¡Hola a mis luminosos reflectores (reflexivos lectores)! Hoy les escribo desde mi casa con mi taza de «Breakfast at Tiffanys», mientras me calmo de lo que acabo de escuchar.
Amo seguir las noticias de Francisco Zea y Mónica Noguera, ella informó esta mañana que según estudios recientes de no sé qué universidad de no sé qué estado de los «iunaítes» (EU), ¡la adolescencia dura hasta los 32 años!, o sea que el tiempo de que tu cerebro deja de ser una gelatina sin cuajar dura más de dos décadas.

La verdad es que esta información me cayó como balde de agua fría. No crean que pensé en todos los «chavo-rucos» que me he topado en la vida.
A esa banda la repelo a la primera. Yo me vi orillada a madurar antes de tiempo.
Mi infancia duró muy poco y mis urgencias básicas a resolver por mí misma empezaron muy temprano, así que cuando un galán de 40 y más se me acerca con jeans, remangados, tenis y plática propia de tardeada fresa, sonrío y me doy la vuelta.
Sin embargo, el saber que la adolescencia dura tanto me lleva a pensar en las nuevas generaciones.
Los de la rodada tenemos en la mayoría la idea generalizada de que ahora los y las chav@s traen una onda de poca identificación con el esfuerzo como preámbulo al éxito, cuando los de 25-30 años no tienen interés en generar «antigüedad» en un trabajo, o prefieren rentar un super depa de una recámara en una zona fresa por años, en lugar de comprar más lejos, cuando vemos que no les interesa formalizar una relación, y que casarse o tener hijos les da arcadas «viejitos» como yo, podríamos pensar que son «inmaduros» que no conocen de los embates de la vida, que: «A Dónde Vamos A Parar», como cantaría el Buky.
Pero al final, eso de no comprender a los jóvenes es muy de «no jóvenes». Ahora, toca elegir qué sentir con este descubrimiento científico; ya que, como madre de dos niños, va a estar cañón saber que tal vez me les muera antes de verlos actuar y pensar como adultos.
¡Dejo esta congoja para cuando sea el momento, mejor! ¡Vámonos a lo sabroso del espectáculo!
Esta semana fue Mónica Huarte quien por fin confirmó un rumor negado por añísimos. Sí volaron las pelucas en Mentiras el musical. Aunque Natalia Sosa y Mariana Treviño se quedaron calladitas, calladitas, Mónica admitió que hace años Daniela y Lupita se agarraron de las greñas mientras corría la obra y que ella tuvo que meterse entre las dos para evitar que volvieran al escenario todas arañadas.
Se dijo en su momento que Natalia le agarró una tirria de la gacha a Mariana, ya que según la historia la protagonista es la de rosa, es decir Daniela.
Pero nadie anticipó que Lupita le robara toda la atención y cariño del público.
Y es que es indiscutible como Mariana Treviño sacó la pelota del estadio con el personaje de naranja, la secretaria de Mentiras El Musical se ganó la ovación por encima de la esposa.
Por esa razón aseguran empezó el reclamo entre sus actrices Natalia y Mariana.
La misma Mónica, quien hacía el personaje de verde o sea Dulce, vino a revelar la verdad, que todo fue un asunto de egos. ¡Qué mala onda!, porque el reparto original era insuperable. Eso creo yo.
Y hablando de lo que creo: No voy a dejarme llevar por mi indignación personal al opinar sobre Mayela Laguna luego de la publicación de TV Notas, donde una «examiga», dice que la ex de Luis Enrique llegó a desear la muerte de la Diva.
Incluso a imaginar formas en las que podría «desvivirla». Hace meses al descubrir su deshonesto proceder hacía mí, corté comunicación.
Sin embargo, hace un año aún tenía una supuesta amistad con la señora y al fallecer doña Silvia vi a Mayela genuinamente mal. Lloraba por estar lejos en ese momento.
Estaba demandada por el ex, la prueba de ADN había salido negativa en dos ocasiones. Era repudiada por la familia Pinal Guzmán. Obvio no podía acercarse.
Pero para su hijo, era su abuela, y darle la noticia sin poder acercarlo a la que el menor consideró su familia durante sus casi 5 años de vida era una pena que yo creo, era genuina.
Por ello dudo mucho que sea cierto el plan sinestro de Mayela contra su exsuegra. Claro, a estas alturas no pongo las manos al fuego por ella nunca más.
Hace poco me llegaron unos audios donde habla de mí con alguien, cuya identidad no voy a revelar. Se escucha reír de cómo «me está quemando» a sabiendas de que es mentira y no hay ni tantito remordimiento.
Cada uno sus escrúpulos ni eso sesga mi objetividad. Yo vi que Mayela sufrió por la muerte de su exsuegra. No había cámaras ni para qué fingir.
En silencio la consolé y acompañé cuando su niño tuvo que saberlo. Ahora, de 10 cosas que me llegó a decir ya dudo 20, pero la pena como madre por lo que iba a sentir su niño, júzguenme si quieren, pero eso sí se lo creo.
Les deseo un diciembre bonito lleno de alegrías y buenas noticias. Por lo pronto, buen fin de semana y famosos: ¡Ándense derechitos, que solo La Joroba les estira los huesitos!
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