Escribo estas líneas unos días antes del encuentro que tendrá la Presidenta con el pueblo de México con motivo del segundo aniversario de su aplastante victoria electoral del 2 de junio de 2024.
La primera transformación de nuestro país fue la Independencia; la segunda, el triunfo de la Restauración de la República; la tercera, la Revolución Mexicana; y la cuarta inició con la victoria electoral de la izquierda social y popular encabezada por Andrés Manuel López Obrador y, después, la ratificación a nuestro movimiento, con el ingrediente adicional y el profundo simbolismo del arribo de la primera mujer Presidenta de México.
El triunfo de la izquierda en 2018 fue una conquista del pueblo tras décadas de luchas sociales contra la exclusión, la desigualdad y la pobreza impuesta por los gobiernos neoliberales. En 2024, el Movimiento de Regeneración Nacional ratificó su triunfo, no sólo en la Presidencia y la mayoría de las gubernaturas los municipios del país, también alcanzó la mayoría calificada para reformar la Constitución Federal. El proyecto de la 4T consolida en las urnas un cambio histórico profundamente valorado por el pueblo de México.
A ocho años del inicio de estos cambios profundos, es necesario analizar el significado de este parteaguas histórico. El mayor de los logros de Morena ha sido la reducción de la desigualdad y sacar de la pobreza a 13.4 millones de personas, a través de medidas como el aumento de casi 300% en el salario mínimo y la adopción de programas sociales para el bienestar.
Otro logro ha sido la imposición de la austeridad en el gobierno, el combate a la corrupción y a los privilegios de quienes ostentan cargos públicos. En otros tiempos, el despilfarro de los gobernantes y su corrupción, eran temas que difícilmente ocupaban algún espacio en los medios de comunicación.
En ese sentido, los salarios de los altos funcionarios han sido reducidos y las prebendas, los gastos suntuosos, así como el dispendio en las instituciones han sido atajados de manera radical.
Otro gran cambio es la rendición de cuentas a través del diálogo entre los funcionarios públicos con los medios de comunicación y la gente, siendo el mejor ejemplo la conferencia matutina de la presidenta, así como las cotidianas asambleas de los servidores públicos ante la gente. Día con día, los tomadores de decisiones explican sus acciones y responden ante los cuestionamientos de los medios de comunicación, algo impensable antes de López Obrador.
En materia de inclusión, destaca la incorporación de amplios sectores históricamente excluidos –como las mujeres– en las responsabilidades públicas. Todos estos sectores han aumentado su presencia en los cargos públicos y se han adoptado numerosas medidas legislativas, administrativas y judiciales a favor de la protección de sus derechos.
Asimismo, los gobiernos morenistas han promovido incontables prácticas de democracia directa y participativa, entre las que destacan las consultas populares, la consulta de revocación de mandato, las consultas a pueblos indígenas, las audiencias ciudadanas, etcétera. Asimismo, se impulsó la democratización del Poder Judicial.
Finalmente, el punto más relevante para los gobiernos de la 4T ha sido la defensa de la soberanía a través de la recuperación de la autonomía en materia energética, la recomposición del tejido social con el combate al crimen organizado y la defensa de la dignidad e integridad de nuestra patria frente a los riesgos del exterior.
Más allá de las cifras y las encuestas, es un hecho que la Cuarta Transformación ha gestado profundos cambios culturales relacionados con la forma de entender la política y ejercer el poder público en nuestro país. Por primera vez no son las élites, sino el pueblo es quien decide.
En los días que corren, desde el exterior se han proferido amenazas en contra de nuestra nación. La Presidenta de México, con profundo sentido patriótico, encabeza la defensa de la soberanía nacional. La confusión y distracción moral de la oposición raya en la traición a la patria y evidencia su pequeñez ética supeditada a los cálculos electorales. Sin embargo, la inmensa mayoría de las mexicanas y los mexicanos respaldamos a nuestra Presidenta porque ha sabido afrontar con templanza, inteligencia y cabeza fría los embates del vecino del norte. Ese es uno de los retos fundamentales en los días venideros que nuestra Jefa de Estado superará con dignidad.
Cerraremos filas en defensa de la nación y en defensa del proyecto transformador que ha trazado y consolida un mejor futuro para las mayorías nacionales.
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