“…quien se adueñe de un Estado debe meditar sobre todo el daño que le será preciso infligir…”
El Príncipe
Más allá de los confilctos entre la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, y el senador Javier Corral (socio de Vanessa Romero y Carlos Pérez en la librería Sandor Marai); más allá de los deseos de Adán Augusto por Andrea Chávez para que encabece la nominación de Morena a la gubernatura, frente a los buenos resultados en encuestas de Cruz Pérez Cuéllar; emerge una figura desafiante: Julián Lebaron, quien anunció que competirá para gobernar Chihuahua en 2027 porque “los chihuahuenses podemos hacer por nosotros mismos en unos cuantos años lo que no han hecho los políticos”.
La aspiración de Julián aparece en un momento de tensión entre el Estado y la comunidad LeBaron: por un lado, el expediente de violencia que convirtió a la familia en emblema de víctimas, victimarios y activistas; por otro, el conflicto por el agua y las acusaciones de acaparamiento de concesiones en una región exhausta por la sequía. Su salto a la arena electoral obliga a mirar el fenómeno completo: fe patriarcal, agroindustria, seguridad, poder territorial y una identidad binacional que suele quedar fuera del encuadre mediático. Es más, sorprende el buen trato que le da la comentocracia mexicana a una familia tan controvertida.
APELLIDO CON DOBLE HISTORIA: PROSPERIDAD Y SANGRE
La presencia LeBaron en el noroeste mexicano nació como parte de la diáspora mormona. Desde 1885, familias cruzaron a México empujadas por la persecución legal en Estados Unidos contra la poligamia. Tras el Manifiesto de 1890 —cuando la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días renunció formalmente al matrimonio plural—, los grupos fundamentalistas se escindieron. La incursión de la comunidad LeBarón en el septentrión mexicano no es solo un flujo migratorio, sino una secesión teológica y legal motivada por la defensa del «matrimonio plural» frente a la presión punitiva de los Estados Unidos. La Ley Edmunds-Tucker de 1887 proscribió la poligamia y amenazó la estructura orgánica de la fe mormona, forzando a facciones fundamentalistas a buscar en el México porfirista un espacio de autonomía teocrática.
Esta estructura familiar, núcleo de su identidad política, se cimentó bajo la noción del «Manto Sacerdotal» y el «Derecho del Primogénito». Figuras como Benjamin F. Johnson y su nieto Alma Dayer LeBaron, establecieron una jerarquía de poder absoluto donde la autoridad divina precede a la civil. Un matiz sociológico crucial fue la adopción estratégica de matrimonios con «Lamanitas» (mujeres indígenas mexicanas), siguiendo preceptos del Libro de Mormón para expandir su influencia territorial y demográfica sin diluir la cúpula patriarcal blanca. En 1924, Alma Dayer fundó la Colonia LeBaron, en Galeana, Chihuahua: comunidad que pasó de la precariedad inicial a convertirse en un enclave agrícola tecnificado. Siete de los hijos de Alma Dayer (Benjamin, Ross Wesley, Alma Jr., Floren, Verlan, Joel y Ervil) reclamarían eventualmente títulos como «El Fuerte y Poderoso», fragmentando la teocracia en cismas que oscilaron entre la prosperidad agroindustrial y una violencia doctrinal sin precedentes. Después de la muerte de Dayer en 1951, la disputa de liderazgo entre sus hijos desembocó en el episodio más violento: la radicalización de Ervil LeBaron, quien promovió la doctrina de la “expiación con sangre” —la idea de que ciertos pecados debían pagarse con asesinato— y detonó una cadena de crímenes. En 1972 fue asesinado Joel LeBaron; Ervil fue capturado, pero su influencia continuó. Aunque la etapa sectaria no define a toda la comunidad actual, sí pesa como estigma.
La transformación de la Colonia LeBaron en un oasis agroindustrial responde a una organización patriarcal que opera bajo la lógica de una corporación transnacional. Su ventaja competitiva no reside únicamente en la tecnificación del cultivo de nogal, sino en el uso estratégico de la doble nacionalidad. Esta movilidad fronteriza permite captar capitales en Estados Unidos —a través de sectores como la construcción— para reinvertirlos en la expansión territorial en Chihuahua. La comunidad ha logrado una captura de recursos que le permite evadir el control económico del Estado mexicano mientras extrae beneficios de su territorio, consolidando una hegemonía que desplaza a los productores locales.
DEL AISLAMIENTO AL ACTIVISMO: LA VICTIMIZACIÓN COMO TRAMPOLÍN PÚBLICO
La transición de los LeBaron de comunidad cerrada a actor político se aceleró con la violencia del narcotráfico. En 2009, el secuestro de Erick LeBaron (17 años) y el posterior asesinato de Benjamín LeBaron y su cuñado Luis Widmar marcaron un antes y un después. Julián, hermano de Benjamín, se volvió una voz pública y se incorporó a movimientos nacionales por la paz.
Esa victimización les dio algo que pocas comunidades rurales obtienen: visibilidad constante en medios nacionales e interlocución con el poder. Pero ese foco también simplificó el relato: para una parte del público, los LeBaron quedaron vistos como víctimas emblemáticas. En ese encuadre se suele ignorar —o pasar rápido— que se trata de una comunidad de origen estadounidense, con frecuencia binacional, formada por migrantes que llegaron a México precisamente por un conflicto con la ley de su país de origen, y con prácticas religiosas asociadas al mormonismo fundamentalista, incluida la tradición del matrimonio plural (que no es lo mismo que el poliamor) en algunas de sus ramas históricas y a la violencia en sus disputas intrafamiliares. En política electoral, esa mezcla de extranjería percibida, doble ciudadanía, religión minoritaria y un pasado sectario violento deberían convertirse en un filtro de desconfianza para votantes.
La masacre de Bavispe, en 2019, internacionalizó a la familia: fueron emboscadas camionetas en las que viajaban mujeres y niños de las familias LeBaron, Miller y Langford. Murieron nueve personas —tres mujeres y seis menores, incluidos gemelos de ocho meses— y el episodio abrió un roce diplomático: Donald Trump 1.0 ofreció intervención directa contra cárteles; México rechazó la idea en nombre de la soberanía. Para 2024-2025 se reportan decenas de detenidos, pero la familia insiste en que la justicia sigue incompleta: detenciones sin sentencias firmes por homicidio para todos los responsables equivalen, dicen, a “justicia a medias”.
ACAPARAMIENTO DE AGUA Y CAPTURA DEL ESTADO
La prosperidad agrícola —centrada en el nogal, cultivo intensivo en agua— produjo la controversia más explosiva del norte: el acceso y control del recurso hídrico. La familia ha sido vinculada con 73 títulos de uso agrícola que permitirían controlar entre 16 y hasta 47 millones de metros cúbicos anuales, acaparamiento atribuido a Alex LeBaron cuando fungiera como Delegado de Conagua en Chihuahua y facilitara la entrega de esos títulos a su propia parentela. No es solo corrupción administrativa, sino la instrumentalización de la ley para fortalecer una estructura patriarcal. En una zona de estrés hídrico, estas cifras alimentan el resentimiento de ejidos y organizaciones como El Barzón, que acusan concentración de derechos en pocas manos.
El choque escaló a nivel federal en 2025, cuando la presidenta Claudia Sheinbaum calificó de “ilegal” el acaparamiento de agua y anunció revisión pozo por pozo, además de impulsar cambios legales para priorizar el derecho humano al agua. Para la candidatura de Julián LeBaron el tema hídrico es el punto donde chocan legalidad, ecología y legitimidad social.
AUTONOMÍA INDÍGENA
El conflicto por agua se cruzó con otro frente: la búsqueda de autonomía. Desde 2020, los LeBaron impulsaron el reconocimiento como “comunidad equiparable a pueblos indígenas”, lo que abriría la puerta a autogobierno y presupuestos directos. Fue un intento de blindaje ante la regulación —en especial sobre recursos como el agua— y advirtieron el riesgo de un “estado dentro del estado”. En 2023, el Tribunal Estatal Electoral de Chihuahua negó la petición por no ser comunidad preexistente al Estado mexicano, porque la poligamia no califica como uso y costumbre, sino como preminencia religiosa, y por inexistencia de vulnerabilidad al ser una comunidad privilegiada.
Si en 2027 Julián LeBaron formaliza su ruta —con partido o sin él— para muchos votantes, la combinación de binacionalidad, religión minoritaria con prevalencia de poligamia, pasado familiar marcado por violencia sectaria y los señalamientos por acaparamiento de agua en pleno desierto, hace que su aspiración sea profundamente controvertida, pero su campaña intentará ser un referéndum sobre el hartazgo ante la inseguridad y la impunidad para poner en el poder a un activista cuya legitimidad se cuestiona, mientras los políticos “profesionales” se pelean por líos poco edificantes.
Un Libro, Una Serie, Un Podcast
Libro: “La hija del polígamo” (Tyndale). Memorias de Anna LeBaron, una de los más de cincuenta hijos del líder de la secta, Ervil LeBaron, en las que cuenta como sufrió abandono, condiciones de vida terribles, trabajo infantil y acoso sexual.
Serie: “Hijas de un culto” (Hulu, Apple). Docuserie en cinco capítulos sobre la secta de Ervil LeBaron, basado en las memorias de su hija Anna.
Podcast: “El caso de la familia LeBaron. La ocupación mormona en México” (Criminalería). Capítulo en el que los autores incursionan en la comunidad LeBaron
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