Bajo el esquema de la racionalidad colectiva, la decisión de atender las demandas de seguridad planteadas por la Casa Blanca ha sido necesaria y prudente; es seguro que se incrementarán con el tiempo, incluso hasta niveles mayores.
La histórica colaboración en materia de narcotráfico que está implementando la presidenta Claudia Sheinbaum obliga a que los Estados Unidos intervengan más en los vínculos de los clase política, los poderes regionales y demás sectores sociales con los grupos de la delincuencia organizada y la materia propia de los psicotrópicos, con el tiempo México puede entregar el manejo de la seguridad a los estadounidenses que siempre han querido regular esta materia.
Con todo y las críticas que este evento ha generado, cabe la pegunta ¿qué otro camino existe? El destino de México son los Estados Unidos, por lo menos hasta ahora, y la dependencia económica resulta un totalitarismo que no se puede soslayar.
Aunque las críticas a la subordinación pueden resultar verdaderas, lo cierto es que ni la izquierda ni la derecha han conseguido desarrollar un camino alternativo para escapar del imperialismo norteamericano.

Entonces, ¿Qué esperar? México no puede ser ninguna Ucrania que recibirá el apoyo económico de la Hispanidad para sostener una guerra con Estados Unidos, tampoco habrá ningún soporte de los BRICS o potencia media.
No existe otro camino para evitar el conflicto con los norteamericanos más que la colaboración.
La balanza de pagos, las remesas migrantes y la dinámica social hacia Estados Unidos convierte a México en un país satélite de los Estados Unidos ¿Quién puede cambiar esta cruda realidad? Incluso el declive de Imperio Yanqui terminará por afectar a México de una manera profunda.
La colaboración con Norteamérica contribuirá, en el largo plazo, a profundizar la gobernabilidad, democracia, modernidad y urbanización.
Las políticas públicas de nuestro país tienen que ser trasnacionales para cerrar la brecha entre la mexicanidad y la cultura anglosajona; materialmente la integración ha sido provechosa y las críticas trumpistas hacia la clase política y élite económica de México son correctas; la élite del poder en México ha sido egoísta y abusiva desde siempre.
El tema de los aranceles resulta incierto, para algunos economistas el avasallamiento de los republicanos contra México apenas empieza; no obstante, el vínculo social entre los Estados Unidos favorece también una relación que implica beneficios mutuos.
Es una pena que la gobernabilidad mexicana se maneje a control remoto desde la Casa Blanca; empero, el patrimonialismo de los poderosos mexicanos ha sido peor.
El alineamiento de los gobernantes mexicanos con Washington permite el equilibrio óptimo entre los grupos del poder en nuestro país.
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