Hace algún tiempo se reflexionaba sobre el fracaso de la política en demasiados contextos democráticos y autoritarios.
Desde el momento en que la globalización y el neoliberalismo generaron efectos graves para la sociedad, el sentimiento de que la política estaba despersonalizándose comenzó a extenderse.
Sartori señala que la corrupción es uno de los elementos para denunciar el fracaso de la política; en ese momento resulta saludable el ejercicio de limpieza y una sacudida antipolítica.
Sin embargo, ese ejercicio tiene que servir para purgar el sistema y formular un nuevo liderazgo.
La política no fracasa, sólo fracasan los políticos; señala Bernard Crick.
Y esto se traduce en que la política siempre está allí para regenerar a los colectivos y civilizaciones, incluso la democracia.
La política neoliberal se cargó hacia la plutocracia de una forma irresponsable, las clases políticas de diversos países se entregaron al poder de los empresarios y sujetos poderosos para renunciar a su función de equilibrar los desajustes del mercado y la esfera social.
El fenómeno de los autoritarismos está reclamando la aparición de una nueva clase política, una que pueda inspirar a los grupos sociales y persuadir a los poderosos de la necesidad del progreso social, élites políticas que analicen recuperar los espacios perdidos frente a los plutócratas.
La política no fracasa porque es necesaria para la humanidad, sin política aparece el estado de naturaleza y la posibilidad de la extinción; algo que sólo se decía, pero, hasta ahora, estamos en la condición de conocer profundamente como ocurrió en la Europa de la primera mitad del siglo XX.
La ausencia de política genera fenómenos como Donald Trump, Sartori señala que es necesario equilibrar el simplismo negativista y la ingenuidad científica. Ahora que los autoritarismos competitivos comienzan a extenderse, se valora la necesidad de la política.
En efecto, desarrollar cursos de acción, agregación de intereses y políticas públicas efectivas para la comunidad y grupos políticos honestos.
La crisis de la democracia liberal capitalista es un llamado al ejercicio político auténtico, se trata –señala Sartori- de movilizar al elefante, hacer funcionar el Estado, concentrarse en la gobernabilidad, instituciones y responsabilidad colectiva.
La antipolítica nos muestra la necesidad de la política, el avance de las derechas radicales en el mundo representa un síntoma insoslayable.
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