente, debe ser abordada con urgencia.
ÉTICA Y ARMAS SEMIAUTÓNOMAS: ¿HASTA DÓNDE PUEDE LLEGAR LA IA EN LA GUERRA?
El cierre de la sesión estuvo a cargo de Lorena Belem de la Barrera Soria (ITESM), quien presentó un análisis riguroso y profundamente reflexivo sobre el uso de armas semiautónomas y la dignidad humana.
Su intervención dejó en claro que el debate sobre la inteligencia artificial en combate no es solo una cuestión técnica o militar, sino un dilema ético de gran magnitud.
Con gran solvencia argumentativa, la ponente expuso cómo la autonomía de estos sistemas plantea desafíos en términos de rendición de cuentas, responsabilidad y respeto por los principios del derecho humanitario internacional.
Uno de los puntos más inquietantes de su exposición fue el impacto psicológico y moral en los operadores humanos.
La delegación de decisiones letales a máquinas no solo plantea una crisis de responsabilidad, sino que también puede generar desensibilización, pérdida de agencia moral y conflictos éticos en quienes interactúan con estas tecnologías.
Belem de la Barrera destacó que, mientras en América del Norte se discute la regulación de estos sistemas, otros países están avanzando en su desarrollo sin restricciones claras.
Su llamado a la implementación de protocolos de gobernanza ética y auditorías periódicas fue una de las conclusiones más relevantes de la mesa.
CONCLUSIÓN: CIBERSEGURIDAD Y GEOPOLÍTICA EN AMÉRICA DEL NORTE
La Mesa 10 demostró que los desafíos de la ciberseguridad en América del Norte no son solo de carácter técnico, sino profundamente políticos, sociales y éticos.
Desde la necesidad de mayor cooperación internacional, hasta la urgencia de regular tecnologías emergentes como el metaverso y la inteligencia artificial en combate, los debates dejaron en claro que la región enfrenta un momento decisivo.
Las intervenciones de Noradilda Calderón, Kate Quechol Maciel, Mirna Zárate y Lorena Belem de la Barrera fueron fundamentales para visibilizar estos desafíos y aportar soluciones concretas.
Sin duda, su trabajo representa un aporte valioso para la construcción de un futuro donde la tecnología no solo avance, sino que lo haga con responsabilidad, equidad y respeto por los derechos humanos.
No olvides mantenerte informado en El Independiente MX

