La teoría de la elección racional ha tenido una importancia fundamental en el behaviorismo de las ciencias sociales.
No hay malas acciones sino malos incentivos.
La presidencia de la república en México siempre ha enfrentado la hegemonía de los Estados Unidos, las diversas circunstancias, variaciones y concomitancias, llevan a establecer que la estrategia definida solo es una: cooperar.
Sin embargo, las autoridades mexicanas están encerradas entre la espada y la pared cuando Norteamérica decide enfrentar directamente los poderes fácticos.
Y es que la situación, por más que se intente, no puede ser unidireccional como quiere Donald Trump, México es ingobernable desde su nacimiento.
El Estado Mexicano ha tenido que guardar el equilibrio entre el Imperio Norteaméricano y los enclaves autoritarios que permiten el patrimonialismo donde la clase política se beneficia.
No es la primera ocasión que ocurre, a principios del siglo XX el gobierno del país jugó al malabarismo entre el orden interno y las demandas norteamericanas: primero fue el petróleo, recursos humanos y la tierra, después el anticomunismo, luego el neoliberalismo y, ahora, es el credo wasp de los neonazis que llegaron al poder en la Casa Blanca y pretenden institucionalizar el IV Reich.
Algunos creen que, con el tiempo, México ha llegado al Equilibrio de John Nash por tantas interacciones; de algo debe servir el dispositivo de reflejarse como el patio trasero.
Sin embargo, también es cierto que se ha estructurado un Equilibrio de Pareto, así como un emparejamiento de las condiciones organizacionales: la caída de México puede implicar un daño profundo para los Estados Unidos.
Existe un elemento como antecedente: la guerra civil americana.
Hace algunos años, George Friedman conjeturó las estrategias ocultas que podrían realizarse en el lado mexicano: fortalecerse secretamente para derrotar al Imperio Yanqui en el momento preciso; sin embargo, el dato es impreciso.
El arma secreta de México para destruir los Estados Unidos no es el dinero del narcotráfico sino el caos y desorden, quizá Samuel Huntington lo ha estudiado mejor. México y Estados Unidos viven un triángulo imposible donde el tercer actor interesado lo ocupan diversos poderes fácticos.
El Mexican Standoff también es un elemento a considerar por el actor hegemónico estadounidense.
México será el país más afectado por el republicanismo trumpista, el poder de los Estados Unidos –aún en declive- es superior a cualquier poder fáctico de los pueden representar el tercer actor interesado o afectado.
La mejor estrategia para el Estado Mexicano será suspender el triángulo y formular el binomio cuadrado perfecto con Donald Trump.
Si el poder fáctico invisible decide la guerra total contra Norteamérica, el Estado Mexicano no puede colaborar en esa estrategia, los tiempos no son los ideales para el surgimiento de Mexamérica.
No olvides mantenerte informado en El Independiente MX

