Cuando Donald Trump promete algo, lo primero que hay que preguntarnos es: ¿cuánto tiempo le tomará no caer en una confrontación sin sentido que por alimentar su ego, al mundo le pueda costar mucho dinero, muchos esfuerzos o incluso, llevándolo más lejos, miles de vidas? Tan sencillo como entender que es el presidente de la nación más poderosa del mundo, el gran problema es que una parte importante de las decisiones que toma lo hace desde el yoísmo, esta necesidad de creerse el centro del universo y de creer que sus opiniones o intereses son más importantes que las opiniones e intereses ajenas a él.
Hace más de una semana Israel decidió atacar parte del territorio de Irán para destruir la capacidad del régimen de Teherán (capital iraní) de desarrollar al menos una decena de armas nucleares. El jueves pasado, Trump le dio un plazo de dos semanas a Irán para “permitir las gestiones diplomáticas” antes de tomar una decisión definitiva sobre la acción militar estadounidense. Eso el jueves, el sábado (dos días después) atacó tres de sus instalaciones nucleares. Dos semanas resultaron ser dos días. A nadie sorprende si recordamos algunas de sus últimas promesas: en abril puso ese mismo plazo para “decidir” si podía confiar en Vladímir Putin; la misma aplicó en mayo sobre las negociaciones comerciales con China; así lo hizo también a principios de mes al hablar de un tratado comercial con Corea del Sur. Pero es Trump, quien tras atacar tres de las bases nucleares de Irán concluyó que “ahora es el momento de la paz” y claro, lo hizo desde su plataforma favorita, su red social. ¿Qué ha pretendido Donald Trump desde que llegó al poder con este tipo de advertencias como parte de su estrategia, inducir a una falsa sensación de seguridad para atacar en el momento menos previsorio? La victoria en un conflicto requiere de algo más que astucia y fuerza física, la inteligencia y la intimidación bien utilizadas pueden disolver el conflicto sin confrontación, regla básica del arte de la guerra de Sun Tzu, pero es Trump, adorador del conflicto y de los reflectores. Irán había advertido a cualquier “tercero” que estuviera considerando involucrarse en el conflicto con Israel una respuesta inmediata. Hasta este momento, mientras escribo estas líneas, no ha sido así, pero queda la duda: ¿de qué manera responderá Irán a los ataques a tres de sus instalaciones, incluyendo la de Fordo, considerada la joya de la corona de su programa nuclear? Dentro del mundo utópico de Trump, él confía en que este ataque obligará a Irán a hacer mayores concesiones, pero en el mundo real parece improbable que una nación tan reacia al diálogo se incline en señal de respeto estando bajo ataque, y aunque Trump insinúe que se trató de un evento único y exitoso, tomará tiempo determinar si realmente Estados Unidos con Trump a la cabeza logró su objetivo de destruir las fortificadas instalaciones nucleares iraníes, o, si contrario a ello, la presión aumentará, lo que consumaría mi hipótesis: el grave riesgo político que esto desencadenará, resultado de una mala jugada de Estados Unidos a cambio de una mínima ganancia militar. Lo ocurrido el sábado en Irán es una advertencia más para el mundo sobre la manera en la que el presidente de la potencia más importante toma decisiones para “alcanzar la paz”, un presidente que se jactó de no haber iniciado nuevas guerras durante su primer mandato y que criticó con frecuencia a sus predecesores por haber involucrado a su país en conflictos extranjeros, pero en este capítulo de la historia (uno de los momentos geopolíticos de mayor tensión en el conflicto entre Irán e Israel) el futuro no está del todo en manos de Estados Unidos. “Depende del pueblo iraní alzarse por su libertad y la libertad nunca es barata” advirtió el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, líder de una de las dos naciones protagonistas de esta guerra. Las palabras del canciller alemán, Friedrich Merz, son quizá el claro y preocupante reflejo de lo que piensa buena parte de la comunidad internacional: “Israel está haciendo el trabajo sucio por nosotros”. ¿Cómo debemos traducir esto? ¿Alguien tiene que poner fin a la amenaza que representa la posibilidad de un Irán nuclear, con toda su inestabilidad, y ahora que Israel comenzó el trabajo “sucio” como lo calificó el canciller de Alemania, Trump cree que como líder supremo del país más poderoso del mundo tiene que liquidarlo? Es pregunta seria, aunque no lo parezca. Ayer por la mañana Irán describió el ataque de Estados Unidos contra tres de sus instalaciones nucleares como un comportamiento «extremadamente peligroso, ilegal y criminal», y adelantó que se reservará «todas las opciones» para responder, pero “tendrán consecuencias duraderas”, advirtió el ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi.

Si bien Irán ha defendido siempre que sus instalaciones no tienen fines militares, es decir, que no se usan para fabricar armas sino para producir energía, una idea que volvió a subrayar el ministro desde el inicio de los ataques entre Irán e Israel el 13 de junio, la respuesta de Estados Unidos puede darle un giro inesperado. El líder supremo de Irán, el ayatolá, Alí Jamenei advirtió en un mensaje que fue leído por un presentador de la televisión estatal iraní que “cualquier forma de intervención militar estadounidense sin duda tendrá como consecuencia un daño irreparable». En esa misma línea, el viceministro de Relaciones Exteriores iraní, Saeed Khatibzadeh, dijo en una entrevista para la BBC que si Estados Unidos participaba en la guerra entre Israel e Irán, “habría un infierno en toda la región» y agregó que si el presidente Donald Trump decidía intervenir directamente en el conflicto, sería recordado por haber participado en una guerra que no era suya. Pero Trump no dudó en su respuesta: “o habrá paz o habrá guerras”. Una escalada de esta naturaleza no se puede tomar a la ligera. Por lo pronto ayer el Parlamento iraní aprobó el cierre del Estrecho de Ormuz —ruta clave para el comercio global y el mercado energético, por aquí se exporta una quinta parte del petróleo y el 30% del gas que se produce en Medio Oriente y se exporta a todo el mundo— la decisión final la tendrá el Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Habremos de esperar más represalias de Teherán, Estados Unidos confía en que no pasará de ataques a sus bases militares en Medio Oriente a las que ya amenazó el ayatolá Alí Khamenei, pero la posibilidad de atentados terroristas más allá de la región luego de la intervención estadunidense, no parece lejana.
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