En política, en el Congreso, casi ninguna votación es técnica. Tampoco ocurren sin contexto, sin historia previa. Y las abstenciones, menos. Lo que ocurrió esta semana en San Lázaro lo deja en claro: en lo que fue la primera gran iniciativa económica del sexenio, el Partido del Trabajo, histórico aliado de la 4T, decidió no acompañar a Claudia Sheinbaum y se colocó, en los hechos pero también de manera simbólica, en la misma línea del PAN y del PRI. Morena sacó la votación sin mayores complicaciones, pero lo que no pudo sostener es algo todavía más delicado: la imagen de unidad, de cohesión total en la “Cuarta Transformación”. Las señales de un resquebrajamiento en la alianza oficialista se notaban desde hace meses. Pero nunca habían quedado tan claras, tan de manifiesto.
La escena tuvo un guion preciso. Mientras Morena y el Verde defendían con firmeza la propuesta presidencial que permitiría aumentar hasta 50% los aranceles de más de mil fracciones de importación -principalmente productos asiáticos provenientes de China, Corea o la India-, el PT se desmarcó. El argumento fue que esta medida podría elevar costos de producción y, como efecto dominó, generar presiones en la inflación y efectos dañinos para aquellos sectores que dependen directamente de insumos asiáticos. Aunque técnicamente el discurso es correcto, políticamente parecería insuficiente para justificar un rompimiento tan abierto como el que vimos en el Congreso. Si el desacuerdo fuese solamente por aspectos macroeconómicos, este pudo haberse manifestado a través de reservas, posicionamientos o buscando ajustes en la redacción. Pero eso no ocurrió. Lo que vimos fue una abstención completa de la bancada, que -a querer o por “coincidencia”- terminó alineada con la oposición.
Para entender lo ocurrido en la Cámara de Diputados, hay que remontarse al pasado. No muy atrás: solo unas semanas. Y recordar dos palabras, un lugar, un apellido: Monreal y Zacatecas. En esta entidad, el PT le cerró la puerta a Saúl, hermano de Ricardo Monreal y aspirante a la gubernatura por la 4T.
El episodio pasó casi desapercibido en la opinión pública, pero no para el legislador zacatecano, quien lleva décadas leyendo los movimientos del poder con una precisión casi quirúrgica. Ese día, desde la tribuna, Ricardo Monreal cobró la factura. Y lo hizo con una habilidad que solo tienen los políticos que entienden que las batallas en estas arenas se ganan con simbolismo, no con gritos.
Mientras defendía la iniciativa arancelaria, Monreal elogió a Sheinbaum, agradeció su respaldo en campaña y remató con una frase que suena sutil pero contundente, dirigida al PT: “A la presidenta nos debemos la mayoría de los que estamos aquí sentados”. Un recordatorio, envuelto en cortesía parlamentaria, de quién sostiene hoy la legitimidad de la coalición, de la 4T. Después, al mencionar a los aliados, el diputado reconoció al Partido Verde, a Morena… y deliberadamente omitió al PT. Claramente no fue un error, un olvido. Fue una estrategia: la amenaza, vía omisión. Y en el Congreso, el no mencionar algo puede pesar más que aquello que se menciona directa y explícitamente. Es una forma elegante, política, pero también de las más duras, de marcar distancia.
Lo que está en disputa, más allá de los aranceles, es la cohesión del proyecto oficialista, el de Sheinbaum. La presidenta impulsa su primera gran decisión económica en un contexto internacional complicado: China expresó su molestia por la medida; India calcula pérdidas millonarias; Corea del Sur analiza respuestas y, al tiempo, Donald Trump aumenta su presión para alinear a México a su guerra comercial, y lo hace, como siempre, a través de otras monedas de cambio. La más reciente: su amenaza de tasar con 5% las importaciones mexicanas si el país no entrega una determinada cantidad de agua que se adeuda desde años a Estados Unidos.
Como casi siempre con Trump, el tema no es el agua ni tampoco el arancel. Es un tema electoral para él, pero también una forma de presionar por un lado, buscando ganancias por otro.
Con todo lo anterior, la maniobra del PT, su abstención, solo genera desconcierto para el oficialismo, pues debilita la narrativa de fortaleza interna que la presidenta necesita proyectar al interior pero, en este momento, hacia el exterior. El partido rojo y amarillo juega bajo su propio cálculo. Con una sola votación logró tres objetivos: deslindarse de una medida que podría tener costos inflacionarios en 2026 y un malestar social; recordar que no está dispuesto a entregar cheques en blanco; y enviar la señal de que cualquier negociación futura -incluidas aquellas de la elección de 2027- deberá reconocer su valor y su peso político. La abstención fue una forma de protestar en silencio, pero también un aviso anticipado: el PT puede acompañar, pero no obedecerá automáticamente. No de gratis.
Para Morena, en cambio, este episodio abre una pregunta incómoda: ¿qué tan fáciles de administrar serán las tensiones internas cuando entren en juego las candidaturas y sus definiciones en las elecciones federales que tendrán lugar en dos años? La 4T se sostuvo durante años mediante un pacto pragmático en el que cada partido sabía qué podía pedir y qué podía recibir. Una balanza que parecía perfecta. Pero el equilibrio no es eterno. Y esta semana, en San Lázaro, uno de sus aliados decidió empujar, no solo en palabras sino en los hechos, hasta cerca de los límites.
Sheinbaum enfrenta una tarea que va más allá de justificar una medida comercial. Su primera gran decisión económica ya generó un reacomodo dentro de la coalición, tensiones diplomáticas y lecturas políticas que van más allá de los argumentos técnicos. La presidenta puede restarle importancia y enmarcarlo como una mera discrepancia, parte de la pluralidad dentro de su movimiento, del oficialismo. Pero la señal está ahí: la 4T no es monolítica y cada decisión con costo político abrirá una grieta y/o un espacio de negociación interna.
Los próximos meses nos dirán si la abstención del PT esta semana fue meramente un acto “plural” y de “diversidad de opiniones” o, por el contrario, el prólogo de algo mayor. Lo cierto es que, en un momento en que México -y particularmente su gobierno- necesita mostrar una imagen de unidad frente al complejo escenario geopolítico actual, la grieta se abrió desde dentro, no desde la oposición. Y en política, las grietas rara vez se cierran solas.
Por lo pronto, algo queda muy claro: las abstenciones también hablan. Y el PT, de esta forma, habló más fuerte que con cualquier discurso en tribuna.
Nos vemos la próxima semana. Tenemos una cita con el poder.
Agendado. @betoblizzard
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